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Lo que está en crisis es el intervencionismo que nos lleva al desastre

Publicado por Enrique de Diego el 13 de Octubre de 2008 en Política y Sociedad.
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El intervencionismo muestra por enésima vez sus harapos. El intervencionista, el político siempre nos dice que lo arreglara todo, expoliándonos, para de inmediato añadir que el problema era mayor y es precisa más intervención.

 El Gobierno de Estados Unidos ha empezado a lanzar el mensaje de que quizás no sean suficientes los 700.000 millones de dólares aprobados en el plan de rescate Bush-Paulson. Algunas voces señalan que serían precisos dos billones.

El ministro de Economía de Luxemburgo afirma que a la operación de rescate de Fortis se ha destinado una tercera parte del Presupuesto oficial.

El primer ministro inglés ha indicado que no queda demasiado margen para intervenir más.

El intervencionismo muestra por enésima vez sus harapos. El intervencionista, el político siempre nos dice que lo arreglara todo, expoliándonos, para de inmediato añadir que el problema era mayor y es precisa más intervención.

El problema es de partida. Carece de la información necesaria para tomar las decisiones, porque la realidad cambia continuamente, y más aún desde el momento en que se interviene.

Lanzar, por ejemplo, el mensaje de que no se embargara o se procurará no embargar, rompiendo un principio básico de responsabilidad, clave en las sociedades abiertas, sólo puede disparar la morosidad.

Decir que el Gobierno de turno -y lo están haciendo todos, sin excepción- acudirá al rescate no dinamiza la economía, sino que termina por paralizarla, pues todos esperan a que sea el ejecutivo el que provea. Los agujeros negros, de esa manera, se agrandan, porque dejan de pagarse las hipotecas.

Indicar, por ejemplo, que no se dejará quebrar a ningún banco, no devuelve la confianza en el sistema financiero sino que, obviamente, la extiende.

Si en un cesto hay manzanas podridas, y no se informa de cuáles son, y además se indica que el Gobierno velará por ellas, será todo el cesto el que terminará pudriéndose.

Esas son derivadas de la implacable ley de la consecuencia involuntaria o de los efectos perversos, por la que las medidas gubernamentales cosechan, inevitablemente, las funestas consecuencias contrarias a las buenas intenciones del político intervencionista.

No vuelve la calma a los mercados, no retorna la confianza en el sistema financiero, no se reactivan los créditos ni se dinamiza la economía real, sino que se extienden la pandemia y el pánico.

En vez de localizar el problema se generaliza y adoptando los gobiernos el dudoso papel de avalistas y nacionalizando la banca de hecho, son los gobiernos los que llevan a los estados hacia la quiebra y a las sociedades hacia la miseria.

Desbocados los gobiernos hacia el abismo intervencionista sólo queda la reacción de la sociedad civil que he propuesto en ´El manifiesto de las clases medias´. Por convicción regeneradora y aún más, por instinto de supervivencia.

Otrosí: El festín mercantilista del Estado de bienestar con el pilla-pilla presupuestario toca a su fin. Para una comprensión cabal de la situación, mi libro: Crisis planetaria, la quiebra del Estado de bienestar.

Publicado en http://www.elsemanaldigital.com/

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