Sin miedo a educar
Cómo la cultura de la permisividad está haciendo daño a nuestros hijos, y qué hacer al respecto: Cuestiona a los expertos, confía en tus instintos y atrévete a ejercer de padre en una cultura que te dice que no lo hagas.
Entrevista con Betsy Hart sobre su libro Sin miedo a educar(realizada por Robert B. Bluey para el semanario Human Events)
¿Que te llevó a escribir el libro? ¿De dónde vino la idea?
La idea vino de lo que yo llamo la “nueva ciencia de cómo educar a tus hijos” y de mi experiencia con mis propios hijos mientras crecían. Tengo cuatro, y el mayor tiene tan sólo once años. En cierto modo, hace falta tener valor para escribir un libro sobre cómo criar a los hijos en el momento en que me encuentro. En todo caso, no soy una experta. Mi libro es una respuesta a todos los consejos de los expertos que me llegaban a mí como madre primeriza y, después, de cuatro criaturitas. No paraban de indicarme lo que tenía que hacer para tener el niño perfecto, y, una y otra vez, lo que decían, simplemente no tenía sentido para mí.
¿Por qué tengo que darle a mi hijo de dos años diferentes opciones durante todo el día? ¿Por qué tengo que disfrazar la palabra “no”? ¿Puedo utilizar el “no” como una frase completa? ¿Por qué tengo que “alimentar su autoestima” durante todo el día? Francamente, todas estas cuestiones me parecen un sinsentido.
Comencé a escribir sobre estas cosas en la columna de mi periódico, y empecé a sentir una gran responsabilidad al hacerlo. Al final, acabó por convertirse en un libro. Hubo un par de hechos que me empujaron especialmente a escribirlo. Uno en particular se produjo mientras estaba en un programa de televisión debatiendo sobre si es correcto dar un cachete a los hijos. Mi interlocutor estaba completa y absolutamente en contra de la idea de que los padres saben cómo disciplinar amorosamente a sus hijos.
En ese momento, me decidí a hacerlo. No es que yo sea una experta. Más bien se trata de animar a los padres para que tengan la confianza de criar a sus hijos del modo que consideren adecuado. En mi libro enseño cómo resolver asuntos que van desde la autoestima a los azotes. Simplemente digo, usemos el sentido común. ¿Qué tiene sentido en tu casa? Puede que sea distinto de lo que tiene sentido en la mía, y eso está bien. Tú eres el padre o la madre, y eso tiene que significar algo.
¿De dónde viene esta “nueva ciencia”? ¿Es una moda? ¿Podemos culpar a alguien?
En cierto modo, está presente desde hace unos 100 años, si no antes. Alguien denominó al siglo XX como el siglo del niño. En realidad, creo que fue el siglo de los expertos en niños. Solíamos tener la idea de que los niños al nacer son maravillosos y adorables, pero también egoístas y con defectos que nosotros, la generación adulta, debíamos pulir para que ocuparan su puesto en la sociedad.
Había modas en la educación de los niños hasta en el siglo XIX. Pero incluso así, en las diferentes modas había una cosa en común: los padres saben más que sus hijos. Somos sus líderes. Tenemos autoridad en sus vidas. Cualquiera que fuese la moda de turno, había también sentido común.
El siglo XX cambió eso. Se supuso que los niños son adorables, pequeños, sabios y buena gente, y que cuando vienen al mundo lo único que requieren es alegría y un trato técnicamente correcto. No necesitan la mano de un padre, sino la mano de un experto. Y eso ha acabado por formar parte de nuestra mentalidad, en especial la de las últimas generaciones. Tenemos a todos esos expertos contradiciéndose. Y los padres viven tiranizados, no sólo por sus hijos, también por los expertos. Hemos acabado por idolatrar a nuestros hijos de una manera que no es buena, ni para ellos ni para nosotros.
Escribes sobre cómo los padres de hoy crían a sus hijos de una manera distinta. ¿En qué ha variado la actual generación de padres (la del Baby Boom) la educación de sus hijos?
