De la Marcha por la Vida a Dakota del Sur
La legalidad del aborto en EEUU no tiene un claro futuro y podrá ser un condicionante para la elección del próximo presidente.
Uno de los aspectos que marcan con mayor intensidad la vida norteamericana y que más difíciles nos resultan de comprender es la cuestión pro-vida. Cuando en 1973 se abre la puerta al aborto en Estados Unidos a través de la histórica sentencia Roe vs. Wade podría haberse pensado que nos encontrábamos ante un hecho consumado y que la cuestión desaparecería del debate público. No ha sido así. A lo largo de más de tres décadas el movimiento pro-vida no ha cesado de presentar batalla y de movilizarse, ganando cada vez más peso e influencia y convirtiéndose en uno de los condicionantes más importantes en cuestiones de tanta envergadura como la elección presidencial o las nominaciones al Tribunal Supremo. De hecho, si hay algún país en el mundo en el que sea factible introducir mayores restricciones al aborto es Estados Unidos, donde incluso se contempla en un horizonte no tan lejano la prohibición del mismo.No resulta ajeno a esta cada vez mayor influencia del movimiento pro-vida la iniciativa de la Marcha por la Vida en Washington D.C. (http://thingswillchange.org), un acontecimiento anual que moviliza a multitudes y que, como puede apreciarse en las fotografías, está protagonizado por gran cantidad de jóvenes. Sólo a partir de esta realidad, y lejos de los apriorismos a que nos tienen acostumbrados muchos medios europeos, se puede entender la noticia de la aprobación, por 47 votos contra 22, en el parlamento de Dakota del Sur de una ley que prohíbe el aborto en ese estado excepto en casos de necesidad para salvar la vida de la madre. Por su parte, en Indiana se ha aprobado otra ley que obliga a que las mujeres que quieren abortar sean informadas de que la vida humana empieza en el momento de la concepción.
Parece indudable que el debate en torno a la protección de la vida del no nacido continuará estando presente en Estados Unidos, lo que no está tan claro es a quién beneficiará en términos políticos. Si los pro-vida hasta el momento han constituido una de las claves del apoyo que ha permitido a George W. Bush ser el presidente norteamericano con mayor apoyo popular de la historia, los republicanos no tienen asegurado este apoyo de cara a las futuras elecciones. Algunos de los políticos republicanos mejor posicionados de cara a las nominaciones de 2008 no son vistos con buenos ojos por el movimiento pro-vida. John McCain, Rudy Guiliani o Condolezza Rice no se han destacado nunca por tomar partido en defensa de la vida, si bien la deriva radical del partido demócrata puede dejar sin alternativas a los pro-vida.
Publicado por Jorge Soley Climent el 24-02-2006 en American Review

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