Welcome to Obamaland. I have seen your future and it does not work.
¿Cómo serán los Estados Unidos que dejará Obama cuando abandone la presidencia en unos años? James Delingpole ya lo sabe: más pobres, menos libres y menos influyentes. Lo mismo que le ha sucedido al Reino Unido tras más de dos lustros con el Labour a los mandos.
En 1997 Tony Blair accedió al poder en Inglaterra. Joven, sonriente, articulado, seguro de sí mismo, hablando un nuevo lenguaje (la “tercera vía”, ¿alguien la recuerda?) y sin historia ni pesadas mochilas que pudieran condicionarle. La prensa se rindió incondicionalmente ante él, convirtiendo el New Labour en una moda arrolladora que barría sin necesidad de discusión cualquier atisbo de oposición. Doce años más tarde el Reino Unido se arrastra en el G7, ingleses de nacimiento se vuelan por los aires en los autobuses londinenses mientras el arzobispo de Canterbury tontea con la sharia, millones de flemáticos ingleses lloriquean en la calle la muerte de una participante de un “reality”, la caza del zorro es ilegal, los desorbitados “school fees” de los estudiantes son legales pero imposibles de pagar, la vieja Cámara de los Lores se llena de amiguetes y burócratas, la orgullosa City se vacía y la pobre libra esterlina se desploma. “Cool Britannia”.
El periodista inglés James Delingpole lo vió venir, lo vivió y ahora se lo cuenta a los norteamericanos: “He visto el futuro. Vuestro futuro. Y lamento deciros que es una mierda”. Porque “vuestros impuestos van a subir, vuestra calidad de vida va a bajar y -quizás lo peor de todo- vuestras libertades van a verse mermadas”. Y es que según el autor, “los socialistas no creen en la libertad. Y socialismo es lo que tenéis ahora” en Estados Unidos.
La obra es un recorrido por los tópicos progres que con Obama, dice el autor, van a convertirse en verdades incuestionables a escala planetaria: que los progres se preocupan por los débiles, que el Gobierno conoce mejor lo que conviene a los ciudadanos, que más equidad requiere más impuestos, que la Tierra está en peligro y hay que salvarla a cualquier precio, que el esfuerzo es menos importante que la igualdad y que no vale la pena defender ninguna cultura ni civilización frente a otra porque todas son igualmente valiosas.
Delingpole tiene un peculiar sentido del humor, no se toma demasiado en serio ni a sí mismo y…le encanta el dinero. Tanto como para ser capaz de dedicar por completo una de sus críticas semanales de televisión en The Spectator a pedir un aumento de sueldo al editor. Tanto como para reconocer con desparpajo que con “Welcome to Obamaland” pretende hacerse rico vendiendo millones de ejemplares. Y tanto como para no reconocer a lo largo de su obra la importancia que la fe tiene para los conservadores norteamericanos.
Porque Delingpole es inglés y Gran Bretaña es un país post cristiano en el que la religión, diluída durante siglos en el acomodaticio anglicanismo, ya no desempeña casi ningún papel. Pero en Estados Unidos los “value voters” todavía deciden elecciones cuando se sienten genuinamente identificados con un candidato. Y posiciones radicales contra la santidad de la vida, la idea de familia y la libertad religiosa pueden movilizar a quienes el desastre económico ha dejado desconcertados y en sus casas.
Quizás la conclusión más sombría tras la lectura de “Welcome…” es que las políticas progres aplicadas durante demasiado tiempo pueden llegar a cambiar el alma de un país. Que se lo digan a España. Demasiado Obama durante demasiado tiempo puede suponer el fin de la idea americana, de su excepcionalismo, su ingenuidad, su confianza en el individuo y su optimismo ante el futuro. O no.
“Welcome to Obamaland. I have seen your future and it does not work”, James Delingpole, Regnery Publishing, Washington, 2009.

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