"The great enemy of the truth is very often not the lie —deliberate, contrived and dishonest— but the myth —persistent, persuasive and unrealistic—"
John F. Kennedy

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Ron Paul, el republicano que quiere abandonar Iraq

Publicado por Jorge Soley Climent el 13 de Junio de 2006 en American Review.
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Tiene pocas posibilidades de conseguir la nominación, pero está animando la campaña republicana con su postura contraria a la guerra de Iraq. Se trata de Ron Paul y es un veterano y apreciado político republicano que encarna algunas de las virtudes y defectos de los libertarians (fue candidato libertarian a presidente en 1988).

Las fotos que adornan su despacho lo dicen todo: dos retratos los economistas de la escuela austriaca Hayek y Von Mises. Y cuando habla lo confirma; preguntado en Fox News porqué se presentaba, respondió: “Quiero ser presidente porque tengo este sueño. Quiero reinstaurar la Constitución y restaurar la República”. Su discurso pivota por un lado en torno a la responsabilidad individual y el gobierno limitado, lo que le granjea las simpatías de muchos conservadores, y por otro en la propuesta de retirada inmediata de Iraq. Su filosofía, más libertarian que conservadora, es sencilla: “no intervención del gobierno, ni en la vida privada, ni en la vida económica, ni en los asuntos de otros países”. Esta oposición a la guerra de Iraq y su modo de exponerla en el reciente debate de los candidatos republicanos es precisamente la que más notoriedad le han dado. Fue cuando dijo bien a las claras que los ataques del 11-S estaban relacionados con la actuación norteamericana en el extranjero. Rudy Giulani estuvo ágil y demoledor, pidiéndole que retirara ese comentario entre los gritos de la audiencia y haciéndole ganar algún punto más de apoyo (algunos han escrito incluso que si Giulani gana la nominación, éste será uno de los momentos clave). En este momento Paul dejaba en evidencia que su enfoque pecaba de simplista y que, muy probablemente, no había comprendido el alcance y la complejidad del panorama internacional. Al intentar explicar mejor su posición las cosas tampoco mejoran, pues si bien advierte que no cree que los demócratas vayan a salir de Iraq (aviso para nuestros progres patrios), después se muestra de un naif total cuando afirma que su solución es la retirada: “Les diré a nuestros barcos y aviones que den la vuelta y se marchen. Le diré a la región que estoy dispuesto a hablar. Creo que así subiría inmediatamente nuestra valoración en el mundo”.Pero más allá de esta cuestión, Ron Paul ha demostrado a lo largo de toda su carrera una independencia y una coherencia encomiable. Cuando Newt Gingrich hubo de convencer a los congresistas de que diesen su apoyo a un aumento del presupuesto, sencillamente ni lo intentó con Ron Paul, creando lo que se conoció como la “exención Ron Paul”. Y es que Paul se lo había ganado a pulso con una trayectoria larga y sin una sola flaqueza de oposición a todo gasto federal considerado innecesario. El resto de sus propuestas a lo largo de muchos años en el Congreso (con un breve paréntesis en el que, tras perder el escaño, volvió a la práctica de la medicina) no tiene desperdicio: propuesta para acabar con la pertenencia de Estados Unidos a la ONU, propuesta para respetar la vida humana desde la concepción, propuesta para asegurar que los tribunales interpretarán la Constitución tal y como los Framers desearon.

Su coherencia además pasa al plano personal. Ya hemos señalado cómo volvió al ejercicio de su profesión tras una derrota electoral, pues además ha rechazado ser beneficiario del Estado. En efecto, como ginecólogo ha traído al mundo a más de 4.000 niños, rechazando siempre el dinero de Medicare o Medicaid, trabajando a menudo gratis para aquellos que lo necesitaren. Con su trabajo consiguió que sus cinco hijos acabaran el colegio sin subsidios federales y, agárrense que vienen curvas, ha rechazado una pensión del Congreso. Ron Paul puede resultar ingenuo a veces, demasiado explícito otras, incluso errado en ocasiones, pero es un personaje respetable y respetado por lo que tiene de ejemplar su vida y su postura consecuente. Precisamente Libertad Digital publica un artículo de Bruce Bartlett avisando de que no hay que descartarle antes de tiempo y de que, en cualquier caso, va a hacer mucho ruido en la campaña para la nominación, dando voz a los descontentos con la Administración Bush en materia, no sólo de seguridad, sino también de gasto y papel del estado. Y no iría mal recordar la opinión de Grover Norquist respecto de Ron Paul, muy significativa de cómo es visto el congresista tejano: “un Ron Paul es magnífico y 218 Ron Pauls sería aún mejor, pero 20 Ron Pauls pueden quebrar el partido republicano”. Por de pronto tienen uno, y se vislumbra difícil que vayan a ser muchos más.

Publicado por Jorge Soley Climent el 13-06-2007 en www.a-r.es

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