Los orígenes comunistas de Hillary y Obama
Mientras que en el Partido Republicano se afianza la nominación del senador John McCain, en el Partido Demócrata sigue sin definirse todavía quién se hará con la nominación. Sea como fuere, consideramos que ha llegado el momento de arrojar luz sobre un aspecto de la vida de los candidatos demócratas silenciado por los medios de comunicación (cuando menos) españoles: la relación de ambos con el comunista revolucionario Saul Alinsky.
Saul David Alinsky nació en Chicago en 1909. De temperamento rebelde, militó en el Partido Comunista durante muchos años, sirviendo también como fundraiser para las Brigadas Internacionales durante nuestra guerra civil. Pronto, sin embargo, se dio cuenta que la revolución comunista en los Estados Unidos no tenía la más mínima posibilidad de éxito. Comenzó entonces a teorizar una “revolución populista” que, cabalgando el eslógan “el poder para el pueblo”, suscitara una miríada de pequeñas revoluciones a nivel local, con el traslado del poder de las instituciones a las Peoples’ Organizations fundadas por él. Estas organizaciones pondrían en práctica la democracia directa y la autogestión comunitaria, alcanzando de esta manera el objetivo anhelado por Marx y Engels. La masa crítica de todas la pequeñas revoluciones locales conduciría a la revolución nacional.
Sus ideas están plasmadas, fundamentalmente, en dos libros: Reveille for Radicals (1946) y Rules for Radicals (1971), dedicado a “Satanás, el primer revolucionario de la historia”. Contamos también con una larga entrevista para Playboy (abril de 1972), en la cual desarrolla su doctrina.
Para actuar su revolución, Alinsky fundó en 1940 la Industrial Areas Foundation (IAF), donde son adiestradas las sucesivas reclutas de community organizers, que luego se dedican a constituir peoples’ organizations y a provocar conflictos. Para “enfadar al pueblo”, y llevarlo a la lucha, Alinsky utilizaba métodos de concienciación muy parecidos a los desarrollados por el pedagogo comunista brasileño Paulo Freire y ampliamente utilizados por las “comunidades eclesiales de base” inspiradas por la teología de la liberación. Esta afinidad, ya sea en los fines que en los métodos, entre las peoples’ organizations y las comunidades eclesiales de base llevó a Alinsky a entender la importancia de una alianza estratégica con la izquierda religiosa, hasta hoy espina dorsal de su red subversiva. Alinsky falleció fulminantemente en 1972.
Tras haber alcanzado la presidencia de los Jóvenes Republicanos en el Wellesley College, Hillary Rodham Clinton comenzó a escorarse a la izquierda, hasta convertirse en una afamada activista del campus. Deseando aprender nuevas tácticas, en 1968 marchó a Chicago para encontrase con Alinsky. Tras tres horas de conversación, el viejo revolucionario le dirigió una oferta de trabajo como community organizer. A pesar de compartir los objetivos, Hillary la rechazó porque “creía que el sistema podía cambiar desde dentro». Su actitud era asimismo más intelectual y elitista.
Deslumbrada de todos modos por el personaje, la joven activista hizo su tesis de doctorado sobre «Un análisis del modelo Alinsky». Aun criticando algunos aspectos, Hillary asimiló como propia la esctructura portante del pensamiento de Alinsky respecto a la solución de los problemas sociales. En los años sucesivos, colaboró varias veces con el IAF. En dos ocasiones hizo incluso de testimonial para la Washington Interfaith Network, afiliada a la IAF. En 1993 Hillary declaró al Washington Post: «Yo pienso que, fundamentalmente, Alinsky tenía razón» en lo que afecta a los problemas sociales. Las exigencias de su imagen política, sin embargo, especialmente durante la presidencia del marido, la obligaron a tomar las distancias. La Casa Blanca llegó a solicitar al Wellesley College de sellar la tesis de doctorado de la First Lady.
En 1985, la Industrial Areas Foundation hizo una oferta de trabajo a Barack Hussein Obama, entonces veintitrésañero, estudiante en la Columbia University. Se trataba de reclutarlo para organizar a los negros del South Side. A diferencia de Hillary diecisiete años antes, Obama aceptó con entusiamo, entre otras cosas porque estaba buscando desesperadamente trabajo.
Barack Obama siguió un curso de formación como community organizer, pasando luego a trabajar para el Developing Communities Project, vinculado al Calumet Community Religious Conference, ambos configurados por la IAF. Un instructor suyo, Gerald Kellmen, lo describía como «fuertemente idealista, un soñador». Otro instructor, Mike Kruglik, lo consideraba «un maestro de la agitación». Durante cuatro largos años, Obama se empleó para impulsar varias iniciativas populares entre los negros, contactando políticos, hombres de Iglesia y líderes sociales. El mismo Obama mira atrás con reconocimiento: «Los años como community organizer me dieron la mejor educación de mi vida».
Con el mismo rasero de Hillary, también él eligió entrar en política para cambiar el sistema desde dentro. Se va a Harvard para estudiar Jurisprudencia, volviendo luego a su ciudad como profesor de Derecho constitucional. Candidato en 1995 al Senado por Illinois, es elegido con una amplia mayoría popular. Los comentaristas concuerdan que su formación como community organizer es la clave de su éxito. En los debates dialécticos públicos con Hillary, según Kyle-Anne Shriver, «no sorprende que el jujitsu dialéctico de Obama, aprendido en su totalidad de Alinsky, consiga pulverizar una mujer que, tras haberse limitado a entrevistar Alinsky, pasó el resto de su vida trabajando para grandes empresas en lujosos palacios».
Tras estas revelaciones sobre el trasfondo ideológico (junto a las aparecidas en las últimas semanas sobre su «padre espiritual», el racista anti-blanco, social comunista, quintacolumnista del islam y odiador de América, de Occidente y de la Iglesia católica, el reverendo Jeremiah Wright), ¿puede sorprendernos que los progresistas que nos gobiernan lo miren con tanta simpatía?

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