La Europa americana
Ante todo considero necesario resaltar la necesidad de buscar a Europa en los demás continentes, esto es, al mundo cultural que a pesar de haber perdido su homogeneidad cultural y religiosa por las sucesivas etapas del proceso revolucionario no puede “no decirse cristiano”, ya que representa la materia prima de toda restauración.
Ahora bien, de estas Europas esparcidas por los cinco continentes no cabe duda que la única capacitada para encarar en todas sus facetas los retos de la época actual es la que tomó forma en Estados Unidos. Una Europa ésta, que - no obstante - ha sufrido algunos de los embates de la Revolución anticristiana y que por lo tanto es heredera de muchos de los gérmenes mortales que han conducido a la muerte a la Cristiandad romano-germánica.Sin embargo, y a pesar de estos gérmenes mortales, es posible reconstituir la continuidad cultural con el pasado que, a ciertas condiciones y salvando algunas premisas, permanece todavía en el ámbito religioso como en el ámbito filosófico.
Russel Amos Kirk, padre del “conservadurismo tradicionalista” contemporáneo norteamericano, pensador e incansable escritor católico, además de presidente honorario en 1992 de la campaña electoral del político católico - defensor de un programa fundamentado en la doctrina social de la Iglesia - Patrick J. Buchanan y asesor de varios presidentes norteamericanos, nos ofrece en una entrevista publicada por la revista “Cristianità” una válida síntesis de las raíces del orden americano:
“Pregunta: Es ya algo habitual igualar la Revolución americana a la francesa, como expresiones de un mismo proyecto ilustrado. El Conservative Mind, a partir de Edmund Burke, ha negado esta vinculación: ¿cuáles son las diferencias principales?
Respuesta: La primera explicación correctamente argumentada del distinto carácter de los dos fenómenos históricos está contenida en una obra publicada en 1800 por Friedrich von Gentz, hombre político y escritor prusiano, amigo del príncipe Clemens von Metternich y uno de los principales arquitectos de la reconstrucción de Europa tras la caída de Napoleón en 1815. Las reflexiones de Edmund Burke - traducidas al alemán por el mismo Friedrich von Gentz - le habían hecho aborrecer de las teorías y de las consecuencias de la Revolución francesa: escribió un ensayo en el cual sostiene la tesis según la cual la Revolución americana fue “una revolución no hecha, sino impedida”, en cuanto que los americanos se habían sublevado en defensa de sus derechos fundamentales y sus peticiones eran moderadas; al contrario, los revolucionarios franceses, esperando remodelar la naturaleza humana y la sociedad, rompían con el pasado, retaban a la historia, abrazaban dogmas abstractos, cayendo bajo el dominio cruel de una ideología monstruosa. Es importante recordar que este estudio de Friedrich von Gentz fue traducido al inglés por John Quincy Adams, más tarde sexto presidente de los Estados Unidos, con el título The American and French Revolutions Compared.
P. En los dos episodios, ¿también fue distinta la actitud hacia la religión cristiana?
R. Friedrich von Gentz no trata la mayor diferencia, constituida precisamente por la hostilidad de los revolucionarios franceses hacia la religión cristiana y, al contrario, por el profundo apego a la misma por parte de los americanos. De hecho, contrariamente a lo hecho por la Revolución francesa, en América no se infirió contra la fe cristiana. La gran mayoría de los firmantes de la Declaración de Independencia estaba constituida por cristianos practicantes de una o de otra confesión y los cincuenta y cinco delegados a la Convención Constitucional eran casi todos - con la salvedad de tres o cuatro - miembros de una Iglesia. Así, en el trancurso de la Revolución americana, nadie fue perseguido por su fe religiosa.
Durante aquellos años, cuando las ideas de Juan Jacobo Rousseau dominaban el pensamiento francés, la más importante influencia intelectual en la América Septentrional británica era la producida por el rígido calvinismo de Jonathan Edwards. Mientras el pensador ginebrino defendía la natural bondad del género humano, Jonathan Edwards recordaba en su enseñanza la depravación de la naturaleza humana.