Recuerda cómo muchos de los hoy padres crecieron escuchando los consejos super-permisivos de los años sesenta y setenta. Por supuesto, esto ha creado malos hábitos. Las últimas generaciones tienen una gran dependencia de los expertos y un miedo mucho mayor a ser padres. Es una consecuencia de la tendencia que los expertos empezaron, pero también de un mayor igualitarismo. Tenemos miedo de decir que alguien debe tener una autoridad natural sobre otra persona. Nos sometemos al cartel del supermercado que indica “caja rápida. Máximo 10 productos”, pero si quieres llevar eso al ámbito del hogar y hablar de autoridad y sumisión, pues bueno… ahí has abierto la caja de Pandora.
La gente es menos religiosa, así que invierte más en lo que les sobrevivirá después de su muerte: sus hijos. Las familias son más reducidas, así que se puede cuidar más de cada uno. Continuamos con el bombardeo de que los niños son pequeñas criaturas sabias y, cuanto más pensamos esto, con mayor fuerza tendemos a idolatrarlos.
Cuando hablas de la tiranía de los expertos, ¿a quién señalas?
Me refiero a la gente que escribe libros del tipo Qué esperar cuando estás esperando o Perspectivas para el primer año de vida del niño, que han sido superventas. Algunos autores tienen ideas igualitarias sobre el lugar del niño en la familia que, simplemente, no tienen sentido. Esto no quiere decir que no aporten algunas cosas buenas. No animo a los padres a no escuchar a los expertos. Los animo a que analicen lo que los expertos dicen, a que sean unos padres con confianza en sí mismos y decidan lo que tiene más sentido para su familia. Les animo para que salten fuera de esta “profesionalización de la educación” en la que estamos metidos.
¿Qué piensas sobre los padres que están tan preocupados por ofender los sentimientos de sus hijos que permiten que sean los niños quienes, al final, lleven la batuta en casa?
Realmente se ven padres así. Lo que propongo es lo siguiente: digamos que tomas una decisión que hace que tu hijo se enfade, pero tú crees que la decisión es la correcta y el niño se disgusta mucho contigo. ¿Y qué? ¿Qué es lo peor que puede ocurrir? Se enfadará contigo. No va a ser tu amigo durante un rato. Pensará que eres la mamá más mala del mundo. ¿Y sabes qué? Saldrá del enfado en tres minutos. Y después aprenderá que su mundo no se ha derrumbado porque tú le hayas dicho “no”. Al principio nos volveremos un poquito locos, pero después aprenderemos a sobrevivir. La perseverancia es un proceso.
¿Crees que hay alguna diferencia en la educación de los niños que son pequeños, como los tuyos, comparados con los adolescentes? ¿Hay algún momento en el que no cabe más que aceptar la pérdida del control? ¿O pueden los padres mantener siempre la autoridad?
Depende de cómo definas la palabra control. Lo que me preocupa son los padres que comienzan dándoles a sus hijos el universo entero. Si dejan a sus hijos de dos años tomar decisiones, cuando el niño tenga doce se habrá acostumbrado a ello y a hacer lo que le venga en gana todo el santo día. Para mí tiene más sentido dar al niño libertad limitada, y según sea capaz de manejar decisiones más complejas, ir soltando la cuerda. De esta manera estará mejor preparado cuando llegue a los diez años. Tomará decisiones inteligentes porque será capaz de hacerlo. Será respetuoso con tu autoridad. Quizás, cuando llegue a la adolescencia, haya algún desacuerdo en relación a la música que escucha o a la manera de vestirse. Los gustos distintos son legítimos. Pero también hay una gran diferencia entre dejar a los niños encontrar su propio camino y permitirles rebelarse contra los padres. Esa es la línea que no podemos cruzar mientras los estamos educando para que salgan al mundo.
Publicado por Betsy Hart el 05-02-2007 en www.a-r.es

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