Giulani, candidato de los evangélicos
A priori uno no esperaría que los cristianos evangélicos, lo que se ha conocido como la “Religious Right”, muestren un apoyo creciente hacia Rudy Giulani, el candidato republicano y ex alcalde de Nueva York. Pero eso es precisamente lo que está ocurriendo.
Según el Quinnipiac University Polling Institute, la popularidad de Giulani entre los cristianos protestantes evangélicos no cesa de crecer y explica, por ejemplo, su ventaja en alguno de los estados más reñidos, especialmente en Florida, donde ésta se atribuye específicamente a los “white evangelical voters”. A principios de este mes, Giulani se situaba once puntos por encima de su más directo competidor (hasta el momento), el senador John McCain, cuyas opiniones parecen más cercanas a las tradicionalmente sostenidas por los evangélicos. Todo lo contrario de Giulani, que a sus dos divorcios y a sus problemas con su hijo añade una postura como mínimo ambigua respecto del aborto, y su apoyo al matrimonio homosexual y a la amnistía para los inmigrantes ilegales.¿Dónde se encuentra entonces la clave de este sorprendente apoyo evangélico? Si Giulani no ha cambiado (aunque sí puede haber matizado su discurso), el cambio habrá que buscarlo en los cristianos evangélicos, y más concretamente en las cuestiones que determinan el sentido de su voto. Y aquí sí encontramos cambios: la derecha religiosa evangélica valora cada vez más las cuestiones relacionadas con la seguridad nacional y la lucha contra el terrorismo, cuestiones en las que Giulani aparece como un hombre capaz tras su papel el 11-S. Además, ha limado aristas a sus posiciones pro-abortistas afirmando que en caso de tener que hacerlo, nominaría a un “juez estrictamente construccionista” para el Tribunal Supremo (otra discusión es cuán sincero sea a la luz de su poco fiable comportamiento pasado en este campo y cuán crédulos sean los cristianos evangélicos).
¿Cómo se explica este cambio de prioridades? En primer lugar por un apoyo a Israel muy extendido entre los evangélicos (algunos han hablado de filosionismo) motivado por razones de índole religiosa, que en la práctica se traduce en un apoyo sólido a la intervención norteamericana militar en Oriente Medio. Y precisamente en este campo las credenciales de Giulani son magníficas: fue él quien, como alcalde de Nueva York, intentó expulsar de su ciudad al entonces líder de la OLP, Yasser Arafat. Además, en la cosmovisión de los evangelistas, este apoyo a ultranza a Israel se une a la concepción, ya presente en sus orígenes, de la democracia americana como un tesoro que los norteamericanos deben extender por el mundo. No es ninguna casualidad que el redactor de discursos preferido de George W. Bush, Michael J. Gerson, un evangélico declarado, haya sido fundamental en la formulación de la doctrina Bush que ha convertido la difusión de la democracia en el objetivo fundamental de la política exterior norteamericana, en una confluencia evangélica-neocon que supone una importante novedad en el panorama político estadounidense.
Para completar la visión de la evolución evangélica debemos considerar también un cierto cansancio entre los evangélicos y un corrimiento hacia posiciones menos polarizadas, más cercanas al consenso en torno a los “derechos humanos”, donde encaja perfectamente el objetivo de democratización mundial. De este modo además se reducen las tensiones en torno a temas polémicos como los relacionados con la familia o el medio ambiente, efecto especialmente deseado en un colectivo que no cesa de crecer y que, ahora que se cuenta por decenas de millones, ya no está tan cohesionado como décadas atrás. El voto evangélico, pues, va a seguir siendo clave para decidir quién va a ser el próximo candidato a la Casa Blanca, pero sus prioridades están cambiando y las consecuencias de este cambio no son baladíes.
Publicado por Jorge Soley Climent el 30-05-2007 en www.a-r.es

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