"El poder del hombre para hacer de sí mismo lo que le plazca significa el poder de algunos hombres para hacer de otros lo que les place."
C.S. Lewis

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El escándalo Obama en Notre Dame

Publicado por Jorge Soley Climent el 25 de Mayo de 2009 en American Review.
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El reciente doctorado honorífico que la Universidad de Notre Dame, en South Bend, Indiana, ha concedido al presidente Barack Obama se ha convertido en el acto más polémico de la hasta ahora breve presidencia.

 El hecho de que el presidente sea un reconocido abortista, con una consistente trayectoria de voto pro aborto, y que una de sus primeras medidas haya sido la de autorizar la financiación con fondos públicos de iniciativas abortistas en todo el mundo, hace especialmente chocante que la Universidad de Notre Dame le haya concedido tamaño honor. Hay que recordar que Notre Dame es una de las más antiguas universidades católicas del país (fue fundada en 1842 y sólo Georgetown es más antigua) y es puntera en prestigio, influencia y dimensión.

Invitación y reacción

La invitación cursada a Obama por el Padre Jenkins, presidente de Notre Dame, pretendía capitalizar a favor de su universidad la popularidad de Obama, al tiempo que constituía el broche a la luna de miel que han vivido Obama y los grupos católicos progresistas, encantados con el discurso del demócrata y su énfasis en la reducción de la desigualdad, el desarrollo de un estado asistencial y la apuesta por el diálogo en política internacional (no entramos a juzgar aquí el acierto o la viabilidad de tales propuestas, ni la contradicción entre el discurso y la realidad que ya se está percibiendo en múltiples campos).

El problema, como ya hemos señalado, estribaba en la conocida posición abortista de Obama y en la instrucción de la Conferencia Episcopal de los Estados Unidos en el sentido de que los centros educativos católicos no debían conceder honores a personajes que públicamente hubieren apoyado el aborto para evitar crear confusión en una cuestión de tanta gravedad. La invitación del padre Jenkins constituía, pues, un acto de abierta rebeldía contra la Conferencia Episcopal y sus excusas posteriores no hicieron más que agravar la situación: atrapado por la dificultad de retirarle la invitación al presidente, empezó a querer interpretar y retorcer una instrucción que difícilmente podría ser más clara (llegó a afirmar que la prohibición sólo era aplicable a aquellos católicos que defendieran el aborto, pero no a un no católico como Barack Obama).

La reacción no se hizo esperar, y la mecha se encendió a través de la Sociedad Cardenal Newman, que empezó a recoger firmas en contra de la invitación al presidente Obama, en lo que se convirtió pronto en una avalancha de cientos de miles de protestas. Después, uno tras otro, múltiples obispos, hasta un total de 83 cuando escribimos estas líneas, han ido haciendo pública su postura contraria a la decisión de Notre Dame. Entre ellas, a destacar la del arzobispo de Chicago y presidente de la Conferencia Episcopal, Francis George, y la del obispo del lugar, Fort Wayne-South Bend, John D’Arcy, quien por primera vez en la historia de la Universidad declinó asistir a la clausura y graduación de curso, mostrando de este modo de manera palpable la ruptura que se ha producido.

La renuncia de Mary Ann Glendon

Junto al presidente Obama, el Padre Jenkins pretendía entregar en el mismo acto la Medalla de Honor a Mary Ann Glendon, profesora de Derecho en la Universidad de Harvard, miembro de la Pontificia Academia de Ciencias Sociales, ex embajadora de Estados Unidos ante la Santa Sede y presidenta de la delegación vaticana en la Conferencia de Pekín. Todo un peso pesado que, se suponía, iba a equilibrar una balanza demasiado sesgada a favor del aborto.

Pero lo que tampoco podía imaginar el presidente de Notre Dame es que, después de haber aceptado la distinción, Glendon iba a rechazarla con un comunicado público en el que se afirma que el honor concedido a Obama es “como usted debe saber, lo contrario de la petición explícita del 2004 de los obispos estadounidenses“, añadiendo a continuación que esta petición “me parece tan razonable que no alcanzo a comprender porqué una universidad católica debería ignorarla“. A continuación, sigue la carta de Glendon, “he escuchado argumentos difundidos desde Notre Dame en respuesta a las numerosas críticas por su decisión que dan a entender que mi discurso de aceptación habría equilibrado de algún modo el acto“. Negaba a continuación la posibilidad de entablar un debate serio en un breve discurso de aceptación y se negaba a ser cómplice de un acto cuyo fin es “honrar a un importante y coherente opositor a la posición de la Iglesia sobre temas que se refieren a principios fundamentales de justicia“. La claridad meridiana de las expresiones de Mary Ann Glendon levantó más revuelo si cabe en una situación que estaba alcanzando una elevadísima tensión y que había llegado a los principales periódicos y noticieros.

El discurso de Obama

En medio de este clima llegó el día de la visita de Obama a Notre Dame, quien tuvo que afrontar una numerosa oposición por parte de muchos alumnos que se manifestaron en el campus e incluso en el interior del recinto elegido para la graduación, con el resultado de más de veinte detenidos, entre ellos el anciano sacerdote Norman Weslin, incansable defensor de los no nacidos.

