Aznar, Zapatero y las bajas en Afganistán
La presencia de tropas en Afganistán, ¿constituye una misión de paz o es una guerra en toda regla?
Dicen las malas lenguas que Zapatero no abre nunca el diccionario por la ge, no fuera que se encontrase con la entrada ‘gallina’. Quizás por eso muestre una resistencia insultante a definir algo según su substancia, es decir: que lo que sucede en Afganistán es una guerra con todas las de la ley (y no me refiero a la de ese producto caduco llamado ONU, especialista en vivir de nuestros impuestos sin darnos cuenta de sus acciones). Eso lo han entendido incluso los franceses, antiamericanos hasta la médula pero dispuestos a participar en operaciones de combate real en el antiguo reino griego de la dinastía seléucida (por cierto, ¿enviará Grecia algo más que médicos a la zona? En la Guerra de Corea lo hizo. Claro que los héroes helenos que murieron allí tienen un monumento en Tesalónica que, tristemente, pocos hemos advertido).Hablando en general, el número de bajas en Afganistán es muy inferior al registrado en Iraq. Claro que son tipos de guerra muy diferentes. En Iraq se lucha contra chalados extranjeros en zonas urbanas, mientras que en Afganistán se lucha contra chalados en el Hindukush, a tres mil metros de altura y en su casa. Los enfrentamientos son muy distintos, hasta el punto que las fuerzas especiales de Canadá batieron el récord de abatimiento de un enemigo a distancia: un francotirador mató a un talibán desde dos kilómetros y medio.
Pero con todo esto, ¿qué hace España? La cuestión es que, como el gobierno socialista español no reconoce estar en guerra, los muertos no lo son en combate sino en misión de paz. Es cierto, desde luego, que la ISAF (Internacional Security Assistance Force, el nombre que toman los aliados en Afganistán, puesto que no sólo se trata de la OTAN sino también de Corea del Sur, Australia y Nueva Zelanda, por ejemplo) está llevando a cabo actos muy loables en ese territorio remoto, como crear una red de carreteras dignas de tal nombre (infraestructura básica para articular un país que pretenda exhibir algo que sea lejanamente parecido a una conciencia nacional), pero no es menos cierto que una nación de dieciséis millones de habitantes como Holanda tiene seis helicópteros Apache destacados allí en misión de combate. Y que si les derribasen alguno, no mentirían diciendo que fue por culpa del viento. Porque el gobierno holandés se puede dedicar a muchas cosas, pero nunca a insultar a sus propias fuerzas armadas.
La ISAF ha sufrido oficialmente, a 8 de marzo de 2007, 554 muertos, tanto en combate como en accidentes o por suicidios debidos a la presión. Encabezan la lista, claro está, los Estados Unidos, con 371 muertos (el último es Daniel Zizumbo, de 27 años y nacido en Chicago, muerto en un ataque suicida el 27/02/2007 sirviendo en el Ejército de Tierra). De nuevo oficialmente, los sigue el Reino Unido con 51 muertos (el último es Benjamin Reddy, de 22 años y nacido en Ascot, muerto en combate el 06/03/2007 sirviendo en los Royal Marines). Luego se supone que viene Canadá con 45 muertos (el último es Kevin Megeney, de 25 años y nacido en Nueva Escocia, muerto el 06/03/2007 en un accidente con arma de fuego). Y ya en cuarto lugar vendría España con 20 muertos, siendo la última española muerta Idoia Rodríguez Buján, de 23 años, a quien mató una mina el 21/02/2007. Pues bien, conviene notar que España es, en realidad, el segundo país en número de bajas. Cómo es eso posible se verá en un momento.
Los muertos relacionados con una guerra se contabilizan aunque no fallezcan en la zona donde se está luchando. Eso siempre ha sido, y sigue siendo, así. Si la tripulación de una fortaleza volante en prácticas sobre el océano atlántico en 1944 muere al estrellarse el avión, las bajas se contabilizan en la Segunda Guerra Mundial. ¿Dónde, si no? En la presente lucha en Afganistán, los Estados Unidos cuentan como muertos, por ejemplo, a los ocho pasajeros del avión que se estrelló al sur de Filipinas el 21/02/2002, mayoritariamente miembros del 160th. SOAR (Special Operations Air Regiment). Consiguientemente, si el gobierno de Aznar no hubiese apartado de la lista a los sesenta y dos muertos del Yakolev-42 que se estrelló en Turquía el 26/05/2003, España estaría donde tiene que estar por honor propio, es decir, en segunda posición con ochenta y dos muertos. Un país que quiere ser grande debe saber honrar a sus muertos, a los que se han dejado la piel por la libertad, que es lo que verdaderamente importa. No se puede ningunear a quienes garantizan que el mundo no regrese al paleolítico. La paz, al final, es circunstancial, a menos que se quiera vivir en paz pero en Corea del Norte.
Publicado por Francesc Passani el 09-03-2007 en www.a-r.es

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