"To be conservative is to prefer the familiar to the unknown, to prefer the tried to the untried, fact to the mistery, the actual to the possible, the limited to the unbounden, the near to the distant, the sufficient to the superabundant, the convenient to the perfect, present laughter to utopian bliss."
Michael Oakeshott

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Doña Perfecta travestida

Publicado por Álvaro Delgado Gal el 23 de Mayo de 2009 en Política y Sociedad.
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La izquierda ha montado un chiringuito gemelo en la página de pasatiempos.

 Cualquier adolescente, sin receta, podrá comprar en la farmacia una píldora postcoital. La píldora no es un preventivo, sino un abortivo; y su ingestión entraña riesgos en absoluto pueriles desde el punto de vista médico. Desafía por tanto a la razón que se dispensen a la píldora más facilidades que a un antibiótico. Pero esta es sólo la parte moral del asunto. La otra es política. Lo normal es que las medidas muy contenciosas se adopten en un clima de consenso. Aquí, el Gobierno ha operado como de costumbre: no consensuando, sino desafiando. Y en una fecha clave. La medida se anunció poco antes de iniciarse el Debate sobre el Estado de la Nación, con tres propósitos clave: desviar la atención de la economía, hacer un guiño a los radicales, y encrespar a la derecha y hacerle perder pie a lo largo del debate.

 Todo esto es penoso. Peor, indigno, y confirma la decadencia profunda en que ha ingresado la vida pública española. Interpretar el gesto -otro más- como un mero acto de cinismo oportunista, resultaría, con todo, insuficiente, y por lo mismo, ingenuo. He visto ayer, en las portadas, a las dos ministras que hicieron de heraldo frente a los medios: Aído y Jiménez. Pertenecen a generaciones muy distintas. Jiménez es una señora madura, que se tiñe el pelo del rubio poco convincente de las españolas de su edad. Aído es una jovencilla, elevada a responsabilidades que no está preparada para asumir. Ni por edad, ni por formación, ni por mentalidad. Y sin embargo, tienen algo en común. ¿Qué?

La cursilería. Son dos ángeles de Charlie, dos pizpiretas de la factoría Zapatero. Y dos dogmáticas. La sonrisa automática, ese denuedo risueño, ese aplomo, se instalan en una larga tradición nacional, no ajena a la tradición eclesial: la fuerza por la alegría. Existe cierto tipo de cristiano que sabe dónde está la verdad. Y sonríe, como frente a una larga epifanía, una epifanía que se ve o no se ve. El que la ve, sonríe también. El que no la ve, es un enemigo.

 Tiempo habrá de preguntarse qué rara fiebre ha acometido a esta España que ha vuelto a no estar a la altura. Mi diagnóstico provisional es que la izquierda, de raíces en el fondo muy superficiales, ha colgado un fideísmo secular de perchas improvisadas, producto del bricolaje apresurado en que tuvo que emplearse tras su implosión ideológica. La Iglesia, al menos, dispone de una enorme experiencia, un bagaje que opera como un piloto automático. La izquierda ha montado un chiringuito gemelo en la página de pasatiempos. Doña Perfecta se ha vestido de Carnaval, de repente y sin haber dedicado un segundo a examinar el por qué de la nueva indumentaria. Sí, tenemos mucho en que pensar.

Publicado en www.gaceta.es

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