Obama realizó un discurso medido y sugestivo, muy en su línea, en el que quiso mostrarse conciliador pero sin renunciar a su postura abortista. Si bien admitió que las posturas son irreconciliables, abogó por la búsqueda de un terreno común (por ejemplo la lucha contra la pobreza, que se supone reduciría el número de abortos de forma indirecta, aunque se haga muy difícil inquirir acerca de esa relación de causalidad) y por tratar de no demonizar al adversario. Eso sí, mientras tanto, es irrenunciable seguir eliminando a millares de seres indefensos en el seno de sus madres y con la aprobación del Estado. Rememorando las quejas recibidas durante sus campañas por parte de militantes pro-vida, explicó cómo había llegado a la conclusión de que “no debía cambiar mi posición, pero di órdenes a mi equipo para que suavizaran el lenguaje en mi página web. Y recé esa noche para que todos presupusiéramos la buena fe en los otros“.

Otro de los grandes temas del discurso de Obama fueron las repetidas referencias al ya fallecido Cardenal Bernardin, exponente del progresismo católico postconciliar, y a otras figuras en la misma línea, en lo que muchos han criticado como una inadmisible intromisión del presidente de los Estados Unidos en los asuntos internos de la Iglesia.

Un balance final

Una vez pasada la visita de Obama a Notre Dame es momento de hacer balance y señalar algunos aspectos que se han puesto de relieve con este desafortunado avatar. Señalaremos los que en nuestra opinión son más relevantes:

  • A pesar de que en Notre Dame se pueden encontrar muy buenos profesores y cursos, a pesar de que la vida en el campus refleja aún la vitalidad católica de gran parte de la comunidad universitaria, la imagen de la Universidad como centro católico ha quedado seriamente dañada y la confianza en la Congregación de la Santa Cruz, titular de la Universidad, bajo mínimos.
  • Los últimos años han contemplado dos estrategias para revitalizar la educación superior católica en Estados Unidos: reformar las grandes universidades católicas o fundar nuevas universidades de tamaño más reducido. Mientras esta última estrategia está dando resultados, la primera parece menos exitosa, con Georgetown definitivamente perdida, la Catholic University of America en situación precaria y Notre Dame, la más prometedora de ellas, ahora descarrilando.
  • Uno de los efectos positivos producidos por este asunto ha sido la clarificación de posiciones: como escribía Bevil Branwell, se ha visualizado perfectamente la existencia de dos “catolicismos”: uno, el promovido por la dirección de Notre Dame y apoyado por Obama, es una especie de protestantismo “low-church”, que concibe la religión como lo que compartimos cuando estamos juntos; el otro es el catolicismo católico, fiel a las enseñanzas de la Iglesia y, en consecuencia, incómodo para la cultura dominante.
  • También podemos apuntar, en el lado positivo, la reacción masiva de tanta gente y la notoriedad que han alcanzado quienes defienden la vida humana, que se han convertido en centro de atención a lo largo de estos días. Quizás no sea casualidad que por primera vez desde que Gallup realiza estas encuestas, los contrarios al aborto superen a los favorables al aborto en Estados Unidos.
  • La firmeza de muchos obispos ha mostrado que los tiempos en que vivimos son muy diferentes del postconcilio. Baste como ejemplo el escrito del arzobispo de Denver, Chaputt: “No hay excusa - ninguna, excepto la vanidad intelectual - para que la universidad persista en su decisión. El Padre Jenkins ha empeorado una mala decisión inicial con unas explicaciones evasivas y deshonestas para justificarla. […] Las explicaciones del Padre Jenkins y el doctorado honorífico al Presidente Obama son el final de camino de un cuarto de siglo de difuminar el testimonio católico en la educación superior católica. Ambos han dado a la próxima generación de líderes católicos todas las excusas necesarias para bautizar sus conveniencias personales e ignorar lo que realmente exige ser católico en la vida pública“. Y acaba con estas palabras que son pura dinamita: “Tenemos el deber de oponernos a Obama cuando se muestra errado en temas fundamentales como el aborto, la investigación con células embrionarias y asuntos similares. Y también tenemos el deber de evitar que se prostituya nuestra identidad católica mediante llamadas a un falso diálogo que enmascara una renuncia de nuestro testimonio moral“.
  • La Iglesia católica tiene ahora entre manos una nueva “patata caliente”: como escribía el prestigioso Ralph MacInnerny, profesor en Notre Dame durante toda su vida y cercano ahora a la jubilación, “hace unos años el arzobispo Michael Miller, secretario de la Congregación para la Educación Católica, en una conferencia en Notre Dame explicó que el Papa estaba pensando en prohibir el uso del adjetivo “católico” para aquellas universidades cuyo comportamiento esté en contradicción con ese adjetivo. Invitando a Barack Obama como orador oficial para su acto más solemne de 2009, Notre Dame ha perdido el derecho a definirse como universidad católica. Se ha expuesto a una censura oficial. Esperemos que ésta llegue“.

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