"Ningún grupo puede actuar con eficacia si falta el concierto, ningún grupo puede actuar en concierto si falta la confianza, ningún grupo puede actuar con confianza sino se halla ligado por opiniones comunes, afectos comunes e interes comunes."
Edmund Burke

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¿Será duradero el efecto Obama?

Publicado por Jorge Soley Climent el 4 de Marzo de 2007 en American Review.
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Más allá de su aura mediática y del color de su piel, ¿cuáles son las fortalezas y las debilidades de la nueva gran esperanza demócrata, Barack Obama?

De entre quienes se postulan como posibles candidatos a la presidencia norteamericana, quizás el que esté acaparando mayor atención sea Barak Obama. Su novedad, el color de su piel, su fulgurante aparición en la carrera demócrata hacia la nominación, le han convertido en el personaje del momento. Pero, ¿qué posibilidades reales tiene de batir a Hillary Clinton y convertirse así en el candidato demócrata a regir los destinos de Estados Unidos desde 2008?Obama es un candidato singular, con abundantes rasgos únicos y difícilmente imitables, para bien o para mal. El más obvio es el color de su piel, algo que desde aquí nos parece muy relevante pero que es poco probable que vaya a galvanizar muchos votos en su favor. Lo cierto es que la población negra estadounidense ya vota muy mayoritariamente demócrata, por lo que poco aporta en términos electorales el hecho de ser negro. Incluso, si quisiéramos ser estrictos, podríamos señalar, como algunos ya lo han hecho, que Obama no es afroamericano, no es descendiente de esclavos, sino que es un mulato nacido del matrimonio mixto. Nacido en Honolulu en 1961, su madre era una blanca de Kansas que había conocido a su padre, un negro de Kenya, en la Universidad de Hawai, donde ambos estudiaron. Divorciados cuando tenía sólo dos años, Obama fue criado por sus abuelos maternos desde la edad de 10 años, tras el nuevo matrimonio de su madre (sin duda atraída por lo pintoresco) con otro estudiante, esta vez de Indonesia. Obama recibió de su padre poco más que la carga genética y su nombre, que según ha confesado él mismo, tras el 11-S le hizo pensar que era imposible emprender una carrera política exitosa con un nombre tan similar al de Osama bin Laden (por cierto, su nombre completo es Barack Hussein Obama Jr.).

Otro rasgo destacado es su juventud, con todas sus ventajas pero también sus inconvenientes. Algunos señalan que los demócratas están siempre obsesionados por encontrar un nuevo Kennedy, una persona joven, fresca, con capacidad de conectar con la gente y de transmitir ilusión (algo que, a pesar de su frivolidad, fue lo que le dio la victoria y la popularidad a Bill Clinton). Y ciertamente una cierta áurea debe poseer Obama para aparecer en plan estelar en el programa de Oprah Winfrey, haber sido portada de Time y haber hecho escribir al periodista de Time, Joe Klein, que era “el equivalente político a un arco iris: un suceso preternatural inesperado que provoca sobrecogimiento y éxtasis”. Ahí es nada. Por el contrario, la juventud también puede ser un lastre en forma de inexperiencia, a pesar de que a sus 45 años Barack Obama haya escrito ya… ¡dos libros sobre sí mismo!. En efecto, hasta el momento ha sido senador en el estado de Illinois y senador en Washington desde 2004. Un historial más bien escaso que poco mejorará de aquí al 2008 y en el que nunca ha sido sometido a presión alguna. Algunos afirman que esta inexperiencia tiene sus ventajas, pues es difícil pillarle en decisiones incorrectas ni ha tenido oportunidad de corromperse con el ejercicio del poder; pero lo cierto es que con el país metido en una guerra resulta aventurado elegir a un presidente que no ha demostrado nunca capacidad de mando (recordemos aquí el daño devastador que inflingió a John Kerry precisamente un libro que cuestionaba su capacidad de mando, Unfit for command).

Lo que sí parece claro es que la creciente fama de Obama está relacionada con el nerviosismo y la preocupación de muchos analistas demócratas ante la candidatura de Hillary. Y es que Hillary tiene dinero, es conocidísima y tiene detrás a una poderosa organización, pero a pesar de todo ello muchos demócratas siguen pensando que es difícil que consiga la victoria en las presidenciales. Si dividimos al electorado en favorables, desfavorables e indiferentes, las posibilidades electorales de un candidato se cifran no tanto en tener un importante número de favorables sino en su capacidad de atraer a los indiferentes. En cuanto a los desfavorables, es casi imposible hacerles cambiar de opinión a lo largo de la campaña electoral. Hillary deja a pocos indiferente, polariza, tiene un elevado porcentaje de favorables pero un aún mayor número de desfavorables, por encima del 40% en todas las encuestas. Así es difícil conseguir llegar a la Casa Blanca. Por el contrario Obama tiene menos aristas; es cierto, es menos conocido y su base de incondicionales es menor, pero tiene mayor recorrido pues tampoco tiene niveles desfavorables tan elevados. Es por ello que esté empezando a posicionarse como la gran alternativa para quienes creen que Hillary, nos guste o no, tiene pocas opciones en la batalla final. Los grandes magnates de Hollywood ya se han dado cuenta y le están apoyando económicamente, cosa que ha irritado sobremanera a Hillary que ve como se erosiona una de sus bases de recaudación.

Pero también hay quien ve en Obama una perita en dulce para Hillary. Todos coinciden en que tener delante al adversario adecuado es crucial para lograr el triunfo electoral. En unas primarias se necesita un rival lo bastante fuerte como para evitar que aparezcan otros rivales pero no lo suficiente para ganar; si además su capacidad de desgastarte es limitada, entonces hay que brindar. Muy especialmente entre los demócratas, cuyas primarias acostumbran a ser más duras que las de los republicanos y que, en consecuencia, muestran más a las claras las debilidades de los candidatos. Dick Morris sostiene precisamente que Obama, con todo el apoyo que está recibiendo de los medios de comunicación, desalienta a otros posibles candidatos que ven como una misión imposible el recaudar fondos para sus campañas. Pero cuando las cosas vuelvan a su curso, se pondrá en evidencia todas las limitaciones que un jovencito inexperto tiene, lo que dejará vía libre para Hillary. Quizás, pero mientras tanto la aparición de Obama está complicando la vida a Hillary. Por ejemplo, su discurso contra la guerra de Iraq en 2002 está forzando a Hillary, que en aquella época votó a favor de la guerra, a sobreactuar en este terreno, reforzando la imagen que se tiene de ella de una persona calculadora y sin escrúpulos. En cualquier caso, aún queda mucho camino hasta las presidenciales (el nerviosismo ante la posibilidad de que otro candidato empiece la recaudación de fondos antes ha precipitado la oficialización de las candidaturas mucho antes de lo que venía siendo habitual) y a buen seguro que nos deparará alguna que otra sorpresa.

Publicado por Jorge Soley Climent el 04-03-2007 en www.a-r.es

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