"To be conservative is to prefer the familiar to the unknown, to prefer the tried to the untried, fact to the mistery, the actual to the possible, the limited to the unbounden, the near to the distant, the sufficient to the superabundant, the convenient to the perfect, present laughter to utopian bliss."
Michael Oakeshott

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La lección canadiense

Publicado por Ángel Expósito Correa el 22 de Febrero de 2008 en American Review.
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Cómo se pueden ganar las elecciones con un programa conservador aprovechando las políticas de la izquierda.

El 6 de febrero de 2006 se constituyó el nuevo gobierno canadiense de la mano de Stephen Harper, candidato del Partido Conservador, a pesar de que las elecciones no le hubieran otorgado la mayoría absoluta. Con su victoria derrotó una izquierda que había gobernado durante trece años y confirmó - a ejemplo de las presidenciales americanas de 2004 - que es posible ganar unas elecciones con un programa neoconservador en política exterior (esto es, conscientes que las fronteras de Occidente se defienden interviniendo allí donde se presentan los peligros) y de “conservadurismo compasivo” (defensa de la vida, de la familia, de la identidad e historia nacional, principio de subsidiariedad, etc.) en política interior.A menudo se considera a Canadá más próximo a Europa que a Estados Unidos, y de hecho en el 2005 fue aprobado el “matrimonio” homosexual cuando en 2004 el mismo fue rechazado por mayorías abrumadoras en once Estados de los Estados Unidos. Sin embargo, los sondeos demuestran que en Canadá (como en España) un número importante de electores no aprueba la unión “matrimonial” entre personas del mismo sexo. El punto ha sido uno de los temas de la campaña electoral del Partido Conservador y Harper ha anunciado que solicitará la abrogación de la ley. Quizás en el parlamento no hay la mayoría necesaria para su abrogación, lo cual, con toda probabilidad, le obligaría a pasar a una segunda fase, esto es, a convocar un referéndum popular.

Por otra parte, también han fracasado las maniobras para presentar a Harper como un “meapilas” manipulado por las denominaciones evangélicas más conservadoras cuando ha anunciado que no modificaría la ley del aborto, sino que trataría de aplicarla también en las partes que prevén medidas preventivas y disuasorias con el fin de reducir el número de abortos en lugar de multiplicarlo. Lo cual, a pesar de dejarme cierta insatisfacción ya que considero el aborto como un crimen abominable - cuando no como un auténtico genocidio digno de un severísimo Juicio de Nuremberg -, representa un primer paso hacia un cambio de actitud respecto del aborto: ya no es una “conquista civil”, sino un mal que hay que tolerar, y en la medida de lo posible, evitar. Ello sin contar las muchas víctimas inocentes que se conseguiría salvar si de verdad hubiera un compromiso serio y firme de utilizar todos los recursos que la ley ofrece para prevenir y/o disuadir, y para castigar los abusos y las ilegalidades (nuestras clínicas abortistas nos aleccionan al respecto…).

Repito: no es nada más que un primer paso en la justa dirección ya que la batalla a favor de la vida ha de proseguir hasta que el aborto en todos sus supuestos sea una mala pesadilla de la historia.

Otro de los problemas que ocupó el centro de la escena durante la campaña electoral canadiense fue el de la inmigración y el de la multiculturalidad. Canadá vive de inmigrantes y está orgullosa de la pacífica convivencia entre culturas distintas, las cuales, a pesar de sus diferencias, hallan en la identidad nacional canadiense su elemento de unión. La izquierda, sin embargo, ha confundido el recurso de la multiculturalidad, que es antes que nada un hecho, con la ideología de un multiculturalismo exasperado, según el cual todos los sistemas de valores - ya sean o no conformes a la historia y a la Constitución del país - tienen que ser acogidos sin más.

