En defensa propia
La propuesta de una moratoria del aborto y la sentencia de la Justicia andaluza sobre el derecho a objetar contra Educación para la Ciudadanía son síntomas de que la sociedad española no está del todo podrida.
El lunes pasado se presentó
Las adhesiones, ya en varios países, son de gentes creyentes y no creyentes, ricas y pobres, famosas y anónimas. Se trata de una iniciativa nacida verdaderamente de abajo arriba, genuinamente democrática, sin un céntimo de subvención de nadie, fruto de una conciencia viva sobre nuestra cultura, nuestra dignidad colectiva y también sobre una noción auténtica de progreso humano, basado en la verdad de las cosas, a la que repugna toda forma de mentira, superchería o mistificación.
Al día siguiente, martes, se conoció la sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía que declara el derecho que asiste a las familias para plantear objeción de conciencia contra la asignatura torpemente llamada Educación para la Ciudadanía, que Rodríguez Zapatero y sus correligionarios socialistas pretenden imponer como obligatoria, y cuyo programa parte de la base de considerar que el sexo de las personas es un accidente biológico sobre el que se ha construido una estructura cultural y social que atribuye a los varones la condición de padres y a las mujeres la de madres, pero que puede y debe ponerse en cuestión, porque cada individuo debe poder escoger sus preferencias sexuales y sus correspondientes consecuencias sociales.
He aquí dos ejemplos, de estos mismos días, que ilustran cómo
En la campaña electoral, estas cuestiones tan básicas, que el Gobierno de Rodríguez ha puesto patas arriba, apenas han sido materia de discusión. En los dos debates entre Rajoy y Rodríguez se han evitado escrupulosamente de mutuo acuerdo, porque Rodríguez ya ha entrado a saco desde el poder y le conviene mantener desprevenida a una sociedad como la española, empapada de cristianismo hasta en los dichos populares, y Rajoy huye como de la peste de toda ocasión que pueda dar pie a sus adversarios para identificarlo demagógicamente con la Iglesia. Pero esta agresión que el Gobierno de Rodríguez Zapatero viene perpetrando sistemática y conscientemente contra los valores y principios que han configurado a Occidente no es sólo un asunto religioso. Nos va en todo esto nuestra propia supervivencia como sociedades libres.
Muchas veces me he encontrado con personas, no necesariamente creyentes siquiera, que me han manifestado su convicción de que otros cuatro años de zapaterismo insensato pueden producir resultados irreversibles de descomposición social en este país. Creo que tienen razón, y creo, además, que éste es probablemente el principal motivo para desalojar al actual partido gobernante del poder, por más que el otro candidato se obstine en hablar de cómo suben los precios, cómo hay que incorporar a los inmigrantes o cómo hay que aprender inglés. Todo muy interesante, pero lo otro es una cuestión de pura defensa propia.
Publicado en La Gaceta de los Negocios

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