"Nadie mirará hacia una posteridad que nunca mira hacia sus antecesores."
Edmund Burke

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La maquinaria socialdemócrata

Publicado por Armando Zerolo Durán el 5 de Marzo de 2008 en Política y Sociedad.
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El periodo electoral que se abre cada cuatro años es un momento especialmente doloroso para las personas que aman la libertad.

Lo que por algunos se plantea como la fiesta de la democracia, otros lo ven como un sacrificio pagano en el que su sangre es ofrecida a la mítica socialdemocracia.

La democracia, que en sentido estricto es la participación del pueblo en la política, es hoy un procedimiento instrumental al servicio de la lógica estatal. Cuando votamos no elegimos a nuestro representante -eso es una ficción que pocos se creen ya-, sino que ponemos a un maquinista a los mandos del mecanismo. Sólo elegimos al conductor, pero la máquina siempre es la misma y ella decide el rumbo.  

Efectivamente, una vez que el Estado ha sido reconocido como realidad política, que se afirma como imprescindible y que se ha situado en el centro de nuestras vidas, entonces todas las fuerzas humanas quedan a su servicio. De ahí que Schumpeter diga con razón que “si la hacienda ha creado, y en parte formado, el Estado moderno, ahora el Estado, por su parte, forma a la hacienda y la extiende ampliamente dentro de la carne de la economía privada.” 

Cuando las fuerzas políticas discuten sobre los servicios y prestaciones sociales o sobre la “ampliación de derechos” consideran al pueblo, según escribe Schumpeter, “lo mismo que un moderno terrateniente considera su ganado”. Pues en efecto, “el presupuesto es el esqueleto del Estado privado de todas las ideologías engañosas”. La discusión actual versa sobre los presupuestos, que lo son todo, debido a que “con el recibo de la contribución en la mano, el Estado penetró en las economías privadas y fue obteniendo un dominio creciente sobre ellas”. 

La única ley que debe respetar el gobernante si no quiere agotar a sus animales estabulados es la que nos recordaba el propio Schumpeter: “Existe un límite a la imposición sobre los beneficios del empresario, pasado el cual la presión fiscal no puede continuar sin dañar primero y destruir después el objeto de la imposición”. Todo vale mientras no se destruya al sujeto-objeto imponible: el honesto hombre medio, trabajador y padre de familia. 

El problema es que nuestros gobernantes no sólo son profundamente socialdemócratas, sino que además son malos. No sólo nos tratan como a animales estabulados, sino que además nos matan de hambre, haciendo buena la predicción del economista austriaco, que en 1918 dijo: “Si el socialismo se convirtiera en una realidad mediante la conquista de la economía por el poder del Estado, el Estado se anularía a sí mismo por su propia expansión”.

Publicado en www.elsemanaldigital.com

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