"The great enemy of the truth is very often not the lie —deliberate, contrived and dishonest— but the myth —persistent, persuasive and unrealistic—"
John F. Kennedy

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El voto tiene un precio

Publicado por Ignacio Sánchez Cámara el 30 de Enero de 2008 en Política y Sociedad.
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Para devolver, lo mejor es no recaudar, y si el Estado no necesita esos 400 euros por persona, ¿para qué los recauda? Pero todavía es posible añadir algo previo. El Estado no da nunca nada porque no posee más recursos que los ajenos.

El periodo preelectoral no es el mejor momento para la moralidad política. Acaso no difiera demasiado del resto, pero se nota un poco más. Nadie está libre de culpa, y el Partido Popular podría haber evitado sexistas discriminaciones positivas y promesas concretas de empleo y crecimiento económico. Tratándose de hechos que dependen de factores mucho más complejos que la mera política del Gobierno (por lo demás, los Ejecutivos no crean empleo; si acaso, lo favorecen), bastaría con anunciar las medidas y evaluar sus consecuencias previsibles. Pero el PSOE ha rebasado todos los límites, hasta alcanzar la repulsa general, la unanimidad casi imposible. Nadie lo apoya. Al parecer, ni siquiera se apoya a sí mismo.Tal vez, el presidente del Gobierno se acoja a la atenuante de estado de nerviosismo extremo. La promesa de devolver a los españoles 400 euros si sale reelegido ha superado los límites, por lo demás generosos, de la desvergüenza política tolerada. Esto es intento de pura compra de votos. Los calificativos no han podido ser más unidireccionales y contundentes. Se ha tildado la promesa de caciquil, electoralista, populista, injusta, absurda, frívola e irresponsable. Contra ella cabe argumentar casi todo. Para empezar que para devolver, lo mejor es no recaudar, y si el Estado no necesita esos 400 euros por persona, ¿para qué los recauda? Pero todavía es posible añadir algo previo. El Estado no da nunca nada porque no posee más recursos que los ajenos. Puede dedicar dinero a unas cosas en detrimento de otras, pero no da nunca nada suyo. Y si devuelve es porque recaudó más de lo que precisaba. Además, devuelve lo mismo a ricos y pobres, y excluye a autónomos. Apoteosis socialista y vértigo de la justicia distributiva y de la progresividad fiscal.

La repulsa ha sido general. Por supuesto, la oposición: va de suyo y, en este caso, como en tantos, con toda razón. Pero los aliados de Rodríguez Zapatero lo han dejado en este caso solo, hasta su simpático apéndice de Izquierda Unida. Convergencia y Unión estudia llevar la propuesta a la Justicia electoral. Y no sin motivo, porque estamos ante un intento de compra de voto. Los sindicatos lo rechazan. No hace falta una mirada muy atenta para comprobar que, incluso en las filas socialistas, ha cundido la perplejidad. Pero he dejado para el final el calificativo que me parece más preciso, si bien es mero corolario de todo lo anterior. A mí, esto de los 400 euros me parece una pura inmoralidad, que en una nación educada llevaría al batacazo electoral de su autor. Claro que, bien mirado, acaso piense que, dado el estado de su credibilidad, nadie va a creérselo, con lo que la cosa no es para tanto. Una mentira emitida a sabiendas de que el receptor la va a reconocer como tal mentira, deja de serlo para convertirse en un guiño cómplice.

Una última consideración. Nuestros políticos, o muchos de ellos, no acaban de enterarse de que las elecciones son legislativas y no presidenciales, de que estamos en un sistema parlamentario. En este sentido, los partidos presentan programas y candidatos, especialmente su candidato a la presidencia del Gobierno, pero muchas promesas son extemporáneas, por su concreción, si se considera que el futuro Gobierno quizá dependa de la coalición de dos o más partidos. Se dirá que las promesas se formulan para el caso de que se obtenga mayoría absoluta, pero, en cualquier caso, está fuera de lugar en quien no va a ser designado directamente como presidente del Gobierno. En una spaghetti-democracia, no es extraño que algunos prometan un puñado de euros, ni que el voto tenga un precio.

Publicado por Ignacio Sánchez Cámara el 30-01-2008 en www.negocios.com

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