El final de los Masters of the Universe
“Hay gente que roba una manzana de vez en cuando, hay otros que tienen una ligera inclinación criminal y luego están los banqueros de inversiones”. He recordado estas palabras del excanciller alemán Helmut Schmidt al seguir durante las últimas semanas las noticias relativas a la crisis financiera.
La gente de a pie se siente desconcertada, como si se encontrara ante un gigantesco agujero negro capaz de tragarse todo: bancos, fondos de inversión, cotizaciones bursátiles, empresas grandes y pequeñas. Lo grave es que esa especie de parálisis parece atenazar también a gran parte de los gobiernos, que no dan con la receta para impulsar la deseable recuperación económica. Los anuncios de los más suculentos paquetes de ayuda apenas frenan por un momento la caída de las bolsas.
Conforme van saliendo a la luz los entresijos de la crisis, crece la indignación entre la ciudadanía, perpleja ante la aterradora mezcla de codicia e incompetencia que han mostrado los más reputados actores económicos y políticos. Pero curiosamente, las víctimas de esas arriesgadas operaciones especulativas no se manifiestan para protestar ante las sedes de las entidades financieras. A muchas de ellas, que han perdido en pocos días los ahorros de años, la indignación les sale por todos los poros de la piel, pero esa frustración se queda por el momento en meros desahogos verbales. ¿Cómo se explica esta sorprendente pasividad? Los sufridos ahorradores, que pusieron dinero y esperanzas en tan prometedores e innovadores productos financieros, sabían que en el fondo algo no estaba del todo bien. Si las economías occidentales apenas han conseguido crecer un 3% en los últimos años, ¿cómo prestar crédito a las promesas de beneficios tan fabulosos? Algo no cuadraba en esas cuentas de la lechera. Como en el relato de los hermanos Grimm, alguien parecía haber encontrado el método milagroso para convertir la paja en oro: los Masters of the Universe, tal como se los denomina en la jerga de Wall Street o de la City londinense, prodigiosos magos de la ingeniería financiera capaces de hacer realidad los sueños más ambiciosos. Sus visiones cosechaban el aplauso general -y la recompensa particular en forma de millonarias bonificaciones-. La gente no se daba cuenta de que ese programa de enriquecimiento rápido resultaba inseparable del empobrecimiento de los pequeños inversores: los expertos estiman que la economía real, productora de bienes, representaba tan solo el 5% del flujo financiero global. El restante 95% correspondía a la especulación parasitaria.
En esa ingeniería financiera se expresaban algunos de los rasgos más característicos de la modernidad occidental: la ilusión de la factibilidad de los proyectos más ambiciosos; la arrogancia del técnico que cree controlar perfectamente todos los procesos; la deificación del mercado, que supuestamente reemplaza a la providencia divina en la tarea de repartir prosperidad para todos; el espejismo del triunfo o del enriquecimiento rápidos y sin esfuerzo, correlato del progreso necesario e ilimitado en el que se encontraría inmersa la humanidad. Se impone una cura de realismo y humildad. Cuando se le reconocía que era un buen gestor, pero a la vez se le echaba en cara que le faltaba una visión, el canciller Schmidt solía responder que la gente con visiones estaba más bien en el psiquiátrico.
Están por ver el desenlace de la crisis y nuestra capacidad para aprender de los errores del pasado y rectificar el modo de gestionar la economía. Algo habremos ganado si una de sus consecuencias irreversibles fuera la extinción como especie de culto de los Masters of the Universe, aunque me temo que la avaricia está demasiado profundamente arraigada en el corazón del hombre. Los codiciosos incautos seguirán siendo presa fácil del timador de la estampita o del Master of the Universe de turno.

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2 comentarios a “El final de los Masters of the Universe”
By Joaquín J. on Dic 25, 2008 | Responder
Excelente artículo. Pero creo que no aprenderemos nada. Al menos en España. La incapacidad y estupidez o maldad de nuestra clase política impedirá cualquier reacción sensata.
Un viejo dicho castellano lo resume muy bien:” Ningún rio crece con agua clara”
By Angel Oteros on Dic 26, 2008 | Responder
Y la economía de los que tiramos del carro cada día que pasa más desgarbada en aras de la codicia y la avaricia de los Marter of the Universe de turno.
Como siempre los que más sufren son los que realmente más padecen.
Mientras estamos gobernados por la casta parasitaria de un estado ineficaz y derrochador.
¿Hacía dónde vamos?
Saludos y Feliz nacimiento del niño d-s que todos llevamos dentro como llama eterna que alumbra el oscuro camino para llegar a la autorealización.