Las ofensas al Rey, una consecuencia lógica
Las ofensas que en los últimos días se han realizado contra la Corona han puesto de manifiesto la preocupación de un amplio sector de la sociedad sobre la institución monárquica (…)
Las ofensas que en los últimos días se han realizado contra la Corona han puesto de manifiesto la preocupación de un amplio sector de la sociedad sobre la institución monárquica y el cumplimiento del Estado de Derecho. Un debate interesante es el de la conveniencia de prestar atención a este tipo de actos y de cómo estos hechos deben ser tratados en los medios de comunicación. Es posible que la atención dedicada a los primeros ataques haya sido exagerada; la trascendencia de las viñetas de El Jueves hubiera sido nula de no ser por el sorprendente e ineficaz secuestro de la revista. Sin ir más lejos, en Madrid se viene quemando cada 20 de noviembre, de manera casi ritual, una bandera de España en la Universidad Complutense ante la pasividad de las autoridades y el desconocimiento absoluto, gracias a Dios o por desgracia, de la población en general.De la notoriedad mediática que han alcanzado los ataques republicanos se podría culpar a una Derecha instigada por sus líderes que, esperanzada en la persecución penal de semejantes hechos, se hubiera esmerado en darlos a conocer, habiendo incurrido, una vez más, en su característico pecado de ingenuidad. Y digo pecado porque cuando se tiene tan grave responsabilidad en el devenir de la nación, supone jugar en el límite de la candidez el pensar que una vez voceados y denunciados tales hechos ante la opinión pública sus autores serán perseguidos. Llama la atención cómo se alarman los políticos populares por la impunidad con que se cometen estos actos, pero llama más la atención el poco alarmismo social que suscitan las constantes ofensas que periódicamente, y de modo cada vez más frecuente, se vierten sobre la Fe, los símbolos y las creencias religiosas de la mayor parte de los españoles.
De la destrucción de España durante esta legislatura parece que ya nadie duda. España se hunde, sí. Pero los ataques a la Corona no son sino la consecuencia lógica de todo lo que ha ocurrido con anterioridad. ¿Acaso creían los postmodernos arquitectos políticos que tolerándose el constante ultraje a la Fe mayoritaria de los españoles, la monarquía quedaría ilesa de ataques? ¿Pensaban que después del incesante combate a las creencias de los católicos la monarquía sería capaz cargar, por sí sola, con la unidad de la nación? Pensaban eso, supongo, igual que esperaban que subsistiera la solidaridad habiéndose pisoteado previamente la Caridad. La solidaridad, me temo, ya ha caído. Olvidan que una vez se ha permitido la impunidad de las actuaciones contra algo mucho más sagrado como es la religión de millones de ciudadanos, lo que también está tipificado penalmente, huelga el juicio y la alarma sobre las ofensas al Rey. Esperemos, sin embargo, que no sea tan tarde como para haber perdido también la esperanza.
Publicado por Yulen Ariza Rossy el 16-10-2007 en www.fundacionburke.org

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