"The great enemy of the truth is very often not the lie —deliberate, contrived and dishonest— but the myth —persistent, persuasive and unrealistic—"
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Reducir el tamaño de las clases no mejora el rendimiento

Publicado por Jorge Soley Climent el 23 de Octubre de 2006 en American Review.
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¿Qué relación existe entre tamaño de las clases y rendimiento escolar? En California parece que poca

En realidad se trata de algo muy intuitivo: una clase con 200 alumnos es un escenario muy poco propicio para que se produzca ese intercambio entre maestro y alumno sin el que la educación no es posible. No obstante, entre una clase de 30 y otra de 20 alumnos la diferencia no es sustancial. Pero si pasamos al mundo real lo cierto es que la tendencia a la reducción del número de alumnos en las clases ha sido general: lejos quedan aquellas clases de más de cuarenta alumnos en EGB, BUP y COU; tras la reforma las clases de 25 alumnos son la regla y el Estado vela con mano férrea para que los colegios no se alejen demasiado de esta regla de oro.Algo similar ocurre en Estados Unidos, donde los llamamientos a la reducción de las clases son generalizados y la inversión para hacer posible esta transformación absorbe numerosos fondos públicos. Por ejemplo, California se ha gastado 16 billones de dólares a lo largo de los últimos 10 años para conseguir que las clases se redujeran hasta 20 alumnos. El objetivo de este programa es, según sus propios promotores, “mejorar los resultados académicos, especialmente en lectura y matemáticas”.

Objetivo encomiable; lástima que recientes estudios hechos por la propia Administración no hayan encontrado ninguna correlación entre el número de alumnos en el aula y los resultados académicos. Así pues no hay evidencia alguna y parece que volvemos a estar ante un magnífico objetivo que se quiere conseguir por medios inadecuados (como casi siempre optando por la compulsión y el mayor gasto público en vez de por la libertad).

Algunos ya han señalado que en realidad focalizarse en el tamaño de las clases es el modo de no entrar a fondo en los problemas reales de la educación. Reducir las clases es fácil si hay dinero (y siempre lo hay si es el Estado quien paga) y fácilmente medible. Y sobre todo evita entrar en el fondo de la cuestión, que como casi siempre en educación tiene que ver con los profesores. Profesores que pertenecen a poderosos sindicatos con capacidad de movilización y con los que los políticos están inclinados a evitar todo conflicto (aunque las víctimas sean los más desprotegidos, los alumnos). Como afirma Lance T. Izumi, del Pacific Reasearch Institue, “Con un buen profesor los alumnos aprenderán independientemente del tamaño de la clase. Con un profesor ignorante o incompetente los alumnos no aprenderán aunque sean sólo cinco en el aula”. Puro sentido común, realmente escaso en nuestros días.

Publicado por Jorge Soley Climent el 23-10-2006 en www.fundacionburke.or

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