La creciente importancia de la cuestión inmigratoria
Los republicanos se enfrentan a un difícil reto acerca de cómo abordar la cuestión inmigratoria.
La cuestión inmigratoria ya no es sólo uno de los temas que polarizan la agenda política en Europa sino que juega también un papel clave en la política norteamericana. Cuestión compleja y espinosa donde se ponen en juego sensibilidades y equilibrios. La cuestión, además, se centra en la inmigración de origen hispano, y muy especialmente mexicano. Para comprender la complejidad del asunto hay que notar que Estados Unidos ha sido siempre un país de inmigración, receptor constante de oleadas provenientes de los más recónditos lugares del planeta, pero también de inmigración controlado, con cupos y restricciones. La inmigración hispana resulta diferente por algunos aspectos: principalmente la dificultad para controlarla debido a su cercanía geográfica, lo que explica el enorme número de ilegales y las dificultades para integrar a los hispanos, causadas principalmente por su elevado número y por la cercanía de sus lugares de origen, lo que unido al desarrollo de los medios de transporte y comunicación provoca que no corten del todo amarras con sus patrias de origen. Por otro lado, la postura de Bush, proclive a una amnistía hacia los ilegales ha sido vista por una parte amplia de la base conservadora como un fraude a la ley, algo inadmisible en un lugar donde el imperio de la ley aún es algo serio. Aunque, justo es reconocerlo, la alternativa de enviar a sus países de origen a millones de personas para que, una vez allí, gestionen legalmente su entrada en los Estados Unidos sólo puede ser calificada como utópica. Lo dicho, estamos ante una cuestión nada sencilla.Nada sencilla y que además se les está yendo de las manos a los partidos tradicionales que ven como el activismo de base en torno a la inmigración no cesa de crecer y lo hace de espaldas a la línea oficial de estos. Sorprendentemente, y a pesar de no contar con el apoyo de los medios de comunicación de mayor divulgación, lo cierto es que a lo largo de Estados Unidos se van repitiendo manifestaciones contrarias a la inmigración ilegal. Esta tendencia se confirma con una rápida visita a los libros más vendidos, donde no encontramos libros pro-inmigración y sí vemos cómo van escalando puestos en las listas de más vendidos libros los que adoptan una postura crítica ante este fenómeno.
Uno de los libros que está consiguiendo mayor atracción es Minutemen: The Battle to Secure America’s Borders, que narra la iniciativa de Jim Gilchrist de organizar, desde 2004, patrullas de voluntarios que vigilan la frontera y que no han cesado de crecer desde su creación. El éxito ha sido tan grande que aún presentándose como independiente, el propio Gilchrist ha conseguido un 25% de los votos en las elecciones al Congreso. Pero quizás el político que ha conseguido capitalizar más la cuestión inmigratoria sea el congresista republicano de Colorado, Tom Tancredo, gracias a un discurso contundente y muy crítico con los ilegales. La cuestión, no obstante, permanece abierta y ni demócratas ni republicanos tienen una postura común y cerrada en materia de inmigración. Por ejemplo, las últimas elecciones vieron a algunos candidatos demócratas adoptar posturas mucho más restrictivas que las del propio presidente Bush, percibido como un “blando” en estas cuestiones (y que encuentra mayor apoyo a sus medidas ahora, con un Senado y un Congreso controlado por los demócratas que cuando era su propio partido el que estaba en el poder).
En cualquier caso, la postura en materia de inmigración puede resultar decisiva en un futuro no tan lejano. Con el voto de los diferentes grupos étnicos bastante decidido y estable, el voto hispano, por su magnitud y crecimiento, será una de las claves electorales. Actualmente los hispanos con derecho a voto aún no están claramente decantados hacia uno de los dos grandes partidos, si bien su apego a las tradiciones y a la familia y su duro trabajo para prosperar en la sociedad norteamericana les hace naturalmente conservadores, y así lo indicaban todos los indicadores e intenciones de voto. Pero una política de mayor endurecimiento anti-inmigratorio ha alejado a muchos electores hispanos del partido Republicano. La disyuntiva que se le abre a este último es, pues, compleja y delicada: contentar a una buena parte de su base actual, sin la que es inconcebible la victoria electoral, puede alejar para muchos años a aquellos que en un futuro próximo van a decantar la balanza electoral. Difícil reto.
Publicado por Jorge Soley Climent el 24-01-2007 en www.a-r.es

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