Millones al horno
Que me perdone el maestro Camba por haberle pedido prestado el título de uno de sus libros para esta humilde postal. Pero no se me ocurre otro mejor ante la exhibición de millones y de cinismo que hizo ayer nuestro presidente en el Congreso. He visto y oído en mi casi medio siglo de periodismo todo tipo de procacidades políticas. Ésta, las supera a todas.
El que negó durante meses la existencia de una crisis económica en España, acusa ahora a la oposición de negar la existencia de una crisis económica mundial. El que rechazó el apoyo de los demás partidos para afrontar los problemas que se nos venían encima, reclama ahora su apoyo para salvarnos del naufragio. El que tachaba de alarmistas a quienes advertían del descalabro que se avecinaba, advierte ahora de la gravedad de la situación. El que decía que el pesimismo no creaba puestos de trabajo, reconoce ahora que en España se destruye más empleo que en ningún otro país de nuestro entorno. En una palabra, el que decía digo, dice ahora Diego, hinchando pecho y a voz en grito, como si fuera él quien hubiese descubierto la crisis económica.
Tampoco debe extrañar. Es su táctica favorita: ponerse al frente de la manifestación cuando algo le sale mal. Ése que hoy busca etarras hasta debajo las piedras es el que no ha mucho negociaba con ellos, ofreciéndoles cosas que no se atreve a confesar, pero que los terroristas se han encargado de contarnos.
Pero esa es agua pasada. Lo malo es que su último plan económico -el penúltimo más bien, pues vendrán otros- no surtirá más efecto que los famosos 400 euros que nos devolvió. Los 8.000 millones de euros para «proyectos de ámbito local» desaparecerán como suele desaparecer el dinero en los ayuntamientos: en peonadas, chapuzas, obritas aquí y allá, favores a los amiguetes. Y cuando se acaben, estaremos en las mismas, sólo que peor, al estar más endeudados que antes. Ese no es dinero productivo, ese es dinero asistencial, dinero para ir tirando, dinero que no crea empleo sólido y duradero. Y es que Zapatero sigue con la idea de que le basta esperar a que escampe, para que la recuperación externa nos saque del bache que atravesamos. Lo malo es que vuelve a equivocarse. Esto no es un bache. Esto es un pozo, un agujero negro, que, como los del espacio, se traga cuanto cae en sus cercanías, sean 8.000 millones, sean 80.000 o incluso 800.000, nadie lo sabe, pues nadie conoce la profundidad del agujero.
A los mentirosos crónicos eso no les importa. Lo único que les importa es salir del apuro en que se encuentran con otra mentira más grande. Y cuando ya no les sirve, contar otra mentira aún mayor. Hasta que, para seguir en la astronomía, estallan por su propio peso con las supernovas, convirtiéndose en estrellas enanas. Es lo que nos espera a los españoles, tarde o temprano, más bien temprano. Pero la culpa no es sólo de Zapatero. Él se limita a hacer lo único que sabe, lo que viene haciendo desde que llegó al poder: engañarnos. Aunque a estas alturas le conocemos lo suficiente para que engañe sólo a los que quieren ser engañados.
Publicado en www.abc.es

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2 comentarios a “Millones al horno”
By DLM on Nov 30, 2008 | Responder
Y yo me pregunto..ante gobernantes de esta calaña, es suficiente que se les juzgue únicamente en las urnas? Si sus decisiones o no decisiones, es decir su gestión, es tan evidentemente injusta, inadecuada, electoralista y que lleva al País a una tragedia económica, no seria más justo hacerles pagar de otra forma? Mientras los gobernantes se vayan de rositas hagan lo que hagan, mal nos irá con esta democracia diseñada por y para los políticos de turno.
By MJ on Dic 4, 2008 | Responder
Muy buen artículo D. Jose maría , lo malo es que aquellos que no le votamos, que nunca caímos en sus mentiras, que lo vimos venir con la nariz de pinocho , a él y a toda su corte de truhanes, aquellos que no compartimos ni un mm de las decisiones que toma, aquellos que somos gente trabajadora, gente de bien,lo malo como digo es que este loco nos arrastra sin remedio a un profundísimo pozo, con el apoyo de un montón de , no me atrevo a llamarlos españoles, puesto que odian la idea de España, los llamaré malnacidos. España está gravemente enferma y no veo ningún médico capaz de curarla.