Hispanos en USA: gazpacho o ensalada
En 2004 Bush logró el mayor porcentaje de voto hispano para los republicanos en toda su historia. Dos años más tarde los hispanos han dado la espalda a los conservadores. ¿Por qué? Posiblemente porque se han dedicado a discutir sobre cocina (gazpacho o ensalada) en vez de centrarse en lo importante.
En 2004 dos norteamericanos publicaron sendos libros analizando el fenómeno hispano en EEUU. Uno era Samuel Huntington, un respetado profesor wasp de Harvard que intuyó hace años que en el s.XXI la cultura iba a reemplazar a las ideologías generando un “choque de civilizaciones”. El otro era Jorge Ramos, de origen mexicano, uno de los reporteros hispanos más conocidos en Estados Unidos por su trabajo en la cadena televisiva Univisión. Ambos coincidían en el enorme impacto que la inmigracion hispana estaba teniendo en Estados Unidos pero la valoraban de manera muy diferente. Para Huntington era una gran amenaza; Ramos la percibía como una oportunidad. En los dos últimos años los republicanos parecen haberse decantado por Huntington. No les ha ido muy bien con el voto hispano.¿Se está hispanizando Estados Unidos? Indudablemente. Cada año cientos de miles de mexicanos y centroamericanos cruzan la frontera en busca de trabajo. La población hispana al norte del río Bravo supera ya al número de habitantes de España. En estados como Texas o California los blancos no hispanos ya no son mayoría. Los Ángeles es la segunda ciudad del mundo donde se habla más español, por detrás de Ciudad de México y por delante de Madrid o Barcelona. La presencia hispana se deja ya sentir incluso en lugares tradicionalmente no afectados por la inmigración, como los suburbios de las ciudades y los estados del sureste.
¿Por qué es diferente esta inmigración? Porque los hispanos parece que no se asimilan culturalmente como hicieron las oleadas previas de inmigrantes europeos. En vez de ser como “tropezones que enriquecen el sabor del gazpacho angloprotestante, pero acaban siendo absorbidos en lo que continúa siendo fundamentalmente un gazpacho”, se trata más bien de una “ensalada multicultural”, con sus hojas verdes angloprotestantes pero en la que el resto de ingredientes no se mezclan y se distinguen permanentemente. Ello ocurre porque varios factores facilitan el mantenimiento de su idioma y cultura: el elevado número y concentración de los hispanos, la cercanía y facilidad de comunicación con sus países de origen y la disponibilidad de medios de comunicación en español.
Ante un fenómeno único en su historia, los norteamericanos están desconcertados y se preguntan cómo les afectará. Huntington responde que se trata de una amenaza al mismo ser de Estados Unidos como nación. La “cultura anglo-protestante”, elemento clave de la identidad americana durante 300 años, basada en la lengua inglesa y el protestantismo, está siendo atacada por la cultura hispana. Si no se hace algo para evitar la tendencia hacia la hispanización, “América se transformará en una sociedad bilingüe y bicultural”. El problema no es pues el multiculturalismo sino el biculturalismo. A partir de esta premisa el autor, tan políticamente incorrecto como absoluto desconocedor de una cultura hispana en la que no descubre ningún elemento positivo, revela sus prejuicios antihispanos e incluso anticatólicos, llegando a animar a los inmigrantes mexicanos a “evolucionar sus valores, ayudados en la expansión del protestantismo evangélico”. El libro es ameno, ordenado, acertado en su patriotismo y su crítica al multiculturalismo y al deconstructivismo, pero poco a poco adopta un tono tan tristón y pesimista que resulta incluso antiamericano.
Por su parte Ramos explica que la influencia mexicana sobre EEUU comenzó incluso antes de su independencia y va más allá de la reciente ola migratoria, que muchos hispanos “no cruzaron la frontera, sino que la frontera les cruzó a ellos” y que si los Estados Unidos se están hispanizando, el mundo lleva décadas americanizándose.
Como Huntington, el periodista apuesta por la ensalada o “integración sin completa asimilación”. Pero recalca que la americanización de los hispanos está ya ocurriendo, especialmente en su adaptación al proceso democrático y la economía de mercado, y es un mito que los hispanos no quieren aprender inglés. Al mismo tiempo, aunque no existe una “agenda política común” con la que todos los hispanos puedan identificarse, éstos se esfuerzan en mantener algunos rasgos culturales, su lengua y sus valores morales y familiares, y el color de su piel dificultará su total asimilación. Y ello no es una amenaza para Estados Unidos, sino una gran oportunidad de la que debe aprovecharse. Está claro que Ramos, aunque facilón y más proclive a los demócratas, proporciona una visión de los hispanos más comprensiva y cercana.
¿Con qué nos quedamos entonces? Con que los conservadores estadounidenses están de enhorabuena. La cultura angloprotestante está dando síntomas de decadencia, minada por la baja natalidad, infectada por el relativismo moral y un individualismo exagerado que no ayuda a la familia. Los anglosajones conservadores no pueden ya seguir olvidando que los hispanos son también occidentales, que sus valores culturales y morales (respeto por los mayores, sentido de lo sagrado, compromiso constante con la familia) pueden revitalizar los propios que ahora languidecen, que los hispanos todavía creen en el “sueño americano”, y que su movilidad y capacidad de trabajo pueden producir grandes resultados como se ha visto en Florida.
¿Gazpacho o ensalada? ¡Qué más da! Los hispanos son la gran esperanza de los republicanos. Ojalá se den cuenta.
“Who are we? The challenges to Amerca´s National Identity”
Samuel P. Huntington, Simon& Schuster, New York, 2004. 428 págs.
“The Latino Wave. How Hispanics are transforming Politics in America”
Jorge Ramos, Rayo-Harper Collins, New York, 2005. 289 págs.
Publicado por Miguel E. Barraquer el 08-12-2006 en www.a-r.es

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