"Existe un amor a la patria que tiene su fuente principal en ese sentimiento irreflexivo, desinteresado e indefinible que ata el corazón del hombre al lugar de su nacimiento."
Alexis de Tocqueville

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La libertad municipal

Publicado por Armando Zerolo Durán el 3 de Abril de 2008 en Política y Sociedad.
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Una de las claves para entender el pensamiento político contemporáneo es el error metafísico de separar lo universal de lo particular. Por no haber entendido que lo más grande se encuentra en lo más pequeño el pensador político se debate en una dualidad irresoluble: ¿qué es más importante, el individuo o la sociedad, la región o el país?

La cuestión es de la mayor importancia y resolverla en la práctica ha de ser el gran reto de nuestra clase dirigente. En ella se encuentra la raíz de los nacionalismos y, por encima de ellos, la pérdida de la libertad política. 

El problema siempre ha sido planteado por el pensamiento conservador y es una de sus constantes. Antonio Maura inició el debate a principios del siglo XX pensando que había que recuperar las libertades municipales que a lo largo de dos siglos de centralismo afrancesado se habían ido perdiendo. El político mallorquín se quejaba de que “el municipio de hoy tiene alojado al Estado en la casa, de tal modo que ha tenido que ausentarse él de la vivienda;” y decía que el municipio “es el servidor de todos los menesteres de la Administración pública, y la víctima y el punto de apoyo de todas las acciones políticas o que en nombre de la política encauzan y contraponen las pasiones y las sordideces de los bandos y sus caciques.” En efecto, la intervención del Estado y el amor por la uniformidad han convertido a España en un erial político, en el que las calles lucen y los parques públicos reverdecen al tiempo que las almas de los españoles se marchitan por haber perdido su libertad. 

De otro modo, y desde un punto de vista diferente, Ortega denunció que con la Administración y el centralismo “el pueblo se convierte en carne y pasta que alimenta el mero artefacto y máquina que es el Estado. El esqueleto se come la carne en torno a él. El andamio se hace propietario e inquilino de la casa”. Ambos pensadores españoles, Ortega y Maura, coincidieron en el diagnóstico: una España sin españoles, una patria sin patriotas o, lo que es lo mismo, un mundo deshumanizado. 

Coincidir en el diagnóstico es ya mucho, más aun en los tiempos presentes, pero no ha de bastar al buen estadista, cuya misión es la acción concreta. Una correcta orientación sobre qué hacer nos la ofreció Tocqueville cuando sentenció que “es en el municipio donde reside la fuerza de los pueblos libres” y que “fuera de la acción municipal y nacional, puede decirse que no existen más que fuerzas individuales”. 

Antonio Maura era un hombre prudente en lo intelectual y en lo práctico, y junto al diagnóstico de un pueblo que sucumbía a la tiranía, acompañó la única solución que a lo largo de la historia ha demostrado ser respetuosa con la libertad política: la libertad municipal.

Publicado en www.elsemanaldigital.com

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