El símbolo de este multiculturalismo exasperado ha sido la ley de la Provincia de Ontario que permitía a los cónyuges musulmanes que lo desearan remitir las controversias en materia de derecho familiar a tribunales coránicos que aplicarían la ley islámica. La ley ha sido paralizada por el veto del gobernador de Ontario, pero ha sido merced a estas “escapadas” multiculturalistas de la izquierda que Harper ha jugado inteligentemente su partida proporcionando una sonora derrota a la izquierda.

Una lección esta última que sirve también para España, donde temas como los “matrimonios” homosexuales, la jurisprudencia sobre las uniones civiles, las políticas anti-vida, el proyecto socialista-nacionalista de destrucción de la unidad histórica, cultural y religiosa de España, las políticas sesentayochistas y multiculturalistas en cuestiones como el islam o la inmigración, etc., merecerían toda la atención por parte del partido de la oposición, en lugar de la indecisión, ambigüedad y confusión que ha mostrado hasta ahora.

No basta, por ejemplo, con oponerse tibia y contradictoriamente a los Estatutos “nacionales” (cuando al mismo tiempo sus representantes elaboran o aprueban otros que son un calco de los criticados), o presentar en el último momento un recurso al Tribunal Constitucional - sin la firma del presidente del partido - contra el “matrimonio” homosexual (mientras - sólo por poner un ejemplo más de los muchos que se podrían poner - dirigentes homosexuales regionales y nacionales se “casan” con el beneplácito y/o silencio de las direcciones locales y nacionales). Sin contar, además, con las últimas declaraciones de Rajoy, según las cuales de cambiar algo, cambiaría solamente el término “matrimonio” ya que dejaría intacto el contenido de la ley con sus “derechos”, incluido el de la adopción.

Como tampoco es suficiente decir que hay que “cumplir la ley” en el tema del aborto. En los últimos meses ha vuelto a saltar a la palestra pública; pues bien, tras el clamor de horror suscitado por las noticias que iban filtrándose a los medios de comunicación (abortos al séptimo mes, incumplimiento constante de la misma ley, trituradoras de niños inocentes, etc.), ¿cuál ha sido la reacción del PP? Pedir que se cumpliera la ley…. Ahora bien, al margen que es precisamente a causa de la ley vigente (merced al coladero para todo tipo de prácticas abortivas que supone el supuesto “peligro físico o psíquico de la madre”) que se dieron los hechos que tanto clamor han levantado, ¿no hubiese sido oportuno que el PP se planteara, por ejemplo, pedir una moratoria del aborto, siguiendo en esto la estela de lo ocurrido en Italia con la petición de Giuliano Ferrara (agnóstico, pero sensible “a la idea de verdad”) desde su programa de televisión de tal moratoria a raíz de la aprobada por la ONU sobre la pena de muerte? ¿No hubiese sido oportuno acaso suspender los conciertos autonómicos con las “clínicas” abortivas en las comunidades donde gobierna el PP? ¿No hubiese sido oportuno apelar a la investigación científica sobre el feto donde se demuestra que éste es un nuevo ser humano desde la misma concepción, y así solicitar la aplicación de tales descubrimientos a la legislación del Estado? ¿No hubiese sido oportuno recoger en el programa electoral una serie de medidas de apoyo a las asociaciones que se ocupan de asesorar, ayudar y buscar soluciones a las madres tentadas por el aborto para que no lo lleven a cabo? Todo ello, y más, con la finalidad de ir hacia la abrogación absoluta y completa del genocidio del aborto.

Todo lo anterior, sin contar la contradicción que representa tener como único referente a la Constitución vigente, obviando sus ambigüedades, sus contradicciones, sus silencios, unas veces causada por la ingenuidad, otras por el oportunismo. Pues bien, hasta que el Partido Popular no se decida a abandonar el vacío doctrinal que le aboca al suicidio, la Derecha española se verá abocada a buscar nuevas formas de representación y actuación siempre a remolque de una iniciativa que no es suya.

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