A sangre y fuego: se recupera un gran autor
A sangre y fuego es la primera novela de la trilogía de Sienkiewicz, que abarca, en las tres novelas, el periodo que va desde 1648 a los últimos años del siglo XVII, con el reinado de Juan III (Juan Sobieski).
Henryk Sienkiewicz (1846 - 1916) es el quinto Premio Nobel en la historia del galardón (1905) y el primero de Centroeuropa y de Europa del Este. El genio de este escritor polaco consiste sobre todo en el hecho de saber conceder a sus escritos dos rasgos que no son nada fáciles de reconciliar: la erudición –los vastos conocimientos históricos y lingüísticos– con un estilo muy atractivo y asequible, que le convierte en un escritor a la vez culto y sumamente popular. Llega a la fama mundial gracias a Quo vadis? (1896), la historia de las persecuciones de los primeros cristianos en la época de Nerón, que cuenta con seis adaptaciones cinematográficas, la más conocida con Rod Taylor del año 1951. Pero su enorme popularidad en Polonia es anterior a la aparición de Quo vadis? y se debe precisamente a su gran trilogía histórica, compuesta por: Con sangre y fuego (1884), El diluvio (1886) y El héroe polaco (1888), títulos que se encuentran entre los más grandes superventas de toda la literatura polaca.En esta obra, Sienkiewicz combina magistralmente acontecimientos reales sucedidos en el dramático siglo XVII, lleno de guerras, insurrecciones, traiciones y alianzas –en el primer volumen Polonia se enfrenta en una gran guerra contra los cosacos y los tártaros– con las historias personales de sus protagonistas. El primero de ellos es el caballero Juan Kretuski un modelo de soldado impecable cuyo lema es “patriotismo, fe y honor”. Kretuski mantiene un duelo permanente por la mano de la bella dama Helena contra su feroz rival Iván Bohun, uno de los atamanes (caudillos) del ejército cosaco. Entre los compañeros y amigos de Kretuski destaca la emblemática figura de Zagloba, un noble polaco viejo y corpulento, jovial, jocoso, guloso y siempre acompañado de una copa de aguardiente; su tendencia permanente a la megalomanía junto con su buen corazón, la devoción por los amigos y un sincero amor por su patria constituyen el modelo del verdadero sármata, el hidalgo polaco de la época barroca que usa el latín como señal de identidad cultural y se caracteriza por su inquebrantable catolicismo y su convicción absoluta de la misión de Polonia y, en especial, de su casta de hidalgos polacos, elegidos como defensores del mundo occidental cristiano. Este personaje encarna el gran sentido del humor de Sienkiewicz, quien, por lo demás, combina su auténtico patriotismo y su reivindicación de la independencia para su país -recordemos que al escribir la trilogía, en los años ochenta del siglo XIX, Polonia no existe como estado ya que lleva cien años bajo la ocupación de los tres imperios colindantes: Rusia, Prusia y Austrohungría- con una reflexión crítica e irónica acerca del egoísmo, la anarquía y la miopía política de la aristocracia polaca del siglo XVII.
En conclusión, la editorial Ciudadela Libros pone en manos del lector una novela en la que cada uno puede encontrar algo atractivo: grandes pasiones, como el amor y el odio, para los amantes de la novela romántica; una intriga compleja y una acción vertiginosa llena de duelos a muerte y de actos de sacrificio en nombre de la amistad, típicas de la novela de capa y espada; y, finalmente, para los aficionados a la historia, una gran cantidad de datos sobre uno de los momentos decisivos del proceso de configuración política de los principales actores de esa zona, como Rusia, Polonia, Lituania o Ucrania. Desde el punto de vista de la crítica literaria de Polonia, se suele considerar la trilogía de Sienkiewicz la epopeya nacional polaca. Pero desde la perspectiva de un lector occidental quizás podría hablarse de una epopeya de la Europa del Este en transición hacia la época moderna. Y este es, sin duda, uno de sus principales atractivos.
Publicado por Marcin Kazmierczak el 08-11-2007 en www.hispanidad.com

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