Menos para el Estado, más para nosotros
Los trabajadores exigen que el esfuerzo fiscal baje considerablemente, porque muchos no llegan al fin de mes.
“El Gobierno puede administrar mejor nuestro dinero con políticas públicas”. Esta afirmación la hizo recientemente un periodista en un programa de televisión al debatir la bajada de impuestos que se ha propuesto en la precampaña electoral. El informador implícitamente admitía que prefiere dar la mitad de su salario anual en impuestos al Gobierno, a administrarlo él mismo de acuerdo con sus preferencias. Y digo la mitad, pues si cada año tiene que pagar un cuarto de sus ingresos a través del IRPF y de lo restante, otro tanto de impuestos indirectos (IVA, gasolina, alcohol, etc.) más las tasas locales… el Gobierno se está quedando con la mitad de su sueldo.Esperamos que esta afirmación sea una bravuconada, algo dicho sin pensarlo. Porque, ¿quién mejor que uno mismo conoce sus propias necesidades? Trazando un símil, es como si nuestro reportero tuviera que pagar a un despótico señor feudal la mitad de todo su trabajo para que a cambio le diera una protección que en no pocas ocasiones se puede calificar como deplorable: transporte imposible, inseguridad ciudadana, hospitales con inaceptables listas de espera, educación de sus vástagos en la barbarie, por no hablar de la clásica burocracia del “vuelva usted mañana”. Por cierto, la masa de funcionarios crece en España exponencialmente, a costa de nuestro dinero y realizando cada vez menos tareas.
En una Europa en la que no hay fronteras y en una España con una elevada carga fiscal, las empresas y los particulares se deslocalizarán hacia países más favorables y dañarán a nuestra economía, que ya se encuentra tocada y con signos de enfriamiento. Sin embargo, estamos a tiempo de corregir esa tendencia con una reforma fiscal que haga más atractivo nuestro país a las empresas extranjeras y más fácil trabajar a los españoles. Tal y como pretende Nicolas Sarkozy. El presidente francés quiere acabar con el inmenso gasto público de la República para hacer una Francia más ágil, con menos impuestos, que pueda afrontar mejor la competencia internacional y evitar así que una cifra nada desdeñable de sus compatriotas sean exiliados fiscales, justo como lo son bastantes de nuestros deportistas de élite.
Así pues, menos funcionarios, menos gasto público y menos robo a nuestros bolsillos. Los trabajadores exigen que el esfuerzo fiscal baje considerablemente, porque muchos no llegan al fin de mes. Valga recordar como ejemplo la importante manifestación que, en contra de unos impuestos abusivamente altos, colapsó recientemente la ciudad de Salamanca.
Yo no votaré en marzo a un partido político que no tenga en su programa de gobierno una gran bajada de impuestos. Queremos lo que es nuestro, nada más.
Publicado por Félix Domínguez-Capell el 04-12-2007 en www.elsemanaldigital.com

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