Más desinformación del diario “El País” sobre Estados Unidos
Los becarios del diario español “El País”, o quienes escriben algunas de sus notas sobre Estados Unidos, parece que bucean mal en la historia contemporánea. El despliegue informativo del diario madrileño en torno a la reciente desclasificación de varios documentos de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA) ejemplifica otra vez el despiste generalizado -digamos despiste- de algunos medios de comunicación que pasan por ser serios e independientes. En esto, “El País” se lleva la palma.
El director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), Michael V. Hayden, ya anunció en su discurso del día 21 de junio de 2007 que se iban a desclasificar y publicar varios documentos de la CIA, como puede verse en sus “Remarks of Central Intelligence Agency Director Gen. Michael V. Hayden at the Society for Historians of American Foreign Relations Conference”.El despliegue mediático en torno a esos documentos ha sido abrumador a nivel internacional pero especialmente tergiversado, como suele ocurrir con algunos medios de comunicación. El caso del diario español “El País” es un ejemplo claro de lo que supone la desinformación sobre Estados Unidos, como reflejan sus informaciones sobre el asunto de estos documentos desclasificados.
¿Información o desinformación sobre Estados Unidos?
El diario “El País”, como tantos otros, publica con especial precipitación incluyendo en varias ocasiones las omisiones y tergiversaciones más increíbles en dicha noticia. Para empezar, el titular dado por el diario es: “La CIA intentó que la mafia asesinara a Fidel Castro”, y fue publicada el pasado martes 26 de junio. En ella, la primera frase es ya una perla del autor y que se tonifica con el cliché de Hollywood, como si este asunto fuera una película. Leemos: “Parece un guión de gungsters al más puro estilo hollywoodiense pero es una historia real.” Gungsters. Con u, escribe “El País”, importándoles poco que en inglés se diga “gangsters” y que esa misma palabra correctamente escrita aparezca en los documentos hechos públicos.
No contentos con esto en “El País”, al día siguiente -el miércoles 27 de junio- el mismo diario publicaba otra noticia titulada “La Casa Blanca rechaza las citaciones del Senado a Cheney por escuchas telefónicas”. En ella informaba que la Casa Blanca apeló ese día a la separación de poderes “para rechazar las citaciones judiciales de un comité del Senado”. Y prosigue:
“La Casa Blanca apeló hoy a su poder ejecutivo para rechazar las citaciones judiciales de un comité del Senado al vicepresidente Dick Cheney y otros funcionarios por el caso de las escuchas telefónicas sin autorización judicial.
El Comité Judicial del Senado envió el miércoles varias citaciones judiciales al vicepresidente Cheney; a funcionarios de la Casa Blanca, el Consejo de Seguridad Nacional y el Departamento de Justicia en relación con el programa de escuchas instaurado tras los atentados del 11 de septiembre de 2001″.
En realidad, las citaciones judiciales son de los juzgados, no del Legislativo, aparte de otros varios errores del artículo que no detallaremos para no aburrir al lector y no extendernos ni en espacio ni en arrogancia. Pero hace falta insistir en estas cosas, sobre todo en un hecho importante que el lector atento a buen seguro pudo observar: ¿no le suena al lector esta noticia dada? Efectivametne, eso es así porque los datos de la operación se publicaron ya en el diario “The Washington Post” hace más de 35 años… en 1971. El lector interesado puede realizar aquí esa búsqueda histórica para recuperar los artículos. Si acaso, la noticia debería ser que se confirma la operación; presentarla como una revelación no es la forma más adecuada de hacerlo.
Diferencia de conducta
Por supuesto, los de El País no les van a contar cómo es que el periodista que los publicó fue tan exacto: el individuo en cuestión en esta operación, Roselli, tenía causas pendientes y para detener su deportación amenazó con revelar la operación contra Fidel Castro si no se le ayudaba para detener la deportación. La CIA descartó ayudar a Roselli, y éste reveló la operación a un periodista de “The Washington Post”, Jack Anderson.
