¿Pensar se ha quedado obsoleto?
Sobre el precio del petróleo
En medio de toda la histeria entre políticos y medios por los crecientes precios de la gasolina y toda la rabiosa indignación a propósito de los beneficios de las petroleras, los elevados salarios y generosas gratificaciones de sus ejecutivos, ¿alguien se ha molestado siquiera en estimar hasta qué punto tiene efecto algo de esto sobre el precio que pagamos en el surtidor?Si el beneficio por galón de gasolina se redujese a cero, ¿sería eso bastante para reducir siquiera diez centavos al precio? Si los ejecutivos de las petroleras fuesen a trabajar gratuitamente, ¿bastaría eso para reducir el precio de la gasolina siquiera un centavo por galón?
Seguro que los bocones mediáticos que ganan millones de dólares al año y las multibillonarias cadenas de televisión para las que trabajan pueden conseguir algunas estadísticas y comprar una calculadora de bolsillo para hacer los números antes de decir bobadas a nivel nacional.
Pero ésta es la era de la emoción, no del análisis.
Los políticos son aún más hipócritas. El gobierno obtiene muchos más en impuestos por cada galón de gasolina de lo que las petroleras recogen en beneficios. Si los beneficios de las petroleras son “obscenos”, como afirman algunos políticos, ¿serán los impuestos del gobierno para mayores de 13 años como en las películas?
Los mismos políticos que han gravado la gasolina con impuesto tras impuesto a lo largo de los años, y que votaron para prohibir que se perfore petróleo en el litoral o en Alaska, y que han hecho imposible construir una sola refinería de petróleo durante décadas, aparecen en todas las pantallas de televisión denunciando a las petroleras. En otras palabras, aquellos que suministran petróleo están siendo denunciados y demonizados por aquellos que han estado bloqueando el suministro de crudo.
Dadas las enormes cantidades de gasolina vendidas de costa a costa en esta nación y teniendo en cuenta los mega-billones de dólares implicados, el que algún ejecutivo corporativo haya hinchado o no los precios es improbable que vaya a explicar el precio de la gasolina.
Puede que permita a algunas personas en los medios ventilar sus emociones y que algunos políticos creen a un cuco, puesto que no pueden jugar a San Jorge sin un dragón. Pero la demagogia barata no puede explicar el porqué de la gasolina cara.
Cuando las dos naciones más densamente pobladas sobre la tierra -China y la India- tienen economías en rápido crecimiento e importaciones de crudo en rápido aumento, ¿cómo no podría afectar eso al precio mundial del petróleo? Después de todo, el precio del petróleo está determinado en los mercados internacionales, contrariamente a las teorías conspiratorias que continúan apareciendo cada vez que los precios de la gasolina suben.
Esas teorías conspiratorias han sido investigadas una y otra vez, sin descubrir nada. Pero sigue siendo un buen truco político pedir más investigaciones cuando sube el precio de la gasolina. Por encima de todo, distrae la atención lejos de los que han estado bloqueando todo intento de permitirnos utilizar nuestro propio petróleo.
Nada es más fácil o emocionalmente más satisfactorio que culpar de los precios elevados a aquellos que los cobran, en lugar de a quienes los provocan. Sucede lo mismo cuando las tiendas de barrios con elevada criminalidad cobran precios más altos que los de las tiendas de barrios más seguros.
Tanto el crimen como las precauciones contra el crimen se añaden al coste de hacer negocios y esto se añade a los precios. Pero aquellos que condenan los elevados precios rara vez, por no decir nunca, culpan de esos precios al crimen, al vandalismo o a la violencia cometida por habitantes locales.
Allí donde las tiendas son propiedad de un grupo étnico distinto, como asiáticos en guetos negros, es virtualmente seguro que los propietarios serán denunciados por “especulación”, “discriminación” y cualquier otra retórica política que atice las emociones.
Y gente sin experiencia en negocios, sin conocimiento de la historia y profundamente ignorante de la economía, no duda en achacar los elevados precios a los avariciosos productores. Muchas de estas personas aparecen en televisión nacional y algunas están en el Congreso.
Muchas, si no la mayoría de las grandes fortunas americanas -Rockefeller, Carnegie, Ford- han sido ganadas buscando formas de vender a precios inferiores, no superiores.
A comienzos del siglo XX, la cadena de comestibles A&P se hizo famosa tanto por sus precios bajos y por su alta calidad. Sus cifras de beneficios nunca cayeron por debajo del 20% a lo largo de la década de los años 20. Es una cifra de beneficios superior a las que ganan las petroleras.
La relación entre precio y beneficios no es tan simple como lo afirma la exagerada promoción en los medios o la demagogia política.
Publicado por Thomas Sowell / Miryam Lindberg el 29-05-2006 en American Review

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