"Nadie mirará hacia una posteridad que nunca mira hacia sus antecesores."
Edmund Burke

Suscríbase al boletín:

¿Islamo-fascismo o islamo-nazismo?

Publicado por Ángel Expósito Correa el 26 de Febrero de 2007 en American Review.
Enviar el artículo por email
Imprimir este articulo

¿Qué base real tiene la Alianza de Civilizaciones?

Resulta curioso que el “progresista” gobierno de España y sus correas de transmisión en los medios de comunicación no dediquen parte de su tiempo a debatir sobre el término utilizado por el presidente americano Bush para definir a los terroristas islámicos: “islamo-fascismo”. Y ello porque el término, como nos refiere el sociólogo de las religiones Massimo Introvigne, ha sido acuñado por intelectuales liberales americanos, esto es, “progresistas”. En realidad, independientemente de la intención táctica de Bush por usar un término creado por sus adversarios políticos, es inexacto hablar de “islamo-fascismo” ya que el término que mejor define a la galaxia islamo-terrorista sería el de “islamo-nazi”.En efecto, como nos cuenta el anteriormente citado sociólogo Massimo Introvigne, “[…] Sobre todo desde que Ahmadineyad se ha apoderado del régimen iraní, éste se ha convertido en lo más parecido al nacional-socialismo que el mundo haya conocido en su historia. Cierto, las raíces culturales de la Alemania de Hitler y del Irán de los ayatolás son distintas. Pero los sociólogos han puesto en evidencia cómo el milenarismo, la espera de acontecimientos apocalípticos y de una inminente transformación radical del mundo, son una categoría universal que, aunque se decline con lenguajes distintos, tiende a producir los mismos resultados mortíferos. Hitler pensaba en un Reich milenario dominado por la raza aria, una “Alemania de mil años” cuyos ejércitos sojuzgarían al mundo entero. Ahmadineyad, que se inspira en los temas más milenaristas del complejo pensamiento de Jomeini, cree firmemente en el mito chií del imán escondido que saldrá a la superficie de su plurisecular ocultación para guiar la Shia en la conquista del mundo.

“Piensa realmente que el imán escondido saldrá de un pozo de una remota región iraní, alrededor de la cual ya ha ordenado construir un lujoso palacio para acogerlo y hoteles de siete estrellas. Ben Laden, por su parte, utiliza una literatura sunní, sobre todo egipcia, centrada en el choque final entre el Dajjal, el Anticristo, y el Mesías islámico, el Mahdi. No valen las objeciones del sociólogo asesor de Chirac, Gilles Kepel, según el cual no se puede hablar de fascismo o nacionalsocialismo, porque Mussolini y Hitler tenían un seguimiento masivo que Ben Laden o Nasrallah no tienen: cierto, los terroristas activos son (relativamente) pocos, pero los fundamentalistas son millones”.

“La locura milenarista necesita siempre de un chivo expiatorio que destruir para que el plan del mesías milenario de turno triunfe. Para Hitler y para Ahmadineyad el chivo expiatorio es el mismo: los judíos. Cada día el presidente iraní predica con más claridad el exterminio no sólo de Israel sino de los judíos en general, exactamente como Hitler en los años treinta. Nasrallah es su eco. Y, como entonces, hay una clase política del mundo libre que se tapa los oídos para no escuchar. ¿Vamos al Líbano a luchar contra el islamo-nazismo o a protegerlo de Israel? Si la respuesta es ambigua, retumbarán ecos siniestros de la conferencia de Munich de 1938, donde Europa frente al nazismo - como dijo Churchill - “eligió la vergüenza para no tener la guerra, y acabó por tener la guerra y la vergüenza”.

Preparémonos pues, si no queremos repetir los errores de la historia, a librar una batalla cultural que desaloje al discurso imperante de la nueva alianza antioccidental (y anticristiana) islamo-social-comunista, ya que sólo de esta manera podremos mirar, sin miedo pero con realismo, al enemigo en la cara y plantarle batalla. De lo contrario, a fuer de pacifismos y antiamericanismos, nos veremos abocados a la desaparición del mundo occidental y cristiano (en especial europeo) en aras de una civilización islámica. Pues no nos engañemos: si hoy no apoyamos a quienes luchan en primera línea contra el terrorismo islámico, estaremos favoreciendo el triunfo de la alianza entre Al Qaeda, Irán y (aunque reducido al rango de Estado satélite) Siria, con todas las consecuencias funestas (inclusive una posible guerra nuclear) que ello acarrearía. Todo esto junto al proceso de descristianización y cristofobia que contradistingue a Europa en general, y a España en particular, sin olvidar la política suicida y demagógica frente al fenómeno de la inmigración (en especial islámica) nos da una idea de cuál podría ser nuestro porvenir. De aquí la necesidad de un sano realismo pragmático que sepa conciliar la reconquista cristiana de la sociedad (a través, in primis, de nuestra conversión diaria y de nuestro testimonio individual y asociativo) con una visión clara y realista de quiénes son nuestros aliados y nuestros enemigos, haciendo oídos sordos a los cantos de sirena de aquellos que con la excusa de la paz, del antiamericanismo y de la política “desproporcionada” de Israel, quieren vendarnos los ojos para que no podamos salvarnos del precipicio.

Publicado por Angel Expósito Correa el 26-02-2007 en www.a-r.es

Envíe un comentario