P. Sin embargo las ideas de la Ilustración, que ya eran dominantes en Francia antes del Ochenta y nueve, han penetrado al menos en parte en la Revolución americana. ¿Cómo pudo ocurrir, si los americanos se habían rebelado a la Corona inglesa sólo para afirmar sus derechos tradicionales de autonomía y de libertad?
R. Los hombres que han hecho la Revolución americana no proyectaban refundar substancialmente la sociedad: afirmaban que oponían resistencia a las peligrosas innovaciones del rey Jorge III de Inglaterra y de sus amigos - es decir, de los King´s Friends, un grupo que, en el parlamento inglés, apoyaba una política centralizadora - en nombre de los que Edmund Burke llamaba “los derechos constitutivos de los ingleses”. Por lo tanto, eran más bien conservadores que innovadores, y trataban de evitar y no promover una revolución. Las cosas cambiarán en 1776, cuando a los revolucionarios americanos parecerá indispensable la alianza con Francia; en este sentido se pueden explicar las frases congeniales a los philosophes franceses presentes en la Declaración de Independencia: las mismas recuerdan el lenguaje de Thomas Jefferson más que el tono y la moderación de los típicos miembros del Congreso Continental de 1776, que reunía a los representantes de los primeros trece Estados Unidos americanos.
P. Al comenzar el siglo, en el History of American Political Theories de Charles E. Merriam, las dos tendencias afloradas tras la Revolución americana son descritas en estos términos: “Luego que la Independencia de Gran Bretaña fue conseguida y formalmente reconocida, dos claras tendencias aparecieron durante el período inicial de la Unión: la reaccionaria y la radical. La teoría del primer partido está claramente expuesta en la misma Constitución, en el Federalist y en los escritos de John Adams y de Alexander Hamilton. La teoría del partido radical es enunciada en el mejor de los modos por Thomas Jefferson, la figura central, sea en la acción práctica que en la filosofía política, de la escuela democrática”.
R. El francófilo Thomas Jefferson era atípico respecto a los hombres que se sentaban en el Congreso Continental. Carl Becker, en su libro The Declaration of Indipendence, lo describe con estos términos: “No sin razón, Jefferson se sentía casi como en su casa en París. Por la calidad de su pensamiento y por su temperamento pertenecía realmente a la escuela filosófica de los enciclopedistas, aquellas almas generosas que amaban al género humano sin conocer demasiado a los hombres, que adoraban a la razón con una fe irracional, y se ejercitaban en estudios sobre la Naturaleza mientras cultivaban una estudiada aversión hacia “el entusiasmo” y la fuerte emoción religiosa. Como ellos Jefferson, especialmente en sus primeros años, sorprende porque se declara abiertamente como radical. A menudo advertimos cómo defienda algunas prácticas e ideas, cómo denuncie algunas costumbres e instituciones no tanto por reflexión autónoma o por convicción profunda acerca de la particular puesta en juego, cuanto porque, en general, estos son temas que un filósofo o un “hombre virtuoso” tiene naturalmente que defender o denunciar”.
P. ¿Cómo se han desarrollado sucesivamente estas dos tendencias, la radical, liberal, y la conservadora en la historia americana?
R. La tendencia liberal, que se remite a Thomas Jefferson - presidente de los Estados Unidos de 1801 a 1809 - continuará en el Partido Demócrata, fundado durante la presidencia del general Andrew Jackson, entre 1829 y 1837, hasta la presidencia de Franklin Delano Roosevelt. Tras la muerte de este último, en 1945, los seguidores de Thomas Jefferson no serán muchos; también es necesario recordar que cuando los liberal se apoderan de su figura, a menudo la adaptan a sus exigencias.
