Cristianos en la encrucijada. Los intelectuales cristianos en el período de entreguerras
No es ninguna novedad señalar que Europa está en crisis. No sólo por el escaso entusiasmo que suscita el proceso de construcción europea, sino ante todo por la falta de vitalidad de las sociedades europeas, que asisten entre la indiferencia y la impotencia a la pérdida de peso específico de nuestro continente en el concierto mundial.
Crisis de Europa perceptible también en la baja natalidad (síntoma evidente de miedo al futuro), en la incapacidad para afrontar los problemas derivados de los nuevos retos y amenazas de las sociedades occidentales (presión migratoria, terrorismo islamista, etc.)…
Se trata de una crisis que, antes que política o económica es cultural, y, en la medida en que la cultura implica un juicio sobre la realidad y su significado, es una crisis de raíz religiosa.
Por otro lado, no es una novedad. Ya después de
Precisamente porque la crisis contemporánea reproduce (en cierto modo, continúa) lo que estaba apuntado en el período de entreguerras, el Prof. Mariano Fazio (en la actualidad, Rector de
Los autores que estudia Fazio son Berdiaeff, Gilson, Mounier y Maritain, en el ámbito cultural francés, y Chesterton, Belloc, Dawson y Eliot, en el ámbito cultural anglosajón; y son, en su gran mayoría, conversos.
Todos coinciden en la afirmación del carácter público del cristianismo: si éste es real, necesariamente se expresa en la vida cotidiana de los fieles, por tanto también en su vida pública, y al cambiar la vida de los fieles, haciéndoles que vivan sirviendo a Dios y al prójimo, necesariamente tiene también consecuencias o repercusiones sociales. Asimismo, todos coinciden en que no es posible ya dar por supuesto que exista una mayoría cristiana en nuestras sociedades, por lo que la restauración necesariamente pasa por la vivencia heroica de las virtudes humanas y teologales, con la consecuencia de que la principal categoría de la política cristiana pase a ser el testimonio.
De ahí que las reflexiones de los autores citados sean plenamente vigentes, por lo que es de agradecer el intento del Prof. Fazio de sintetizar las aportaciones de estos ocho intelectuales, así como el hacer asequibles los planteamientos a los que no sean expertos en cuestiones de filosofía política.
Siendo un libro notable, no obstante a mi entender es posible sugerir un pequeño “pero”: si el objetivo del libro es ilustrar a los católicos de hoy para hacer frente a la crisis de nuestra cultura, creo que el esbozo de los autores citados debe incluir, también, un juicio crítico sobre las posturas de los mismos. En este sentido, se echa en falta un juicio más ponderado sobre Maritain (sorprende que no se mencione la polémica con el P. Menvielle, Leopoldo Eulogio Palacios o Charles de Konninck a propósito de la primacía del bien común, o el levantamiento de la condena pontificia a

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