¿Soldados de un Imperio?
¿El imperialismo de EE.UU. llevará a la independencia de los pueblos liberados, volviéndose contra éste, o a la contínua carga económica para los contribuyentes americanos que supone el mantenimiento del supuesto Imperio?
Mucho se ha debatido y se debatirá acerca del pretendido carácter imperial de los Estados Unidos de América en la actualidad. Si, por una parte, es cierto que los Estados Unidos no poseen algunos de los rasgos característicos de los imperios de antaño, no es menos cierto que son la potencia mundial más poderosa en estos inicios de siglo. Pero independientemente de lo que pensemos al respecto, quien sí parece tenerlo claro es Robert Kaplan, conocido en nuestro país principalmente por sus relatos de viajes y que no oculta su filiación “neocon”, a tenor de su último libro, Imperial Grunts: The American Military on the Ground, Random House, 2005.Esta vez el viaje emprendido por Kaplan es a través del mundo, recalando allí donde hay desplegadas o instaladas fuerzas militares norteamericanas. Los testimonios de los soldados van de la ingenuidad (”Es maravilloso; vamos a sitios a los que los turistas nunca podrán ir. Somos como turistas con pistolas”) al sentido de responsabilidad y de servicio hacia los propios conciudadanos.
Pero los testimonios recogidos van dirigidos a reforzar la tesis de que Estados Unidos constituyen un imperio, guste o no guste, y que debemos acostumbrarnos a este hecho. Así, las afirmaciones en este sentido son abundantes (”Quien dude de que América es un poder imperial debería ir a Filipinas”, “Aunque nuestros líderes nieguen cualquier intención imperial, Colombia ilustra la realidad imperial de la situación global norteamericana”, “En Afganistán nos hemos encontrado en una situación que sólo admite comparación con los imperios del pasado”). Aunque marca distancias con respecto a otros imperios que en el mundo han sido, Kaplan señala diferencias de estilo, no de sustancia. Y señala también que al ser, en su opinión, un imperio benéfico y que aspira a emancipar a los pueblos por él dominados, su éxito significará probablemente su propio final.
Kaplan aprovecha también para dar argumentos a favor del empleo de fuerzas armadas nativas, tal y como los británicos utilizaron a las fuerzas cipayas (”El imperialismo tiene menos que ver con la conquista que con la formación de ejércitos locales”). De hecho, Kaplan ha escrito un interesante artículo en The Washington Post en el que reconoce que previamente a cualquier derecho político debe asegurarse el derecho a la vida y que una “democratización” que lleve a un país al caos está destinada al fracaso. Pero todos estos matices no han convencido a todos, al contrario, no se ha hecho esperar la reacción de algunos conservadores y también de libertarians como Cristopher Preble, del Cato Institute, que señalan que la realidad es menos bonita de lo que la pinta Kaplan, pues esas fuerzas locales, legitimadas y mantenidas por los Estados Unidos, no quieren emanciparse nunca y así se eterniza un gasto descomunal que al final deben pagar los contribuyentes norteamericanos. Y sigue señalando que la percepción de que cualquier riesgo dondequiera es un riesgo para los Estados Unidos llevará al país a la extenuación. Antes o después algún líder perspicaz lo comprenderá y abogará por una política exterior más restrictiva y prudente, continúa Preble. Y no es improbable que, para sorpresa de muchos en España, sea republicano.
Publicado por Jorge Soley Climent el 28-03-2006 en American Review

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