"El poder del hombre para hacer de sí mismo lo que le plazca significa el poder de algunos hombres para hacer de otros lo que les place."
C.S. Lewis

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Un modelo cultural conservador

Publicado por Jorge Soley Climent el 21 de Febrero de 2007 en American Review.
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¿Dónde está la cultura más viva, en Estados Unidos o en Francia?

Estamos acostumbrados a contraponer la culta Europa con la bárbara América. Nosotros, los europeos, seríamos gente sensible a la cultura, al arte, a eso que llaman en nuestro país vecino la “excepción cultural”. Por el contrario, los norteamericanos, a excepción de unos pocos intelectuales (con Chomsky y Michael Moore a la cabeza), serían incapaces de valorar cualquier creación cultural que vaya más allá de los cómics o las hamburguesas gigantes. Hasta aquí el tópico.A partir de aquí la realidad. Una realidad que nos llega de la mano de un sociólogo nada menos que francés, Frédéric Martel, profesor del Instituto de Estudios Políticos de París, responsable de haber publicado un estudio comparativo acerca del estado de la cultura en Estados Unidos y en Europa que ha desmontado el mito del salvaje americano y el ilustrado europeo. Y lo que es peor en estos casos, el libro, publicado por Gallimard y titulado De la culture en Amérique, está repleto de datos demoledores e irrefutables.

Sin ir más lejos, resulta que en Estados Unidos hay registrados dos millones de artistas, tres veces más que policías en un “estado policial” según nuestros progresistas. Por cierto, Francia, con todas sus subvenciones y todas sus leyes de excepcionalidad cultural cuenta con 180.000 artistas censados, una proporción mucho menor que la norteamericana.

Más datos: Estados Unidos cuenta con una biblioteca por cada 2.500 habitantes frente a una por cada 14.586 en Francia (¡cinco veces más bibliotecas!); con un museo por cada 17.143 norteamericanos frente a uno por cada 52.500 galos (¡tres veces más museos!), y un cine por cada 7.722 frente a uno por cada 11.725 (¡casi el doble de cines!). Y si atendemos a las donaciones hechas por individuos, éstas ascienden a 13.500 millones de dólares anuales: ¡cuatro veces el presupuesto del ministerio de cultura francés!

Y es que lo que viene a demostrar el trabajo de Martel es que lo que países como Francia proponen y no consiguen, los Estados Unidos lo alcanzan sin necesidad de que el Estado tenga un papel omnipresente. La clave es pues política: si en Francia el estatismo jacobino es el rey, en Estados Unidos se aplica una política cultural conservadora, ni más ni menos. En palabras del propio autor, “A los pesados ministerios europeos de cultura, dispensadores de subvenciones tantas veces arbitrarias, se opone la política norteamericana de masivas exenciones fiscales, que da la palabra a los actores del terreno y a su emulación”. Partiendo del principio de que el lugar donde mejor está el dinero es en el bolsillo de quien se lo ha ganado con su trabajo, y no en unas arcas a disposición de la arbitrariedad de los políticos, el modelo americano incentiva a que sean los particulares, solos o asociados en instituciones, quienes tomen la responsabilidad también en el ámbito cultural. El resultado, que puede parecer paradójico pero no lo es, es que, en Estados Unidos “el Ministerio de Cultura no está en ninguna parte y la cultura está en todas”.

Por cierto, el libro es algo más que datos, aunque estos sean una de las partes más interesantes del mismo, y recoge abundantes testimonios (hasta 700 entrevistas), jugosos, acerca del arte y la cultura. Entre ellos, por ejemplo, encontramos a John Updike afirmando que “me temo que el dinero público en el arte sólo sirva para distraer a los artistas de su responsabilidad:hallar un verdadero mercado para sus productos o un público real para sus espectáculos” y que “el dinero público dedicado a la cultura sólo puede producir un arte oficial y por lo tanto sospechoso” . Y para sorpresa de muchos, incluso leemos que Jimmy Carter dijo que “no tenemos ministro de cultura y espero que no lo tengamos jamás”.

Publicado por Jorge Soley Climent el 21-02-2007 en www.a-r.es

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