Recuerden que, según un ministro español de 1988 a 1991, el siglo XX no se puede comprender sin la generosidad de los comunistas. Con la perspectiva que dan estas profundas, meditadas palabras, ¿cómo creen que se hubiese resuelto este problema de un tipo que va a revelar una operación secreta en el paraíso soviético?
Funcionarios revolucionarios, funcionarios sin tacha
“Giancana, conocido como Sam Gold, sugirió asesinar a Castro suministrándole algún tipo de píldora en la comida o la bebida, para lo cual captaron a Juan Orta, un funcionario cubano que tenía vínculos con Fidel.”
En realidad, Juan Orta recibía sobornos del mundo de los juegos de apuestas, según se recoge en los documentos publicados. Interesante omisión, otra vez, de “El País”.
Las consecuencias de no hacer los deberes
Con gran desconocimiento, los de “El País” tratan el “Archivo de Seguridad Nacional” como una organización gubernamental:
“Las intervenciones de la CIA durante todos estos años turbulentos se podrán consultar a partir de ahora en la web del Archivo de Seguridad Nacional estadounidense.”
Primero, cabe aclarar que es una organización privada sin ánimo de lucro, alojada en una universidad privada, la George Washington University. Un lugar muy apropiado, además, ya que el general Washington hacía uso frecuente de los servicios de espionaje durante la Revolución, los cuales él mismo dirigía muy estrechamente.
Segundo, la documentación también se puede consultar en el lugar donde se aloja quien la ha hecho pública, claro: la página de la CIA. El lector interesado, al menos algo más que los de “El País”, tiene acceso directo al primero de los documentos sobre Roselli, Castro y todos los detalles en la colección de documentos, concretamente en la página décima segunda de las 702 de dicha colección. Los lectores de “El País” harán bien en tener en disculpar a “El País” puesto que quizá no hayan querido consultar la versión de la universidad privada, dada su reiterada adhesión al sistema educativo gubernamental y su fuerte repulsa de los establecimientos educativos privados.
Falta de familiaridad con el sistema democrático liberal representativo
Posiblemente por abuso del término (”debería darles vergüenza democrática”, y lindezas por el estilo), los profesionales de El País, o los becarios que escriben por ellos, muestran falta de contacto con rudimentos de los sistemas democráticos. Más barbaridades:
“Desde su nacimiento a finales de 1947 -por orden expresa del entonces presidente de Estados Unidos, Harry Truman-, el mundo entero siempre ha sospechado de las oscuras actuaciones de la CIA.”
En primer lugar, en un régimen de gobierno popular es el parlamento (en este caso, el Congreso federal de Estados Unidos) quien crea una organización de este tamaño y características. No puede ser, como creen en “El País”, “por orden expresa” del presidente federal.
Modestamente, desde aquí proponemos al diario independiente y al profesional o becario que haya escrito esto, que harían bien enmendando este artículo por honestidad a sus lectores y que suplemente la frase con algo así: “Hubiese sido injusto y malvado que el mundo entero hubiese sospechado de las oscuras intenciones de otras organizaciones, como la KGB”. No es malo expresarse, no hay que contener las emociones. Y si uno es tan pro-soviético como para pensar así, según pinta la línea informativa sobre la CIA dada por “El País”, ¿por qué no añadir una frase como la sugerida?
Siempre preparados para traicionar y ayudar al enemigo generoso
“No obstante, a pesar de su intento de transparencia, los documentos desclasificados contienen tachaduras que impiden conocer con exactitud la totalidad de su contenido”, informa “El País”.
Esto es, no es posible ocultar nombres de personas o lugares, fechas, etc., de operaciones secretas. Si se hace así, se lesionan los derechos de las organizaciones bienintencionadas como, por poner un ejemplo, la sucesora de la mencionada KGB. Qué insensibilidad, no dar a conocer estos detalles…
Y todo esto un día después de publicarse en Estados Unidos. Tuvieron unas horas para leer lo que se había publicado y elegir lo que fuese correcto. En vez de eso, los escribidores -profesionales, becarios o algún despistado que por allí pasaba- eligieron lo peor y tradujeron (y traducen) mal.
Publicado por Diario de América el 09-07-2007 en www.diariodeamerica.com

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