Mirando para otro lado
Las cifras son este año nuevamente escandalosas: en España se han practicado más de 100.000 abortos quirúrgicos “declarados” a la Administración Sanitaria. De ellos, el 98% son “ilegales”.
Las cifras son este año nuevamente escandalosas: en España se han practicado más de 100.000 abortos quirúrgicos “declarados” a la Administración Sanitaria (no se olvide que más del 50% de los realizados no se declaran oficialmente). De ellos, el 98% son “ilegales”, es decir, están fuera de los supuestos que la Ley ha previsto como no susceptibles de sanción para quienes lo practican o consienten a ello. Formalmente se realizan amparados por unos informes -la mayoría firmados en blanco o antedatados- que respaldan el fácil recurso de afección psíquica de la madre, a la que no sólo no se la informa de las alternativas legales al aborto sino que ni siquiera se las toma el “consentimiento informado” que manda la ley. Se les hace creer que decidiendo ellas mismas sobre “su cuerpo” son “más libres”, lo que poco importa a los magnates de este pingüe negocio que tras “la intervención” dejan a las madres que han abortado totalmente desasistidas y sumidas en depresiones que no logran nunca superar, como ponen de manifiesto la voces de las que han decidido romper con el silencio de su vergüenza o sentimiento de culpabilidad. Y esto, que se viene denunciando por activa y por pasiva, lo sabe todo el mundo. Las autoridades prefieren mirar para otro lado, permitiendo el fraude y el ilícito negocio de unos pocos desalmados, además de la destrucción de una sociedad que ha perdido toda referencia moral y que ignora el derecho de los más débiles e indefensos a vivir. Al fin y al cabo, los abortos que se declaran tienen los informes firmados por un psicólogo y esto basta.Ha tenido que ser el reportaje de una televisión danesa, demostrando la realidad del aborto libre en España, y la filmación a hurtadillas de lo que se cuece en estas clínicas de la muerte, donde se practican abortos de más de 26 semanas de gestación -bebés que pueden vivir perfectamente ya fuera del seno materno-, las que han puesto al descubierto como noticia que en España no se cumplen ni siquiera los permisivos supuestos legales de no sanción. Sí, la gente ha empezado a escandalizarse; pero sólo ante lo tremebundo de la noticia de la trituradora del cráneo cuando debido al tamaño del bebé se obstruye la aspiradora que lo succiona. Pero el problema y la realidad del aborto es otra. No atenderla es otra vez mirar para otro lado.
Además de un negocio millonario que ha convertido a España en un país donde se realiza el turismo del aborto, sin límite alguno, aunque sea pagando en negro y sin factura (aquí los del Fisco también prefieren mirar para otro lado) la del aborto es una realidad que se oculta a propósito: el drama de unas madres a las que el sistema, sin ayudas a las familias más necesitadas, alienta a no tener hijos, que la impidan “vivir a tope sin preocupaciones”, aunque para ello haya que exterminar no sólo a los que van a nacer con el síndrome de Down o cualquier otra “malformación” sino a los que “en este momento” no convenga dar a luz. El reciente cierre de cinco “clínicas” del aborto en Madrid y Barcelona y las últimas detenciones de quienes sin ningún escrúpulo han participado en esta matanza son el preludio de un lento despertar de la conciencia social en este tema. Pero no hemos de equivocarnos: el mal de fondo no está en “la falta de garantías de salubridad para la madre” sino en el desprecio tan absoluto por la vida de los no nacidos, de todos, no sólo la de aquellos que pasan por la trituradora. Lo contrario es no encarare con el drama y volver a mirar para otro lado.
Publicado por Santiago Milans del Bosch el 18-12-2007 en www.fundacionburke.org

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