"Existe un amor a la patria que tiene su fuente principal en ese sentimiento irreflexivo, desinteresado e indefinible que ata el corazón del hombre al lugar de su nacimiento."
Alexis de Tocqueville

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La familia es casi todo

Publicado por Valentí Puig el 9 de Diciembre de 2006 en Cultura y Libros.
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La familia es la única garantía de libertad que existe entre el individuo y el Estado. Es demasiado fácil olvidar que, históricamente, todo programa totalitario pasaba de forma ineludible por la extinción de la unidad familiar.

Lo más categórico que nos ha pasado en España es la crisis de la institución familiar, aunque no sepamos exactamente lo que nos ha pasado. El experimentalismo con la familia hace que aparezcan fórmulas que por ser tan huecas como transgresoras no podrían ponerle puertas al campo de la desestructuración familiar. Ahí va a parar casi todo porque la familia lo es casi todo en términos de cohesión, estabilidad social y garantía de ciudadanos libres y responsables. En su V Congreso Nacional, las familias numerosas piden medidas más eficaces y que se cumplan las promesas de Rodríguez Zapatero. La fragilización de la familia tiene su repercusión en la violencia doméstica, el botellón, la agresividad en las aulas, la creciente incivilidad, el fracaso escolar, la hegemonía del «homo videns» y en cien cosas más. Incluso en el laborismo de Tony Blair y en sectores del socialismo francés se han dado cuenta.Por desgracia, en eso España ha acortado distancias con países como Gran Bretaña o Francia, hasta el punto de que aquella familia que logró resistir el impacto impresionante del paro ahora acusa los mismos embates que casi todo el resto de Europa, sin un vestigio especial de estabilidad. Por otro paralelismo fácil de constatar, en España también hemos optado por trasladar al Estado -al Estado de Bienestar, en su caso- las prioridades intrínsecas de la familia. Ha sido no pocas veces recurrir a soluciones hipotéticas que en sociedades como la norteamericana ya fueron desestimadas, ya no tan sólo por no remediar el caso, sino también porque en ocasiones lo empeoran. Más del noventa por ciento de los menores que pasan por los tribunales estadounidenses procede de familias deshechas.

No es mucho lo que a la larga puede hacer el Estado si los individuos no se consideran responsables de lo que hacen como consecuencia de la abolición del rol ejemplar del padre -y, en consecuencia, del profesor-, pongamos por caso. Coincidente con la hondura de la crisis familiar en España, la autocomplacencia general es asombrosa, salvo con la excepción de aquellos sectores de clase media que están haciendo lo imposible por mantener en alza los valores de la familia. Pero las cifras cuentan mucho y lo demuestra la bajísima tasa de natalidad española, correspondiente a una curva de fecundidad que si va cambiando de signo es por efecto de la inmigración.

«Más familia, más sociedad»: un acierto en el eslogan del Congreso Nacional de Familias Numerosas. La familia es la única garantía de libertad que existe entre el individuo y el Estado. Es demasiado fácil olvidar que, históricamente, todo programa totalitario pasaba de forma ineludible por la extinción de la unidad familiar. En el ciclo histórico actual, la atomización sustituye al vínculo familiar, alterando formas de lealtad, cohesión y continuidad. Ahora el riesgo es la tentación relativista, como casi con todo. De todos modos, la institución más valorada por los españoles es la familia. Al mismo tiempo, España es el país europeo con menos prestaciones a las familias.

Genéricamente, la etapa es regresiva, como valora el Instituto de Política Familiar. Lo que viene pidiendo es una política de la familia que se dirija a todas las familias, más allá del carácter asistencial. Otra cosa es la reincidencia en medidas obsoletas que raramente tienen el menor efecto sobre la erosión a la que se ve sometida la familia como valor, como bien público, como valor social. La efectividad de una política familiar se constataría en una mejora de la estabilidad matrimonial y en un reinversión de las tasas de natalidad. De lo contrario, todo es retórica y demagogia. Seguramente la sociedad española en su conjunto han tardado demasiado en darse cuenta de que la familia lo es casi todo. Había obstáculos de tanta dimensión como la indiferencia y los contravalores del laicismo. Una sociedad abierta pierde entereza sin un «corpus» de valores comunes, de fundamentos morales compartidos: al hilo de la ideología de los años sesenta, el desmembramiento de la familia se opone sustancialmente a ese «corpus». Hacer experimentos con la familia altera y debilita la naturaleza propia de las sociedades abiertas. Eso lo sabían bien los totalitarismos.

Publicado por Valentí Puig el 09-12-2006 en www.abc.es

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