"La libertad abstracta al igual que otras simples abstracciones, no puede ser encontrada."
Edmund Burke

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Calcomanías neoconservadoras

Publicado por Valentí Puig el 11 de Enero de 2007 en American Review.
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El método de una política exterior -decía el sabio George Kennan- es ser jardineros y no mecánicos en la aproximación a los asuntos internacionales, saber que no hemos creado las fuerzas que operan ahí fuera y que no es bueno forzarlas mecánicamente.

EL método de una política exterior -decía el sabio George Kennan- es ser jardineros y no mecánicos en la aproximación a los asuntos internacionales, saber que no hemos creado las fuerzas que operan ahí fuera y que no es bueno forzarlas mecánicamente. No es mala pauta para un país como España. Comenzaba este siglo cuando nuestro crecimiento económico y el desenvolvimiento político-institucional sugerían la necesidad de una reorientación sustantiva de la política exterior. Era mejorar posiciones para la defensa del nuevo y viejo interés de España, según una trayectoria evolutiva iniciada por los gobiernos de la UCD y también del felipismo, a diferencia de lo que ha está siendo Rodríguez Zapatero. Si España durante el felipismo abrió embajada en Israel, ingresó en la Comunidad Europea y se alineó en la OTAN, a inicios de siglo era oportuno fortalecer las relaciones con Estados Unidos, entre otras cosas porque eso ayudaba a España en sus dos problemas más permanentes: de una parte, Marrueco al sur, y de otra, ETA al norte. La hecatombe del 11-S aceleró esa reaproximación Washington-Madrid. También contaba la penetración empresarial española en Iberoamérica. Algunos lo llamamos «doctrina» Aznar.Era una visión realista y pragmática de los nuevos intereses nacionales. Desde luego, requería de mucha pedagogía en un país propenso al aislamiento y empapado de antiamericanismo. Se trataba de adaptarse a los cambios en los escenarios internacionales y no de involucrarse en la articulación de una política exterior de naturaleza ideológica o constructivista. Fue en virtud de su entendimiento de lo que son los pactos y alianzas que el Gobierno de Aznar firmó la carta del grupo de países europeos -básicamente, Gran Bretaña y los países liberados de la imposición soviética- que veían apropiada la intervención militar de Norteamérica en Irak. La postura implicaba a su vez cierto distanciamiento con las ortodoxias del eje franco-alemán, como no dejó de mentar Jacques Chirac. Hubo protestas en la calle.

Al llegar Zapatero al poder después del 11-M, con el sostén parlamentario de IU y ERC, cumple atropelladamente con su promesa electoral de retirar las tropas españolas de Irak y escenifica su disconformidad antropológica con Washington. Esa política, conducente al extenso desbarajuste actual, extrema entonces, aunque sólo fuera por efecto de contraste, algunas de las posturas del PP en la oposición. Incentiva las tesis más radicalmente atlantistas, el distanciamiento con algunos consensos europeos -por ejemplo, en el seno del Partido Popular Europeo- y traslada la impronta de lo que en la Administración Bush eran las doctrinas neoconservadoras. Esas tesis arroparon algunas de las reacciones de George W. Bush después del 11-S y aportaron un lenguaje conceptual para la intervención en Irak y la macroteoría de un nuevo Oriente Medio democratizado y aliado de Occidente.

Tras el rápido derrocamiento de Sadam Husein, los acontecimientos en Irak y los estados de opinión pública tanto en Norteamérica como en Europa no han evolucionado como se esperaba. ¿Fallo militar, impaciencia neoconservadora, fracaso genérico de la administración Bush? Un hondo debate tiene lugar en los Estados Unidos. Mientras tanto, los escenarios mundiales siguen evolucionando: en Oriente Medio posiblemente para peor, Rusia práctica la extorsión energética, China anda a su aire. En España, la incompetencia del Gobierno socialista, nutrida en política exterior de inercias ideológicas muy arcaicas, agota su modelo de forma ostentosa.

Al centro-derecha representado por el Partido Popular parece corresponderle formular una política exterior centrada, en la continuidad de lo que históricamente ha sido la defensa de los intereses de España, a sabiendas de que en esa materia lo más arriesgado es la irrealidad. Sería irrealismo proponer para España una política exterior como si todavía estuviéramos antes del 11-M, como si nada hubiese ocurrido, como si no hubiese dudas legítimas sobre la efectividad de la intervención en Irak o como si uno pudiese estar en la Unión Europea dedicándose a pintar «graffiti» en contra. Siendo socio europeo, incluso desde el mayor pro-americanismo, hay que estar en las canchas y foros que son, en concordancia con el «pool» de soberanías que todo ello implica. El valor decorativo de las calcomanías neoconservadoras será el que sea, pero las apuestas en política exterior instituyen experiencia nacional y sus demandas máximas son la seguridad y la estabilidad.

Publicado por Valentí Puig el 11-01-2007 en www.abc.es

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