Fe, razón y la guerra contra el yijadismo
Para muchos, la lección de Benedicto XVI en Ratisbona se quedó en una imprudencia que provocó la ira del islam y azacaneó el choque de civilizaciones. Pero las palabras del Papa impresionaron en los ámbitos intelectuales más despiertos. En EEUU, el influyente Padre Neuhaus acuñó la expresión “el Momento de Ratisbona”, y George Weigel aclamó la intervención como un hito del pontificado.

Precisamente a Weigel le venía preocupando la miopía estadounidense con respecto al 11-S. EEUU –avisaban sus artículos- no podía proseguir el “veraneo de la historia” que se tomó desde el fin de la Guerra Fría; y las dudas sobre la naturaleza del nuevo conflicto y
Lo primero, dice Weigel, es aceptar que el modelo secularista no sirve para explicar el mundo tras el 11-S. Ni desaparece el impulso religioso bajo el avance de la modernidad, ni la pobreza es causa primera del terrorismo islámico, apenas activo en los 49 países menos desarrollados del mundo. Para comprender la nueva amenaza es preciso tomar en serio la religión como fuerza dinámica de la historia, redescubrir que las grandes cuestiones humanas tienen un fondo teológico. Esto ayudará a eliminar equívocos tan oscurecedores como el de las “tres religiones del Libro”, y aclarará que ni por su concepto del hombre, ni por la naturaleza de Alá, ni por el valor atribuido al Corán, puede el islam formar legítimo trío con el judaísmo y el cristianismo.
Podremos entonces –dice el teólogo de Baltimore- identificar al nuevo enemigo: el yijadismo, una ideología religiosa que persigue la sumisión mundial al islam. Para el autor, el yijadismo sintetiza dos tradiciones musulmanas: la predicación de Ben Taymiya contra el islam tibio en el s.XIV, y la comprensión hipervoluntarista de la naturaleza divina, recuperada por Sayid Qutb y mencionada por
Weigel cree que el conflicto yijadista obliga a “reconsiderar el realismo” en política internacional. Su propuesta es un realismo que no descarte cambios en la situación mundial, un “realismo genuino que acepte el mundo como es, pero que no lo deje como está, especialmente cuando hacerlo es suicida”. El objetivo político en el mundo islámico debe ser la evolución hacia estados “responsables y receptivos”, como se está intentando en Iraq. La diplomacia eficaz para lograrlo no será el apaciguamiento preventivo que fracasó con Hitler; tampoco la disuasión atómica que funcionó con la URSS, porque esta vez el yijadismo acudirá a inmolarse en la destrucción mutua asegurada. Más bien es necesario incentivar los cambios de régimen y, sobre todo, iniciar un proceso definitivo de desarme nuclear. Weigel llama a que todas estas líneas estratégicas se plasmen en un nuevo NSC-68, el documento que redactó Paul Nitze para responder a la amenaza soviética.
Una vez identificado el enemigo y reajustada la política exterior, Weigel recomienda que Occidente emprenda acciones para merecer la victoria. Lo más urgente, dice el autor, es abandonar el relativismo y recuperar la confianza cultural. Eso permitirá resistir la “táctica del salami”, que arranca pequeñas concesiones en nombre de la tolerancia y provoca a la larga erosiones en la libertad y la seguridad occidentales. Al mismo tiempo, la política exterior de EEUU debe pasar a la ofensiva y promover la libertad religiosa en los países musulmanes, mientras se desarrollan alternativas energéticas al petróleo que acaben con la financiación indirecta del wahhabismo. Finalmente, Weigel propone una coalición entre derecha e izquierda, similar a la que Truman y Vandenberg formaron al inicio de la guerra fría. Y esto sólo será posible si EEUU descubre en
Hay poco que objetar a las clarividentes lecciones de Weigel. Sin embargo, es significativo que acepte sin apenas glosa el optimismo histórico de Bernard Lewis sobre la capacidad islámica para la tolerancia, o las conclusiones de Mary Habeck con respecto al carácter “innovador” del yijadismo. Siendo Weigel defensor del binomio “vuelta a las raíces-aggiornamento” como fórmula para reencauzar el islam, sorprende que no vea que justamente ésta parece ser la explicación del auge yijadista: una actualización de la violencia islámica, una recurrencia histórica connatural al islam, padecida en la España de las hordas almorávides, almohades y benimerinas.
También podría discutirse por qué a veces Weigel parece subordinar el cristianismo al “freedom project” estadounidense. O por qué no descubre el vínculo entre relativismo y razón de estado. O su propuesta “realista” en política exterior, en realidad no muy diferente de la visión de Kissinger, y vinculada a la tradición estadounidense de entreverar realismo e idealismo. En cualquier caso, no parece prudente desoír la llamada de Weigel, porque la guerra contra el yijadismo puede ser la prueba definitiva para resolver si lo que queda de Occidente tiene todavía fuerzas para redescubrir la síntesis vivificadora entre fe y razón, entre evangelio y logos. O si prefiere, en su soberbia secularista, sucumbir bajo el rábido islam.
WEIGEL, George: Faith, reason, and the war against jihadism. A call to action, Doubleday, Nueva York 2007, 195 páginas, ISBN 978-0-385-52378-3

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