"Ningún grupo puede actuar con eficacia si falta el concierto, ningún grupo puede actuar en concierto si falta la confianza, ningún grupo puede actuar con confianza sino se halla ligado por opiniones comunes, afectos comunes e interes comunes."
Edmund Burke

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Punto ciego de la fuerza blanda

Publicado por Valentí Puig el 17 de Julio de 2007 en American Review.
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El reparto de papeles resultaba de gran comodidad teórica: para los Estados Unidos, el «hard power»; para la Unión Europea, el «soft power». Así, la vieja Europa se quedaba con el coche-cama de la felicidad internacional, regalando caramelos, fondos de ayuda, diplomacia de buenas intenciones. Para Washington, decididamente belicoso y pendenciero, los mísiles, la intervención armada, la política del «cow boy», el tente tieso.

Desafortunadamente, esas cosas sólo funcionan en los libros. Lo dijo crudamente De Gaulle: «La disuasión existe desde el momento en que se puede herir de muerte al eventual agresor, y para ello hay que estar decididos y del todo convencidos». Por eso no habrá en mucho tiempo un concepto verosímil de defensa europea, porque no basta con tener un teléfono al que puedan llamar los Estados Unidos, como pedía Kissinger.Ni tan siquiera la institucionalización de un jefe de la política exterior europea es garantía de una voluntad concertada de ejercer presencia, poder, influencia y, si es necesario, la fuerza. Por el momento, nadie acepta ponerse al frente de una hipotética estrategia antiterrorista europea. La designación del diplomático holandés Gijs de Vries ha durado poco. Es revelador que eso ocurra en el momento en que los países europeos están más atemorizados por la amenaza terrorista de la «jihad». El modo actual de compartir la información de los distintos servicios de inteligencia nacionales tampoco es una muestra de confianza fraterna. La excusa por el retraso en la designación del jefe antiterrorista es que había un italiano con el perfil adecuado pero no habla bien el inglés.

En las formulaciones de su política exterior, la presidencia portuguesa de la UE acaba de dar un ejemplo de lo que no hay que hacer. Es el caso de un genocida como Robert Mugabe, atrincherado entre los despojos de este Zimbabue que fue aquella Rodesia. En lugar de amedrentar a Mugabe, la diplomacia portuguesa le está dando un respiro. Alfombra roja para Mugabe: en diciembre podrá asistir a la cumbre Europa-Africa, aunque hasta ahora la UE hubiese mantenido la prohibición de que Mugabe viaje, como ocurrió en la cumbre de hace unos años. En Lisboa piensan que levantar esa sanción contra un tirano tan conspicuo es lanzar un mensaje positivo al resto del África negra. Notable aplicación de la fuerza blanda en forma de parche «curalotodo». Es dar un paso atrás en lo que era una firmeza ya de por sí enclenque para ceder una vez más. Punto ciego del «soft power», entre la retina y el nervio óptico.

Incluso el arzobispo católico de Zimbabue ha pedido la intervención internacional para atajar los crímenes y la corrupción del régimen de Mugabe. La tasa de desempleo alcanza el 80 por ciento y la inflación -ese impuesto perverso y envilecedor- está en un 10.000 por ciento, según «The Guardian». El control de precios anda en manos de la soldadesca. Hay mucho hambre en Zimbabue. La libertad de expresión está en cotas mínimas. Una cosa es obtener la independencia y otra, vivir en libertad. Mugabe recurrió al marxismo-lenilismo, la vía redentora para Africa. En consecuencia, poco queda por robar. Para una política de «soft power», ahí está el caso de Mugabe, lacerante y monstruoso, para quien la culpa de todo -cómo no- la tienen el colonialismo y Occidente. El tumulto se adueña de las calles de Zimbabue, aptas para el saqueo y la desesperación. A su edad vetusta, Mugabe se mantiene en el poder porque ya liquidó a todos sus oponentes. No ha respetado ningún pacto ni compromiso desde que el Zimbabue de mayoría negra sustituyó a la Rodesia de minoría blanca.

En tales circunstancias, si el levantamiento de sanciones -impuestas por unas elecciones manipuladas y falta de respeto a los derechos humanos- que propugna Lisboa es por lo menos una torpeza, para Mugabe y sus numerosos imitadores será una visado para la impunidad. Reducir la presión sobre el régimen de Zimbabue induce a una representación blanda de la UE. La Unión Europea queda así como quien envía dinero a cambio de nada, amenaza pero no ejecuta, existe pero no actúa, exige pero no obtiene. Incluso el «soft power» es algo que hay que tomarse muy en serio.

Publicado por Valentí Puig el 16-07-2007 en www.abc.es

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