"The ten most dangerous words in english language are: I´m from the government and I´m here to help you"
Ronald Reagan

Suscríbase al boletín:

Libro de la semana: The New Anti-Catholicism

Publicado por Miguel E.M. Barranquer el 5 de Septiembre de 2006 en Cultura y Libros.
Enviar el artículo por email
Imprimir este articulo

El anticatolicismo existe y desde la década de los 70 es uno de los componentes ideológicos básicos del progresismo en EEUU.

“The New Anti-Catholicism. The Last Acceptable Prejudice”Philip Jenkins. Oxford University Press, Inc., New York, 2003

Atacar al catolicismo está bien visto en Occidente. Mientras otras religiones, instituciones y minorías gozan de respeto, la hostilidad a la Iglesia se considera “políticamente correcta”. El Catolicismo es considerado un objetivo legítimo. ¿Por qué?

Jenkins, episcopaliano y ex-católico estadounidense, llama a esto simplemente anticatolicismo, e intenta explicar en su libro por qué, a pesar de ser la confesión más numerosa en EEUU desde 1850, el catolicismo ha sido mal visto por importantes sectores de la población desde el establecimiento de las primeras colonias.

El anticatolicismo clásico estadounidense está basado en las “viejas tradiciones anticatólicas” heredadas de Inglaterra que reflejaban los tópicos corrientes entre los protestantes europeos (autoritarismo, fanatismo, ignorancia…), y al que se añadieron elementos “nativistas” y racistas que suponían en el catolicismo una amenaza a la independencia e identidad nacional. Aunque poco visibles actualmente, estos prejuicios no han desaparecido del todo y asoman de tanto en tanto en determinados círculos protestantes.

Pero como apunta Jenkins, “el poder del anticatolicismo es su infinita capacidad de adaptación”, y desde los años 70 el “nuevo anticatolicismo” es fundamentalmente de izquierdas.

En esa década tuvieron lugar importantísimos cambios en la izquierda estadounidense. El énfasis en la clase social fue reemplazado por la raza, el “género”, la “identidad sexual” y la “liberación personal”. Comenzaron las guerras culturales. En este nuevo escenario la Iglesia se encontró en la derecha política, “no porque repentinamente adoptara posturas reaccionarias, sino porque rechazó cambiar sus principios para adaptarse a las nuevas normas sociales”. Consecuencias: la izquierda comenzó a atacar a los católicos y la clase católica trabajadora comenzó a alejarse de la izquierda.

Conscientes de que desde finales de los 70, “el enemigo más eficaz del progresismo social es la religión organizada”, las élites progres reciclaron los viejos prejuicios protestantes adaptándolos a su nueva agenda política. El catolicismo es anticuado, represivo, hipócrita, antimoderno, jerárquico, enemigo de la democracia. Los obispos odian a las mujeres y los homosexuales, los curas abusan de los niños y la Iglesia apoyó el Holocausto.

En su labor de difusión del veneno anticatólico el progresismo cuenta con dos poderosos apoyos: en primer lugar las inesperadas divisiones internas en la Iglesia, los “católicos críticos”, surgidos tras el Concilio Vaticano II. Y sobre todo, los medios de comunicación, “hostiles a las posiciones católicas durante los últimos 25 años”, y a cuyo sesgo anticatólico Jenkins dedica esclarecedores capítulos.

Para reforzar sus propuestas e intereses, los activistas de izquierda han dedicado grandes esfuerzos a construir la imagen del “catolicismo como problema”, como enemigo del progreso y bienestar. Han utilizado magistralmente la creación de estereotipos y su repetición frecuente en los medios para darles credibilidad (¿alguien recuerda una serie de TV, película o libro en que aparezca un cura bueno que no sea progre?).

A pesar de algunas inexactitudes y afirmaciones discutibles, la obra de Jenkins contribuye a desenmascarar el movimiento anticatólico global, a denunciar el anticatolicismo como “un auténtico problema social que debe ser reconocido”, y a comprender muchas de las cosas que pasan en España, desde el esperpento gay de los Zerolo-boys hasta la inquina de ZP a la Iglesia. No es laicismo, es anticatolicismo.

Publicado por Miguel E.M. Barraquer el 05-09-2006 en

Envíe un comentario