Educación, siempre en primera línea de fuego
El Ayuntamiento de Barcelona envía gratuitamente a los colegios una revista llamada Barcelona-Educació. Imagino que muchos centros la dejan en la biblioteca a disposición de sus alumnos, o en la sala de profesores para culturizarles. Subvencionan o colaboran en la publicación el propio Ayuntamiento, la Diputación y la Universidad de Barcelona. Obviamente, el dinero sale del bolsillo de los ciudadanos.
En el número 56, de noviembre de 2006, aparece en la portada una niña jugando, sentada en el suelo, sin que se le vea la cara. Detrás de ella, sólo un árbol escuálido y una pared gris. En el interior, la misma foto se acompaña de una cita (traduzco literalmente): “El maestro debería ser el primer ciudadano de la República”, de Marcel·lí Domingo, ministro de Instrucción Pública del Gobierno de la República española, 1931.En el Consejo editorial figura en primer lugar la Regidora d’Educació, el Gerent de l’Institut d’Educació, el Director de Serveis Educatius, el Director de Centres Educatius Municipals, y otros cargos. En el Consejo de Redacción, otros diez altos cargos en temas educativos.
En el editorial, después de un primer párrafo poético sobre el otoño (que uno no sabe a qué viene), se habla de los cambios políticos en “el país” (Catalunya), de las competencias del Consorci d’Educació (que es la institución que reúne competencias educativas del Ayuntamiento y de la Generalitat), y del traspaso de todas las funciones previstas que deben llevarse a cabo durante 2007, con excepción de la gestión de los centros educativos. “Optimizar energías y recursos y acabar con las consecuencias de la segregación de la red, son, entre otras, metas en el horizonte del Consorcio”. Sigue el tema de las elecciones a los consejos escolares de los centros, con la indicación de implicarse seriamente, ya que así “podréis aportar a vuestro centro, a vuestro territorio y vuestra ciudad, el empuje y las ideas para mantener viva la educación y construir así el futuro. (…) La participación, que es un derecho consolidado, se vuelve necesidad y casi obligación cuando actuamos desde el sentimiento de pertenencia y la responsabilidad”.
Las primeras páginas están dedicadas a las noticias, y en ellas se anuncia que AMPGIL (Associació de Pares i Mares de Gais i Lesbianes) organiza su quinto seminario anual. La temática escogida para esta ocasión es “la visibilidad afectiva en la adolescencia y la familia como núcleo de amor, comprensión y acompañamiento”. Y se añade que el seminario también quiere ser un espacio de encuentro y convivencia entre las diferentes asociaciones de padres y madres del Estado español. Para más información, se indica la página web: http://www.ampgil.org/. Y bien, aunque a pesar de la ambigüedad de la noticia se intuye el fondo, entrando en la web se disipan todas las dudas. En ella se presenta el programa Daphne, de dimensión europea y patrocinado por IBM, en el cual aparece Pedro Zerolo, cuya intervención es calificada de “magistral” y su presencia, de un “honor”. El programa pretende prevenir la violencia contra los grupos de “riesgo”, en este caso los homosexuales.
Llama la atención la explicación de la homosexualidad que se da, equiparándola a la heterosexualidad, diciendo que es un “hecho real universal”, y se cita a Marc Oraison, psicólogo, sexólogo, médico y, cómo no, sacerdote francés, quien indica que “la normalidad de la homosexualidad es una cuestión cultural”, ya que toda cultura en el fondo es relativa a concepciones variables del hombre y su relación con el entorno.
El resto de artículos sobre lecturas, escuelas, barrios, etc., es diverso y aparentemente heterogéneo. Se proponen múltiples actividades e iniciativas que se suponen interesantes educativamente hablando, sin aportar datos sobre su realización práctica. La palabra “valores” aparece montones de veces.
Pero se aprecia una gran ausencia: ninguna referencia al significado. La educación no tiene nada que ver con la realidad (en cuanto dotada de significado), sencillamente porque la realidad la construye cada uno, en sí misma no existe. Hay “opciones”, “valores”, “propuestas”, pero no realidad, ningún significado.
Hace dos días encontré en el colegio a una chica de 18 años llorando y temblando, estaba tomando una tila para tranquilizarse. Hablando con ella me dijo que no sabía lo que le pasaba, pero que era el segundo ataque de angustia que le daba en un mes. Después de un rato de conversación, me dijo que estaba desorientada, que no entendía qué pintaba en la vida, qué sentido tenía todo. Es una chica que saca buenas notas, es guapa, tiene amigas y buen ambiente familiar. No entra en ninguno de los “grupos de riesgo” que tanto preocupan a los que trabajan en la revista mencionada. Sencillamente esta chica es “normal”, y no puede vivir si se le niega el significado. Porque la realidad existe. ¡Cuánta violencia sobre los chicos, ejercida desde el poder y con el dinero de todos!
Publicado por Lluís Seguí el 22-01-2007 en Páginas Digital

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