Más mentiras desde Francia
La aparición de un nuevo libro de texto franco-alemán es la excusa para arremeter contra los Estados Unidos desde los más manidos tópicos izquierdistas
American Review nació para dar a conocer al lector español la actualidad de los Estados Unidos de América sin esos prejuicios izquierdistas antiamericanos que gracias a la repetición y a la total ausencia de un mínimo de espíritu crítico han ido calando entre nuestros conciudadanos. No pretendíamos decir que todo lo que ocurre en Estados Unidos sea positivo (una rápida ojeada al New York Times, a Hillary Clinton, a Ted Kennedy o a los presidentes de las universidades de la Yvy League nos confirman que Norteamérica también es capaz de generar emisiones tóxicas para el medio ambiente cultural y social), pero pretendíamos mostrar que también ocurren allí fenómenos esperanzadores por positivos. Y, osadía aún mayor, que estos surgían predominantemente de las filas conservadoras. Y, osadía ya casi obscena, que nosotros, españoles, europeos, podíamos aprender de estas iniciativas.Pues bien, hoy nos toca volver, aunque sólo sea por unos minutos, la vista al otrora eje de la construcción europea, el famoso París-Berlín, en la actualidad seriamente dañado principalmente por la falta de disciplina de la población francesa que no acaba de plegarse a los dictados que la benéfica burocracia europea le sugiere. Resulta que el presidente Jacques Chirac, el hombre que ha sumido a su país en un caos, ha decidido atajar de raíz el problema de la insuficiente identificación europeísta de sus conciudadanos, empezando por la educación de los niños que, a partir de ahora, estudiarán una historia común franco-alemana del periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial que supere así viejas rencillas. Para ello convenció al entonces canciller alemán Gerhard Schröeder, hoy jubilado a sueldo de un gigante ruso energético que se benefició de sus decisiones, y en 2003 se puso en marcha la comisión de historiadores y educadores que debían preparar el susodicho libro de texto.
Hasta aquí estaríamos en la típica historia de comisiones que se eternizan enfrascadas en proyectos de dudosa utilidad, pero falta un ingrediente: el antiamericanismo grosero teñido de tonos utopistas izquierdistas. Un tal Guillaume Le Quintec, que preside el equipo francés, ha confesado que no se trata de una historia neutra, sino de una historia que asume “sin vergüenza una ideología pro-europeísta”. ¿Y en qué consiste esta ideología? Pues para los historiadores franceses está claro: en mostrar, por ejemplo, que la Guerra Fría fue una lucha entre dos bloques igualmente perversos y deseosos de la hegemonía mundial, algo de lo que Europa estaría afortunadamente libre. Tanto los Estados Unidos como la Unión Soviética, según el texto consensuado, “intentaron imponerse mediante una omnipresente propaganda que contenía grandes exageraciones y simplificaciones”. Por un lado exageraban Reagan y Solzhenitsyn, por el otro Kruschev y Neruda. Ni Hollywood era tan horrible ni el Gulag era para tanto.
En lo que se refiere al papel de la Unión Europea, resulta muy difícil no sonrojarse (que cada cuál elija si de vergüenza o de indignación) ante los banales tópicos empleados en la caracterización de su actuación política: “gracias a su disposición para cooperar con el Tercer Mundo, su adhesión al multiculturalismo y su diálogo con otras regiones, la Unión Europea aparece como un modelo en el escenario internacional”. Verdaderamente Europa ha perdido el Norte; no nos atrevemos a conjeturar si será capaz de recobrar el buen sentido, pero lo que sí sabemos con absoluta certeza es que nada bueno podrá venir de pseudohistoriadores ideólogos a sueldo de Monsieur Chirac. Pobre Europa.
Publicado por Jorge Soley Climent el 04-09-2006 en

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