Obama el principiante
El presidente norteamericano, Barack Hussein Obama (ahora que ya se puede decir su segundo nombre desde que él mismo lo vendiera en El Cairo la semana pasada), no sólo está todavía al principio de su carrera, sino que le ha cogido el gusto a eso de los principios. Y no me refiero a valores, sino a comenzar todo desde cero.
Primero fue la entrega a los rusos del botón con la inscripción “reiniciar” bien visible; luego fue el vídeo a los iraníes en el que expresaba su deseo de “una nueva relación”, y, finalmente, ha sido el lanzamiento de su “nuevo comienzo” con el mundo musulmán la pasada semana en El Cairo. Allí donde va Obama promete tabla rasa con el pasado y el principio de una nueva relación. Como deseo es loable, como política, impredecible. De hecho cabe preguntarse cuales han sido los efectos visibles de este permanente ejercicio de re-creación. Moscú no ha hecho más que seguir con su cuso de acción e intentar consolidar su esfera de influencia en lo que fue el espacio soviético. Si alguien tiene dudas, que le pregunten a los georgianos y ucranianos; los ayatolas iraníes tampoco han dado pruebas de volverse más dialogantes ni estar dispuestos a abandonar sus ambiciones nucleares; y aunque ahora estamos a la espera para ver cómo reaccionan los jeques árabes a su discurso al Islam, peor al menos ya sabemos cuál ha sido la reacción de Bin Laden, de los radicales y extremistas, como Hamas, Hizboláh y los Hermanos Musulmanes: siguen odiando a América. Y, desde luego, a Israel.
Donde sí está teniendo un nuevo comienzo Obama, aunque seguramente no el que el desearía, es con Corea del Norte. Lejos de estar de acuerdo con su visión de un mundo libre de armas nucleares, repetida la semana pasada, el régimen dictatorial de Kim Jong Il saca su pecho atómico y realiza un exitoso ensayo, continuación del de hace tres años, así como una auténtica salva de misiles de todo tipo y alcance.
Y es que en política una cosa son los deseos, otra las palabras con las que darle forma y sentido, y otra muy distinta la realidad de las cosas. En España lo sabemos bien porque el buenismo de Rodríguez Zapatero nos ha dejado en la cuneta estratégica, irrelevantes y marginales. Pero afortunadamente el daño que puede hacer el actual gobierno español es infinitamente más pequeño que el que puede infligir el presidente Obama a América y al resto del mundo, incluyéndonos a nosotros.
De momento alguien debería atreverse a decirle al presidente americano que tome algunas lecciones de Historia y que vaya despidiendo a su speech-writer (lo siento, pero ya no es políticamente correcto llamarle negro): ni la inquisición reprimió a los musulmanes durante la Reconquista ni, en otro orden de cosas, hay que ansiar el día en que las tres religiones convivan en Jerusalén, porque ese día llegó en 1967 cuando los soldados israelíes liberaron y unificaron la ciudad.
Publicado en Expansión.

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