El socialismo como antesala del islam
El pasado septiembre los norteamericanos recibieron un mensaje contra el colonialismo, la globalización, el sistema capitalista, las grandes corporaciones, el préstamo con interés, los neocons, la guerra de Vietnam, la Inquisición y el calentamiento global. En definitiva, una buena síntesis de manías socialistas apoyadas en citas de Noam Chomsky. Ahora bien, el mensaje no proponía el socialismo, sino el islam. Y lo firmaba Osama Ben Laden.
Aunque el socialismo se presenta como doctrina de librepensamiento, progreso y secularización, es decir, como la aparente antítesis del islam, las afinidades entre ambos son notables. Durante un tiempo, cuando el musulmán bolchevique Sultán Galiyev trabajaba para extender el socialismo a las poblaciones islámicas a través de los tártaros, pareció que el islam sería un instrumento de la expansión mundial del socialismo. Pero el fenómeno se invirtió tras la caída del muro de Berlín, y el socialismo puede convertirse ahora en la antesala del islam en Occidente.El socialismo es una ideología y el islam una religión, pero eso no entorpece sus mutuas conexiones. Hace tiempo que Proudhon mostró la naturaleza teológica del socialismo, y desde Mahoma hasta Sayyid Qutb el islam funciona como una ideología. Es legítimo, pues, comparar socialismo e islam. Por otro lado, se dirá que ambos son polifacéticos, con versiones radicales y moderadas. Pero hay acuerdo entre los dogmas fundamentales de las tendencias mayoritarias, cuyas diferencias no son de partitura, sino de ritmo, volumen e instrumentos. El yijadismo resuena con fuerza en los principios del islam tradicional, y la mentalidad iluminista y revolucionaria del s.XVIII pervive en la secularista socialdemocracia occidental. A pesar de sus matices, es posible definir socialismo e islam con bastante precisión.
Comparemos los fines de ambas doctrinas. Rousseau y Mahoma están de acuerdo en la bondad primigenia del hombre. Su naturaleza está sana y libre de pecado original, pero la sociedad lo corrompe. Sólo la expansión de ciertas estructuras políticas colectivas, ya del socialismo, ya de la comunidad islámica o umma, pueden asegurar la paz y el bienestar de toda la humanidad. Por eso islam y socialismo proponen el establecimiento de una utopía terrenal a golpe de Corán o Código Civil. La utopía socialista se ha llamado falansterio, comunismo, socialismo bolivariano o alianza de civilizaciones; la musulmana se llama dar al-islam y su ley es la sharia. Cualquier alternativa, especialmente la cristiana, debe combatirse por opiácea e impía. No es difícil imaginar cómo la concepción del hombre, el anhelo utópico y la manía anticristiana pueden convertirse en tobogán socialdemócrata hacia el mahometismo.
Tanto en el socialismo como en el islam, los medios para alcanzar estas promesas liberadoras pasan por la revolución y su necesaria ración de violencia. Ésta parece inherente al socialismo y a su sangrienta historia, desde la guillotina hasta el gulag. Los “grupos de liberación” terroristas, el aborto invisible, la silenciosa eutanasia y la liquidación de embriones representan lo mismo con estética socialdemócrata post-Cheka. En el lado islámico, es revelador que el año cero del islam -la hégira- recuerde el pacto entre Mahoma y los caudillos de Medina para guerrear contra La Meca; de ahí la reflexión de Donoso sobre una religión que “lleva en la punta de su espada todos sus milagros, todos sus argumentos y todos sus testimonios”. También hoy el revivir islámico predicado por Maududi o Jomeini recomienda la espada como medio para alcanzar la emancipación en el islam de los débiles y oprimidos de todo el planeta. El acuerdo práctico de socialistas y musulmanes en que el buen fin justifica los malos medios preanuncia mayores colaboraciones.
La mezcla de los fines y medios antedichos desemboca en el totalitarismo, donde se encuentran de nuevo socialismo e islam. Han pasado Fouché y Stalin, pero la alteración de la realidad, el sacrificio de las partes por el todo, el miedo paralizante de lo políticamente correcto, el progresismo, la destrucción de la familia, la ideologización de todos los ámbitos sociales, la omnipresencia del Estado, la soledad y el sentimiento de impotencia predominan en el Occidente socialdemócrata. En cuanto al islam, es sabido que nunca separó a Dios del César, que la aqida o credo religioso musulmán abarca todo aspecto de la existencia, y que casi siempre es utilizada por el gobernante de turno para controlar los detalles de la vida familiar y social. La convergencia de islam y socialismo español en el camino totalitario es manifiesta, por ejemplo, en la ley socialista antifamiliar de divorcio-repudio, la ley de culto de molde saudí promovida por el tripartito catalán, o la promoción de la Educación para la Ciudadanía en las escuelas-madrasas españolas.
Hemos comprobado que las afinidades en los fines, medios y consecuencias de socialismo e islam son más profundas de lo que muestran los mensajes de Al Qaida, los seminarios sobre el Che organizados por Ahmadineyad, la conversión al islam de comunistas como Roger Garaudy y Mansur Escudero, o la admiración del PSOE por Tariq Ramadán y la Alianza de Civilizaciones. Pero la sintonía de medios y fines no será la causa principal de la convergencia entre socialismo e islam. Como ya vio Tomás de Aquino, la utopía o “promesa de deleites” y la revolucionaria “violencia de las armas” no bastaron para extender el islam. Fue necesario un “creer a la ligera”, un debilitamiento intelectual que aislara la fe de la razón. De manera semejante, el secularismo que aísla la razón de la fe parece el rasgo distintivo del socialismo. Y tal vez sea este común raciocinio defectuoso lo que más facilite la alianza entre islam y socialismo en el s.XXI.
Publicado por Guillermo Elizalde Monroset el 09-01-2008 en www.fundacionburke.org

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