El quinteto de Bruselas
Celestino Corbacho, ministro de Trabajo cuando más cunde el paro, tiene la formación de un cajista de imprenta. A diferencia con su colega y fundador del PSOE, Pablo Iglesias, Corbacho no parece haber leído los textos que ha compuesto.
Lo funcionarial, con devengo de trienios y todo, ha creado una casta nueva en lo que respecta a la defensa, estatal y sindical, de los intereses de los trabajadores. Lo burocrático se ha impuesto sobre lo político y ha conseguido anular el más mínimo germen revolucionario de negación, u oposición, al sistema.
José Luis Rodríguez Zapatero, con Corbacho de edecán, llegó ayer a Bruselas para participar en la Cumbre Social que, a manera de aperitivo, prologa el Consejo Europeo que hoy reunirá a los veintisiete mandamases de la Unión. Este tipo de asambleas no tiene probada su eficacia, especialmente desde que Europa decidió alejarse de los acuerdos de Lisboa y poner en veremos los de Maastricht; pero cumplen una hermosa función litúrgica y ceremonial. Los reunidos no creen en el demonio, pero lo exorcizan y eso suele generar un efecto balsámico entre los parados del Continente.
Al tándem Zapatero-Corbacho se unieron, para completar la delegación española en la Cumbre Social, José María Lacasa (CEOE), Ignacio Fernández Toxo (CCOO) y Cándido Méndez (UGT). Se supone que con ellos quedan representados los empleadores y empleados de todos los sectores económicos españoles; pero la realidad es que los citados integran un quinteto que, por su dedicación funcionarial con cargo al Presupuesto, tiene poco que ver con la realidad empresarial y trabajadora de la Nación. Las superestructuras, bendecidas por ceremonias electivas, le han ido quitando fuerza y nervio a unos proletarios que ya no tienen prole y a unos señoritos que renunciaron al señorío.
Este singular quinteto, al menos mayoritariamente, es partidario de hacer tortillas sin romper los huevos. Quieren enfrentarse a la crisis -a las crisis, que son más de una- sin recortes sociales que rebajen el gasto del Estado de bienestar y con lo que eufemísticamente llaman «políticas coordinadas contra el desempleo», algo que suena muy bien y no se sabe en qué consiste. Como tampoco creen en la eficacia de ofrecerle perejil a San Pancracio, no cabe esperanza alguna de que su viaje a Bruselas sirva para mucho. Desgraciadamente, los cinco llevan billete de vuelta.
Publicado en www.abc.es

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