La Alianza de Civilizaciones contra la civilización de la Alianza
Pocos saben qué es realmente la Alianza de Civilizaciones. Si reflexionamos sobre sus objetivos, sus patrocinadores y su recientemente publicado programa de acción, comprobaremos que se trata de la forma internacional que está adoptando el secularismo en el s.XXI.
El 18 de diciembre de 2006 Kofi Annan presentó en la ONU el Informe Final de la Alianza de Civilizaciones. La idea había sido propuesta por Rodríguez Zapatero dos años antes, en la LIX Asamblea General. Pronto se unió a su patrocinio el primer ministro turco, Tayyip Erdogan. El objetivo era benemérito: demostrar que las culturas no estaban inevitablemente llamadas a enfrentarse en el “choque de civilizaciones” que describió Huntington, sino que podían unirse en amable alianza. La ONU reunió para ello un Grupo de Alto Nivel, cuyas deliberaciones acaban de producir el mencionado Informe Final. Con este documento tenemos ya toda la información necesaria para averiguar la verdadera naturaleza de la Alianza de Civilizaciones.Queda dicho que el objetivo de la Alianza es establecer un paradigma de respeto mutuo entre culturas, especialmente entre Occidente e islam, que suplante el modelo de “choque de civilizaciones”. Según la Alianza, esto sería posible porque las desigualdades de clase, riqueza y nación explican los conflictos mejor que las diferencias culturales. Ahora bien, este principio, unido a la intención de “liberar a la humanidad del temor y del sufrimiento”, coincide con el manifiesto revolucionario de los tres últimos siglos. Efectivamente, la Alianza sigue el guión de Marx en su Tesis sobre Feuerbach: no se limita a interpretar el mundo -que es lo que hace Huntington- sino que pretende transformarlo. Es decir, ideologismo utópico trasladado al foro internacional.
También los veinte miembros del Grupo de Alto Nivel tienen un sesgo ideológico claramente identificable. En la cuota “cristiana” encontramos al archiburócrata Mayor Zaragoza, promotor de la gnóstica Carta de la Tierra, impulsor de los “derechos reproductivos”, y valedor en España del pseudo-teólogo Hans Kung; a la ex-monja católica Karen Armstrong, islamófila e impugnadora de la divinidad de Cristo, para quien la oposición al aborto es “fundamentalismo”; al islamólogo de Georgetown John Esposito, que deslegitimó la lección papal de Ratisbona agitando el caso de los curas pedófilos de EEUU; a Hubert Védrine, ex-ministro socialista francés, contrario al vínculo trasatlántico y pasivo espectador del genocidio ruandés en 1994; al ex-arzobispo anglicano Desmond Tutu, que criticó la elección de Benedicto XVI por ser “un rígido conservador”; al ex-ministro uruguayo Enrique Iglesias, del Consejo Rector de la laicista e islamófila Fundación Atman; y al brasileño Cándido Mendes, que junto al apóstol del secularismo Gianni Vattimo fundó la Academia de la Latinidad para ofrecer al mundo una “autoridad moral independiente”.
En la sección “musulmana” del Grupo de Alto Nivel se cuenta Mehmet Aydin, ministro turco que se opuso a la mención de las raíces cristianas de Europa y recriminó a Benedicto XVI sus palabras en Ratisbona, y cuyo país niega el genocidio armenio y prohíbe a los cristianos abrir seminarios o escuelas; el ex-ministro tunecino Mohamed Charfi, intelectual de izquierdas y secularista confeso; Mustafá Niasse, ex-presidente socialista del Senegal; el ex-ministro indonesio de asuntos exteriores Ali Alatas, miembro del gobierno cuando la masacre de católicos en Dili (1991); Ismael Serageldin, que desde la Biblioteca de Alejandría difunde lo “radical y progresista” de los clásicos musulmanes; y Nafis Sadik, jefa de planificación familiar en Pakistán y ex-directora del abortista Fondo de Población de las Naciones Unidas. En definitiva, entre los pretorianos de la Alianza predominan el secularismo anticatólico y la islamofilia. Y algunos de estos forjadores de paz se relacionan incluso con genocidios culturales.
El Informe Final de la Alianza presentado por Annan es digno de semejantes sabios. En él se afirma que el islamismo es una legítima reacción frente al imperialismo occidental, la intervención estadounidense, la ocupación de Palestina y la perversa globalización. Todas las culturas valen lo mismo. Para lograr la paz, Occidente debe implantar modelos multiculturalistas que protejan a los inmigrantes mahometanos, fomentar el relativismo y la secularización de la educación, y abrir las puertas de las universidades y medios de comunicación occidentales a la verdadera cultura islámica. En fin, el programa radical que sigue Zapatero en España.
“La Alianza de Civilizaciones es el proyecto de paz global más importante del siglo XXI”, proclamó Erdogan en la ONU el pasado diciembre. No es cierto. La Alianza de Civilizaciones es un proyecto revolucionario de secularización, que se sirve del islam como instrumento anticristiano. Hubo un tiempo en que Dios se hizo hombre, y estableció con él una Alianza que produjo la civilización cristiana. Ahora, la Alianza de Civilizaciones se formula como sucedáneo de esa civilización de la Alianza. Y está dispuesta a convertir a la humanidad en ummanidad si con eso logra expulsar a Dios de la historia.
Publicado por Guillermo Elizalde Monroset el 15-01-2007 en www.a-r.es

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