"Ningún grupo puede actuar con eficacia si falta el concierto, ningún grupo puede actuar en concierto si falta la confianza, ningún grupo puede actuar con confianza sino se halla ligado por opiniones comunes, afectos comunes e interes comunes."
Edmund Burke

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Libro de la semana: España y la independencia de Estados Unidos

Publicado por Guillermo Elizalde Monroset el 12 de Septiembre de 2006 en American Review.
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Poco sabe el público español acerca de la guerra de independencia norteamericana, y nada sobre la participación de España en la contienda. En este análisis histórico, Thomas Chávez afirma que EEUU no hubiera logrado su independencia en 1776 sin la ayuda de España.

Thomas E. Chávez era el joven conservador del Palacio de los Gobernadores de Santa Fe (Nuevo México, EEUU) cuando descubrió en el sótano las banderas de los regimientos de Navarra, del Príncipe y de España, que lucharon junto a las colonias en la guerra de la Independencia estadounidense (1775-1783). Desde entonces, y para que todos los hispanos de EEUU se supieran legítimos partícipes en la fundación norteamericana, Chávez se propuso reivindicar la participación española en el acontecimiento. España y la independencia de Estados Unidos es el sorprendente resultado.La España del s.XVIII ha sufrido la Guerra de Sucesión (1702-1713), ha sido despojada de Menorca y Gibraltar por Gran Bretaña, y sienta en el trono a un Borbón. Mediante pactos de familia, la nueva dinastía subordina el destino español a la política francesa, que se enfrenta entonces con Inglaterra por la hegemonía mundial. La escena americana es teatro principal de la pugna, y la Guerra de los Siete Años (1756-1763) uno de sus actos sobresalientes. Allí pierde Francia el Canadá y cede la enorme Luisiana a España, como compensación por la entrega española de Florida a los británicos. De este modo, España y Gran Bretaña quedan como los dos grandes competidores por los territorios y el comercio americanos: España, deseando recuperar Florida, acabar con la piratería inglesa y suprimir los asentamientos británicos en las costas orientales de centroamérica, que apuntan hacia el Pacífico español. Gran Bretaña, codiciando la Luisiana, las Antillas y las rutas comerciales del golfo de México. Esta es la situación cuando estalla la Guerra de Independencia estadounidense.

Hasta 1779, la política de España es de “doble juego a favor de los norteamericanos”, evitando un apoyo directo que pudiera enervar a la América española, pero apoyando decisivamente a los rebeldes. Si la pólvora y los fusiles españoles salvaron la campaña de las colonias en Ohio, los suministros que llegaron desde La Habana y Nueva Orleans se extendieron tanto que “la divisa española se convirtió en la moneda de uso corriente” en colonias como Massachusetts, Conecticut y Virginia, hasta que el peso español fue adoptado como unidad monetaria estadounidense en noviembre de 1776. De ahí el símbolo del dólar, las dos columnas de Hércules y la cinta con el lema Plus Ultra que el hispanófilo Oliver Pollock utilizaba en sus libros para nombrar la divisa española.

La tesis de Chávez -”es probable que la nación norteamericana no hubiera logrado su independencia sin la ayuda de España”- alcanza confirmación tras la entrada formal de España en la guerra (21 de junio de 1779). En ese momento, Gran Bretaña pierde la superioridad marítima y decide renunciar a las colonias para preservar Gibraltar. Así pudo Francia acorralar a lord Cornwallis en Yorktown (1781), batalla decisiva que “financió España con una línea de crédito que se extendió desde México hasta Cuba”. El propio campeón de Yorktown, el almirante De Grasse, reconoció que ese dinero “cimentó el edificio sobre el que se erigió la independencia de Norteamérica”.

Queda expuesto arriba lo valioso del libro. Los pequeños errores de Chávez, como poner a Vergennes de asesor de Luis XIV, parecen más bien confusiones. Pero no es confusión dar como prueba de lealtad a Carlos III el fervor de Aranda y Floridablanca en perseguir a jesuitas o fundar logias masónicas. Estamos en el s.XVIII. Todavía se rinde Pensacola “a las Armas Católicas”, todavía se canta el Te Deum en San Luis tras la conquista de Bâton Rouge, todavía recauda fondos fray Junípero Serra contra los “pérfidos herejes” ingleses y reza “con fervor por el éxito de los colonos al mando de un tal George Washington, porque creemos que su causa es justa y que el Gran Redentor está de su parte”. Y es cierto que sólo las trece colonias consiguieron más que España a consecuencia de la guerra. Pero el s.XVIII es también el tiempo de intentar transformar el patriotismo religioso en territorial, monárquico y comercial, el tiempo de sustituir el bien común por el interés de Estado. El ensayo le costó a Francia la Revolución, y a nosotros -dijo Maeztu- la separación física de América. La separación espiritual, la conversión de Europa en un inmenso sarcófago, será el objetivo de la intelectocracia europea en el s.XXI. Y esta vez España está en el bando equivocado.

CHÁVEZ, Thomas E.: “España y la independencia de Estados Unidos”. Taurus, Madrid 2006. 424 págs. ISBN 84-306-0577-0

Publicado por Guillermo Elizalde Monroset el 12-09-2006 en

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