No todo lo “con” es “neo-con”. Irak abre heridas.
No todo el movimiento conservador americano está a favor de la guerra. Pese a los análisis que llegan a España, el conservadurismo tradicional nunca lo ha visto claro.
Desde el simplismo del análisis habitual europeo, la política de Estados Unidos está tomada por los “halcones de la guerra”, conservadores ultraderechistas que actúan por nacionalismo ultrarradical, intereses empresariales (el petróleo, la reconstrucción de Irak…) y fundamentalismo religioso.Una vez más, la aproximación a la realidad sorprendería a este esquema simple con el que el pensamiento progresista se siente tan cómodo.
La guerra de Irak es un buen ejemplo para descubrir algunas paradojas. Muchos de los conservadores más tradicionales (supuestamente más “de derechas” en las simplificaciones habituales) están en contra de la guerra o al menos no lo ven todo tan claro. Estas mismas diferencias se observan cuando nos movemos en el eje más-menos católico. En sectores tradicionales de la Iglesia las dudas también estuvieron presentes desde el principio.
Pat Buchanan (político republicano, antiguo aspirante a la Casa Blanca), ya publicó un libro en 1999 con el título Republic, not a empire, reclamando los fundamentos de la nación como república, (doméstica, popular) y en contra de la política exterior como policía global al servicio de un ideal abstracto y ajeno al ciudadano norteamericano. Es cierto que el 11-S hizo difícil sostener esos principios, y el shock brutal favoreció un ambiente difícil de contrarrestar; pero el tiempo va pasando y el debate vuelve a florecer.
Así, Pat Buchanan volvió a la carga en 2004: Where the right went wrong : how neoconservatives subverted the Reagan revolution and hijacked the Bush presidency. El título habla por sí mismo.
Desde ambientes católicos, se ha publicado un libro que se opone a la guerra desde argumentos católicos y conservadores: Neo-Conned! : Just War Principles: A Condemnation of War in Iraq. Es de varios autores, y ya ha tenido una secuela: Neo-Conned! Again : Hypocrisy, Lawlessness, and the Rape of Iraq.
Los argumentos conservadores contra la guerra quedan bien resumidos en un artículo de un congresista republicano, John J. Duncan, de marzo de 2003, (publicado en un site anti-guerra, buen ejemplo de lo que es imposible en España: en una causa común, en este caso la guerra, no hacen ascos a aportar recursos de sitios libertarians, pacifistas, izquierdistas o conservadores).
En el fondo hay una diferencia de formación política de fondo. Los neo-con son en muchos casos antiguos progresistas que, hastiados del esquema ideológico izquierdista, se han “pasado a la derecha” (alguien dijo que un neo-con es un izquierdista asaltado por la realidad). Ello es muy valorable y demuestra un apego a la búsqueda de la verdad que tiene mucho mérito. Pero, en muchas ocasiones, mantienen ciertos esquemas ilustrados, muy reduccionistas por lo que a cualquier buen conservador repele: la abstracción. La definición en el aire de sistemas sociales o políticos que por sí mismos son buenos y aplicables en todo momento y en todo lugar.
Y eso les pasa a algunos neo-con con la democracia. Pensar que es un traje “prêt à porter”, trasladable de la civilización occidental al mundo islámico, de un día para otro, con unos cuantos tanques y unas urnas, es desconocer el fundamento de la civilización occidental y las categorías mentales y el tipo de individuo que la cultura cristiana ha ido configurando durante siglos. Y de la que el mundo musulmán carece por completo. No es que la intención sea mala… pero la realidad es testarudamente antiutópica.
Publicado por Antonio Arcones el 28-02-2006 en American Review

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