Stress traumático asociado al asesinato
En un libro de investigación psicológica sobre el estrés postraumático de los asesinos, destacan los numerosísimos casos de estrés por parte de las personas implicadas en un aborto.
Rachel MacNair, directora del Institute for Integrated Social Análisis, acaba de publicar un interesante libro con implicaciones políticas nada despreciables (Perpretation-Induced Traumatic Stress: The Psychological Consequences of Killing, Universe Press, 2005). Tras su tecnicista título se presenta el análisis de las consecuencias psicológicas del acto de matar a otra persona, lo que la autora define como stress traumático inducido por la perpetración de una muerte. La tesis del libro, confirmada por múltiples casos clínicos allí expuestos, es que los seres humanos no estamos hechos para matarnos unos a otros, el matar a un semejante activa una serie de fenómenos psicológicos que vendrían a ratificar que la psique humana, en contra de lo que sostienen algunas ideologías, no está bien preparada para matar. De hecho, MacNair recuerda que los primeros terroristas políticos, los “hashisin”, de quienes deriva el término “asesino”, eran llamados así precisamente porque utilizaban hachís para cometer sus actos de violencia premeditada tan contrarios a la naturaleza humana.El libro recorre distintas situaciones y los síntomas que se encuentran en los sujetos que han matado a otros hombres, a veces incluso mucho tiempo después de haber provocado esa muerte. Combatientes veteranos, policías, verdugos (hay que subrayar que el stress traumático estudiado se produce también entre quienes han matado con, por así decirlo, justicia y sus actos son socialmente sancionados) van desfilando por este interesante estudio.
Pero los capítulos que han atraído mayor atención son los referidos a quienes practican abortos, tanto quienes los ejecutan como las madres que abortan. Los casos son numerosísimos y un elevado porcentaje del personal que trabaja en la industria abortiva padece pesadillas relacionadas con su trabajo, lo que permite sugerir que, al menos inconscientemente, contemplan el aborto como un “acto destructivo”. Cuando se habla del asunto del aborto como uno de los más enconados campos de batalla en el debate público norteamericano quizás se esté empleando un término más real que metafórico a la luz de los datos que aporta MacNair. Y es que el ingente número de abortos provocados en Estados Unidos cada año y sus consecuencias sociales, también entre quienes los practican, cada vez más evidentes, son uno de los motivos que explican porqué el aborto es cada vez más cuestionado en América.
Publicado por Jorge Soley Climent el 23-02-2006 en American Review

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