Cómo Hollywood daña a Obama
En una campaña que parece una película de Hollywood, con tantas tramas secundarias y giros de guión, no sorprende que los principales astros del mundo del espectáculo se mueran por que se conozcan sus opiniones sobre las elecciones de 2008.
Y aunque escuchar el lisonjeo y la delicuescencia de “Villa Espumillón” sobre Barack Obama es casi tan atractivo como ver cualquier película reciente de Night Shyamalan, los conservadores deberían dar la bienvenida a la creciente politización de Hollywood, porque cuando Hollywood habla, los conservadores ganan.
Tomemos los premios Emmy del pasado domingo, durante los cuales Kirk Ellis aceptó un premio por escribir la miniserie “John Adams”, y proclamó que su trabajo le dio “esta fantástica oportunidad de hablar de un periodo de nuestra historia en que hombres locuaces articulaban pensamientos complejos en frases completas”. (Aunque cualquiera que haya visto hablar a Obama sin teleprompter puede disentir, el golpe iba claramente dirigido al presidente Bush).
También tenemos el Saturday Night Live del último fin de semana, que abría con una parodia burlesca de John McCain. Nada nuevo, pero la sátira había sido creada por Al Franken, alumno del SNL y candidato al Senado por Minesota. Parece como si ni a SNL ni a Franken, un demócrata que ha recaudado más dinero en Hollywood que en Minesota, se les haya ocurrido que un candidato al senado estadounidense que escribe comedias burlándose del candidato presidencial del otro partido podría aumentar la percepción de que la industria del entretenimiento apoya a los demócratas.
Tampoco Whoopi Goldberg cayó en la cuenta de que sus comentarios en The View sobre una vuelta a la esclavitud si John McCain se convertía en presidente podían desagradar a muchos espectadores.
Nada ha agitado tanto Hollywood como la emergencia de Sarah Palin. Tiene todo el atractivo de una estrella de Hollywood pero con valores muy antihollywoodianos. No sólo enfurece a Hollywood porque tiene estilo y sustancia, sino por el tipo de sustancia que tiene. Es madre de cinco hijos, lleva pistola y puede descuartizar a un alce con un bebé en su regazo, todo mientras cabrea a la red de viejos chicos buenos de la maquinaria política de Alaska. Es una feminista por la vida, una ex-reina de la belleza que abraza su feminidad en lugar de rechazarla. Las mujeres acuden a Palin en masa porque la miran y pueden decir: “Yo soy Sarah Palin“.
Durante los premios MTV de Video y Música, el comediante británico y presentador Russell Brand se metió con la familia de Palin, ofreciendo su propia burla asquerosa del embarazo de Bristol Palin antes de decir de su novio: “Es el viejo mensaje de sexo seguro: usa condón o hazte republicano”.
Brand, que al parecer es conocido en el Reino Unido pero no en los EEUU, también se burló repetidamente de las jóvenes estrellas cristianas del pop, los Jonas Brothers, que llevan anillos de pureza como señal de castidad. Brand empezó la velada suplicando: “Por favor, América, elige a Barack Obama. En nombre del mundo”. Después llamó al presidente Bush “ese vaquero retrasado”.
La actuación de Brand condensó la esencia de la popularidad de Obama tanto en Hollywood como en Europa. El famoseo de Hollywood y las élites europeas miran a Obama y ven a uno de los suyos: un socialista cuyas politicas están basadas en el relativismo cultural y la petulancia anti-estadounidense.
De hecho, Barack Obama es exactamente como una peli cara de Hollywood. Como mucho de lo que produce Hollywood, Obama es bueno para la vista y suena bien al oído (siempre y cuando no escuches demasiado cerca). Deslumbra con su estilo y salero. Pero igual que el típico taquillazo de “Villa Espumillón”, Obama no es más que un dibujo animado: el máximo triunfo del estilo sobre la sustancia. En la estela de sus extemporáneas planchas, Obama decidió hace poco usar el teleprompter en su gira, otro signo de hasta qué punto su campaña ha sido “guionizada”.
Así como es cada vez más difícil salir de una película de Hollywood y recordar de qué iba 20 minutos después, los discursos de Obama están llenos de paparruchas vacías y locuciones sin sentido. Sus portavoces quedan con frecuencia descolocados cuando los periodistas les piden que digan algún logro de su candidato, o que expliquen una propuesta política que respalde su pomposa retórica sobre esperanza y cambio.
No es de extrañar que Obama lo haga tan bien entre el público objetivo de la industria del cine, la gente por debajo de 30 años. Y no es de extrañar que los anuncios de TV que comparan a Obama con Paris Hilton y Brittany Spears hayan funcionado tan bien, ni que hayan sido denunciados con tanta vehemencia por la Izquierda: se acercan demasiado a la realidad. Como Spears y (especialmente) Hilton, Obama es famoso sobre todo por ser famoso.
Al público le gusta la política y el entretenimiento. Sin embargo, pocas veces quiere que se mezclen. Una encuesta del Centro de Investigación Pew en 2007 demostró que los votantes eran mucho menos proclives a apoyar a un candidato recomendado por famosos. Por ejemplo, una recomendación de Jay Leno hizo que sólo un 6% de encuestados dijera que era “más proclive a votar” a un candidato, mientras el 16% dijo que eso le hacía “menos proclive a votar” al candidato, y el 76% dijo que le era igual. Porcentajes similares se vieron con todos los famosos mencionados en la encuesta, incluyendo a Angelina Jolie, Kanye West y Jon Stewart.
Después de que Oprah recomendara a Obama y volara por todo el país para aparecer junto a él en mítines, cayó la audiencia de su programa y cayeron los lectores de su revista. Oprah es ante todo una mujer de negocios, y dejó rápidamente de aparecer en los mítines de Obama y de alabarle en su programa.
Uno puede pensar que Obama debía haberse dado cuenta de que la infatuación de Hollywood no le granjea precisamente los votantes que más necesita: los habitantes del medio oeste de renta media, que instintivamente huyen de los valores de Hollywood. Pero Obama no se cansa del cariño ni del dinero de Hollywood. Recientemente asistió a una multimillonaria recaudación de fondos patrocinada por Barbra Streisand.
Pero podría ser demasiado tarde, porque cuando se trata de política, Hollywood no puede cerrar el pico. Y el día de las elecciones, los conservadores tal vez concluyamos que Hollywood no ha hecho tanto bien a nuestra causa desde que nos diera a Ronald Reagan.

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