"Existe un amor a la patria que tiene su fuente principal en ese sentimiento irreflexivo, desinteresado e indefinible que ata el corazón del hombre al lugar de su nacimiento."
Alexis de Tocqueville

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CPAC: tomando el pulso conservador en Estados Unidos

Publicado por Jorge Soley Climent el 15 de Marzo de 2007 en American Review.
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La Conservative Political Action Conference es un termómetro del movimiento conservador norteamericano. Asistieron todos los candidatos republicanos… menos uno.

Recientemente ha tenido lugar en Washington el CPAC, Conservative Political Action Conference, la reunión anual que el movimiento conservador organiza para tomar el pulso a la situación política más concreta. En esta ocasión, no podía ser de otra forma, la atención se centró en las intervenciones y en cómo eran recibidos los diferentes precandidatos republicanos a las presidenciales.Una primera constatación provoca sorpresa entre quienes estamos acostumbrados a un régimen de férrea disciplina de partido, algo que ya hemos asumido como natural: la libertad para expresar opiniones divergentes en este CPAC. Sin ir más lejos, Mitt Romney desembarcó apostando fuerte, inundando la sede de la reunión con voluntarios portando sus pegatinas de “Mitt’08″ y repartiendo folletos a diestro y siniestro, lo cual no fue óbice para que abundaran también los que repartían folletos anti-Romney e incluso para que apareciera un hombre disfrazado de delfín Flipper paseándose por los pasillos y explicando a quien quisiera oírle quién es realmente Mitt Romney (el verbo flip, dar la vuelta, se utiliza para atacar a quienes cambian de opinión por motivos oportunistas; en el caso de Romney en su postura sobre el aborto) A este respecto es francamente interesante el debate en torno a las posiciones pro-vida de Romney: si en 2004 se presentaba como favorable a mantener la actual situación en materia de aborto (llegó a vetar la píldora del día después argumentando que la alteraba), ahora afirma que, a raíz del debate sobre las células madre se ha convencido de que la vida humana empieza desde la concepción y que, en consecuencia, se ha convertido a la causa pro-vida. Hay por supuesto quienes no se fían y le acusan de oportunismo por “convertirse” precisamente cuando le conviene a su estrategia electoral, otros le dan la bienvenida y por último hay quien, como Ramesh Ponnuru, sostienen que poco importa su sinceridad mientras se mantengan las condiciones que le hacen mostrarse en público a favor de la vida, esto es, mientras la fuerza del movimiento provida sea tal que sea inconcebible optar a la presidencia por el partido republicano sin proclamarse contrario al aborto.

Otro síntoma de esa falta de aparato de partido fue la intervención, el primer día, de Richard Viguerie, rey del marketing directo político, quien clamó contra los republicanos corruptos que “gastan y gastan y gastan la herencia de nuestros hijos y nietos con el único, inmoral y corrupto objeto de mantenerse en el poder”. En su diatriba llegó a pedir a todos los presentes que dejasen de apoyar financieramente al Republican National Comitee. Y no pasó nada.

Otro de los políticos con renombre que pasó por el CPAC fue Tom Tancredo, quien recogió algo del sentir general cuando afirmó que ya estaba bien de etiquetas: “neos en un lado, paleos en el otro. Conservadores compasivos allí y ahora conservadores con sentido común… Los conservadores no necesitan más adjetivos, sino un buen líder”. Y mientras dejaba entender que él estaba capacitado para esa tarea, aprovechó para lanzar un venablo envenado a Romney al afirmar, acerca de la polémica a la que antes hacíamos referencia, que “las conversiones suceden camino de Damasco, no en el camino hacia Washington”.

Pero los platos fuertes fueron algunos de los candidatos a las presidenciales del año que viene que más opciones reales tienen. El primero Rudy Giulani, quien empezó por reconocer que “estamos de acuerdo en el 80%, y no lo estamos en el 20% restante. Casi como en un matrimonio”. Y enseguida viró hacia los temas en los que hay coincidencia: habló de la guerra, “que no es nuestra guerra contra el terror, sino de su guerra contra nosotros” y de sus éxitos en la lucha contra la criminalidad. En definitiva, salió airoso de una plaza nada fácil. Sam Brownback, por el contrario, se encontraba a sus anchas en territorio afín. Presentándose como un nuevo William Wilbeforce, el parlamentario cuya fe cristiana movió a luchar contra la esclavitud, un hombre de fe que encuentra en ella inspiración para su acción política y con magníficas credenciales provida, cosechó aplausos y parabienes.

Romney, por su parte, estuvo acompañado de su esposa en todo momento. Haciendo gala de un matrimonio que dura desde hace 38 años, dejó en evidencia a los divorciados reincidentes Giulani y Gingrich. Romney se mostró como un hombre capaz de tomar decisiones difíciles (”I know how to veto”, en contraste con G. W. Bush) y defendió la familia, la seguridad americana, el control de fronteras y los presupuestos equilibrados; un discurso muy bien construido que muestra que, a pesar de su condición de mormón, tiene posibilidades en la carrera hacia la Casa Blanca.

Newt Gingrich, por su parte, clausuró el CPAC mostrándose muy cercano a la gente y pronunciando un discurso poco concreto pero con gancho sentimental, haciendo varias referencias a la era Reagan. Y para confirmar que el CPAC es el lugar perfecto para tomar el pulso al movimiento conservador norteamericano, la gran y significativa ausencia: John McCain

Publicado por Jorge Soley Climent el 15-03-2007 en www.a-r.es

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