"La libertad abstracta al igual que otras simples abstracciones, no puede ser encontrada."
Edmund Burke

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El Samurai en su laberinto

Publicado por Martín Santiváñez el 13 de Abril de 2009 en American Review.
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Keiko Sofía, la congresista más votada del Parlamento peruano, también lidera las encuestas para las elecciones presidenciales de 2011. La imagen de un Fujimori perseguido por sus enemigos, abatido por una venganza calabresa y liquidado por una progresía que no le perdona su arrastre popular ha calado hondo entre sus seguidores.

Al embarcarse rumbo a Chile, presto a retornar al Perú, Alberto Kenya Fujimori Fujimori jamás imaginó que su periplo justiciero terminaría en una condena de 25 años a la sombra. Optimista por naturaleza, aunque pésimamente aconsejado, el ex Presidente intentó llegar a costas peruanas y dar un vuelco electoral que catapultase a sus huestes a posiciones de vanguardia. Por aquel entonces, no lo consiguió. El Samurái, por fin, quedaría solo ante el laberinto que su torpeza ayudó a construir.Hoy, sin embargo, la situación ha cambiado. Pese a que la mayor parte del Perú aplaude la condena a Fujimori, su autocracia excesiva y el cáncer de la corrupción, un sector nada desdeñable de los peruanos considera que el fujimorismo merece una segunda oportunidad. Esto, que a simple vista parece el verso suelto de un poema dadaísta, es pan de cada día en Perulandia, el país de nunca jamás. Si Alan García, tras cinco años intensamente apocalípticos y una gestión francamente nefasta, retornó para empotrarse en el sillón de Pizarro y gobernar con un sólido 42% de popularidad, todo, absolutamente todo, es posible.

Los peruanos no vamos a un mundial desde hace treinta años, pero somos los campeones globales en el arte supremo del olvido. O, tal vez, preferimos recordar sólo aquello que vale la pena, los momentos sublimes, la empatía y cuanto ha de ser bordado en el bronce eterno de la historia. Por eso, se equivocan los que piensan que con esta condena se extiende la partida de defunción del fujimorismo. Aunque la sentencia atribuye a Fujimori delitos de lesa humanidad, ya surgieron, raudos, los argumentos en pro y en contra de un posible indulto. Suceda lo que suceda, yerran los ilusos -no pocos, no pocos- que imaginan a Keiko Fujimori, hija del ex Presidente y virtual heredera de su patrimonio político, contemporizando con la deshonra familiar y dejando que su padre se pudra en algún panóptico marginal de la ciudad de los Reyes.

Keiko Sofía, la congresista más votada del Parlamento peruano, también lidera las encuestas para las elecciones presidenciales de 2011. La imagen de un Fujimori perseguido por sus enemigos, abatido por una venganza calabresa y liquidado por una progresía que no le perdona su arrastre popular ha calado hondo entre sus seguidores. Más de quince años después de la caída de Abimael Guzmán y del buró político de Sendero Luminoso, el mérito ya no recae en el ex Presidente y mucho menos en su álter ego, Vladimiro Montesinos, el Fouché de los Andes. La policía de investigaciones del Perú y su grupo especial -el GEIN- fueron, a todas luces, los actores fundamentales de una epopeya oculta, en su doble papel de sumos estrategas y tácticos de a pie.

Sin embargo, el rédito político lo sigue reclamando Fujimori. Y aunque su participación directa fue nula, sus gonfaloneros aseguran que todo esto no es más que una vil maniobra que pretende menoscabar al gran samurái que venció al terrorismo. He aquí uno de los dogmas de ese pueblo fujimorista que existe, se expande y se fortalece, amenazando con movilizaciones pacíficas en defensa de su caudillo. Como es obvio, el carisma es irracional. Y el de los Fujimori se hereda. No hace falta ser Casandra para vislumbrar un futuro en el que el fujimorismo asuma, nuevamente, de la mano de Keiko Sofía, un papel fundamental en la vida política de los peruanos. La sentencia, aunque no repercutirá inmediatamente en las encuestas, favorecerá el repunte de la heredera y la consolidación de un voto duro, invencible. ¡Cuánta razón tenía el barbudo de Tréveris al afirmar que la Historia se repite una vez como tragedia y otra como farsa!

Ahora bien, ¿quién apoya a los Fujimori? Por increíble que parezca, el fujimorismo goza de buena salud, no sólo en los sectores populares. También los empresarios recuerdan -otra vez la memoria selectiva- el dulce aroma de seguridad y libertad comercial que impregnó su gobierno. Temerosos ante un crecimiento sostenido del nacionalismo de Ollanta Humala, y dubitativos frente a una candidatura de consenso que aglutine al centro y a la derecha, empiezan a inclinarse por el mal menor. Así, por interés, se vuelve a levantar, paso a paso, el gran frente policlasista que llevó al poder a Fujimori en 1990 pese a los esfuerzos de Vargas Llosa y la tecnocracia liberal.

¿Es la hija la reserva moral del padre? Keiko Fujimori tiene un capital político innegable y, al menos hasta ahora, lo ha sabido utilizar. Si Ollanta Humala permanece paralizado por la larga sombra del chavismo, si Lourdes Flores se empantana en el lastre de sus asesores y si Castañeda, el alcalde, no articula un programa nacional, Keiko Fujimori puede ser la próxima presidenta del Perú. Aquellos ya han tropezado con sus respectivas piedras. La Fujimori, por el contrario, está por estrenar.

Martín Santiváñez Vivanco es Director del Center for Latin American Studies de la Fundación Maiestas (http://www.fundacionmaiestas.org/)

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