"Ningún grupo puede actuar con eficacia si falta el concierto, ningún grupo puede actuar en concierto si falta la confianza, ningún grupo puede actuar con confianza sino se halla ligado por opiniones comunes, afectos comunes e interes comunes."
Edmund Burke

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En el centenario de Simone Weil

Publicado por Jorge Soley Climent el 7 de Abril de 2009 en Cultura y Libros.
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Descubriendo los deberes de la mano de la gran e incomprendida pensadora francesa.

Es probable que el centenario del nacimiento de Simone Weil pase desapercibido para la mayoría de nuestros compatriotas, lo cual es una verdadera lástima, pues aunque fragmentario, su pensamiento es rico y penetrante como pocos. No voy a intentar aquí hacer una reseña biobliográfica de la pensadora judía francesa, para ello ya tenemos a wikipedia, sino que me limitaré a comentar algunas de las ideas que aparecen en una de sus obras, en mi opinión, más significativas: L’enracinement, que podríamos traducir como El arraigo.El subtítulo de esta obra es clarificador y provocador: preludio a una declaración de los deberes hacia el ser humano, una declaración que aún estamos esperando y que compensaría el desequilibrio que el énfasis en los derechos ha provocado. De hecho, nos hace ver Weil, no hay derecho sin obligación, pues “un derecho no es eficaz por sí mismo, sino sólo por la obligación a la cual corresponde”. En consecuencia, no tiene sentido hablar por un lado de derechos y por otro lado de deberes, pues estos dos conceptos, si son verdaderos, no expresan más que puntos de vista. Y sigue Simone Weil: “un hombre, considerado en sí mismo, sólo tiene deberes, entre los que se encuentran deberes hacia sí mismo. Tiene derechos, por su parte, cuando es considerado desde el punto de vista de los otros, que reconocen obligaciones hacia él. Un hombre que estuviera solo en el universo no tendría ningún derecho, pero tendría obligaciones”. Como vemos, los derechos siempre aparecen ligados a ciertas condiciones, mientras que las obligaciones son incondicionadas, algo que los revolucionarios franceses, los hombres de 1789, nunca entendieron, como así lo reconocía la propia Simone Weil.

El libro está repleto de otras reflexiones de profundas implicaciones, como aquella que señala que  ”la obligación compromete a los seres humanos. No hay obligaciones para las colectividades como tales”. Pero vamos a detenernos brevemente en lo que Simone Weil califica como necesidades del alma, la primera de las cuales es, para esta pensadora, el orden, por ser éste el más cercano a su destino eterno. Entiende Weil el orden como ese tejido de relaciones sociales que hacen que nadie se vea obligado a violar obligaciones rigurosas para así poder ejecutar otras obligaciones. Magnífica definición de orden en la que se contempla la armonía que supone y se adivina la violencia que subyace en el desorden, en el que nos desgarramos entre dos obligaciones que nos aparecen como contrarias por culpa de esa ausencia de orden, condenándonos así a la transgresión y a una vida atormentada y rota. No hace falta añadir que ya Simone Weil se daba cuenta de que “hoy en día, existe un grado muy elevado de desorden y de incompatibilidad entre las obligaciones”. En este aspecto, poco ha cambiado desde la publicación de esta obra.

En cuanto a la libertad, otra de las necesidades del alma humana enunciadas por Weil, enuncia la posibilidad de elección, por una parte, y las reglas que la deben limitar, por otra. Esto se entiende si pensamos que el hábito, inculcado por la educación, de no comer cosas repulsivas o peligrosas, un hombre normal no lo vive como una limitación a su libertad en el ámbito de la alimentación. Sólo el niño, escribe Weil, siente la limitación. Claro que estas reglas deben de ser razonables y sencillas; “hace falta que sean lo bastante estables, lo bastante poco numerosas, lo bastante generales, para que nuestra inteligencia pueda asimilarlas de una vez”, algo que la bulimia reglamentista en la que vivimos hace virtualmente imposible.

El resto de las necesidades del alma que enuncia Simone Weil son para quienes la leemos hoy sorprendentes. La obediencia (pues “quien somete a las masas humanas por la coacción y la crueldad las priva a la vez de dos alimentos vitales, libertad y obediencia”), la responsabilidad, la igualdad (entendida como reconocimiento público de que a todo ser humano le es debido el mismo respeto, que no admite gradación), el castigo (pues el hombre, cuando actúa criminalmente, necesita el castigo y negárselo es degradarlo), la libertad de opinión, la seguridad, el riesgo, la propiedad privada, la propiedad colectiva y la verdad. A partir de estas necesidades, Simone Weil irá tejiendo un entramado de obligaciones que, cuando son negadas, condenan al hombre al desarraigo, enfermedad mortal letal que sufrimos, en mayor o menor medida, me atrevería a decir que todos nosotros.

No me extenderé más en lo que considero un libro a momentos brillante, aunque aquejado de ese mal que es común en Simone Weil: las mejores intuiciones, las brillantes penetraciones, junto a la inconsistencia que derivan de la falta de una base filosófica e histórica sólida. Ahora bien, lo que nadie puede negar es que, a un siglo de su nacimiento, Weil sigue provocando una reflexión profunda e inteligente de la que no vamos nada sobrados. Por cierto, a la luz de estos comentarios, habrán descubierto que Simone Weil es mucho más que la “santa anarquista” que el pobre cliché se empeña en presentarnos. Si se me permite una cierta provocación, quizás incluso se podría contemplar su inclusión en el canon conservador del siglo XX.

  1. 2 comentarios a “En el centenario de Simone Weil”

  2. By Gabriel Ginebra on Abr 16, 2009 | Responder

    Weil una figura interesantísima a potenciar, en este entorno en el que parece que sólo la jerarquía católica defiende los principios básicos de la moral natural y social. Weil es original, profunda, existencial como pocos. No encuentro pensadores en nuestro ámbito hispano que estén a su altura. Los destacados que haces Jorge sirven para incitar a su lectura: responsabilidad, obediencia… valores que se empiezan a intuir como necesarios pero para los que se carece totalmente de una antropología de base que los pueda sustentar.
    Recientemente se ha editado en catalán “Simone Weil: el silenci de Déu” por Josep Otón. Peguy, Weil, Bernanos… son tantos pensadores que oxigenan el estrecho debate intelectual-político de nuestro momento. Aunque no estoy tan de acuerdo que podamos etiquetarlos como pensamiento conservador. Puestos a posicionarlos en ese eje que les encasilla podrían situarse igual en el extremos opuesto.

    Enhorabuena una vez más, por la profundidad y solidez de tus análisis.

  3. By Lucrecio Morán on Abr 21, 2009 | Responder

    No me parece que Simone Weil haya sido una figura olvidada por nuestros compatriotas. Durante la Guerra Civil sirvió en la causa republica como cocinera, pero un lamentable accidente en la cocina (se abraso parte del cuerpo con aceite hirviendo), la obligó a regresarse a Francia. Desde muchos sectores de la izquiera española (Simon Weil era anarquista, y conocida como “La Virgen Roja”) , su figura no ha sido olvidada.
    Y a nivel europeo, el nobel polaco Czeslaw Milosz, siempre se encargó de recordarnos su imponente figura.

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