P. ¿También John Fitzgerald Kennedy puede ser adscrito a esta tendencia?
R. El presidente John F. Kennedy representaba los intereses de las clases trabajadoras, de los inmigrados y del mundo agrícola; tenía además una connotación católica, aunque se tratara más bien de una inspiración que de un real apego a la Iglesia católica. Ha conseguido calar en los pobres y en los inmigrados, enfrentándolos a los denominados “intereses constituidos” que, según los liberal del Partido Demócrata, estaban representados por el Partido Republicano.
Con la presidencia de Ronald Reagan todo esto ha cambiado, también porque los inmigrados se han insertado en el país aumentando su tenor de vida. Se ha podido hablar así de “conservadurismo popular”, que además también ha obligado al Partido Demócrata a asumir posiciones más conservadoras. El problema del Partido Demócrata consiste en el hecho que está muy dividido en su interior, mientras el Partido Republicano se ha convertido en la fuerza política pro-life, favoreciendo de esta manera la entrada de muchos católicos y de cristianos de otras confesiones, que un tiempo habían apoyado a John F. Kennedy y al Partido Demócrata.
También es necesario apuntar que la mejora de las condiciones de vida ha favorecido el desplazamiento de la lucha política al nivel de los principios, y no ya solamente al de los intereses a defender o bien a conquistar.”
Por consiguiente, esta Europa norteamericana que todavía mantiene un espíritu, unos usos, unas instituciones y una Constitución premodernos, esto es, naturales y cristianos - al contrario de lo que ocurre en la Europa continental víctima de la alquimia social refundadora de la sociedad y heredera del siglo de las luces - representa actualmente el único bastión del mundo occidental y cristiano. Ello no significa, evidentemente, que debamos renunciar a un sano discernimiento de todo aquello que se oponga a la auténtica identidad norteamericana la cual, a pesar de las condiciones y premisas anteriormente citadas, es digna heredera de la Cristiandad romano-germánica así como se concretó en el área político-cultural anglosajona; ni que debamos renunciar a una sana dialéctica con las elecciones políticas y geoestratégicas de la administración norteamericana.
Se trata más bien de evitar aquella herejía cristiana que es la pérdida del principio de la realidad porque no conviene olvidar que: “[…] como demuestra su historia [de la Iglesia] bajo las autocracias totalitarias del siglo XX, puede ser ejercida [la libertad] solamente donde la Iglesia se vea libre de ataduras y de chantajes sistemáticos: realidades que también actualmente están presentes en todas las zonas no democráticas del mundo (Pietro De Marco).
Por lo tanto -y matizando la cita anterior -, si ya la “democracia” en su versión liberal - así como se desenvuelve históricamente, sobre todo, en la Europa continental tras la Revolución francesa - no es ajena a imponer ataduras y chantajes a la Iglesia, tampoco cabe obviar el terrible holocausto de las conciencias y de las personas que se comete todos los días en los mundos culturales y religiosos que no respetan unos mínimos derechos de la persona. Ello implica, pues, que a pesar de la degeneración tendencialmente totalitaria a la que se ve sometido el actual régimen “democrático” sobre todo en la Europa continental por la conjunción de relativismo radical y supercapitalismo financiero (vuelvo a remarcar el sobre todo en Europa ya que en Estados Unidos por los motivos anteriormente expuestos existen todavía resortes culturales, socio-políticos e históricos que hacen más difícil la susodicha degeneración), es en el marco de la tantas veces vituperada - sin distinciones - civilización y libertad americana que todavía tenemos espacio suficiente para cumplir con nuestro deber-derecho de restauración del Reinado individual y social de Nuestro Señor Jesucristo. Y si es verdad que la libertad no es el origen de la Verdad, también lo es que sin la libertad la Verdad se ve impedida a desplegar sus infinitas potencialidades individuales y sociales, convirtiendo de tal manera a los portadores en cristianos incompletos cuando no “protegidos” ya que depositarios de una “culpa” que les hace merecedores de un “castigo”.
Publicado por Ángel Expósito Correa el 24-04-2007 en www.a-r.es

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